Francia a seis meses de las Presidenciales

El 10 y 24 de abril de 2022 tendrán lugar en Francia la primera y segunda vuelta de las elecciones que determinarán quién será durante cinco años el Presidente de la primera potencia militar de la Europa occidental y de la segunda potencia económica de la UE.

En el país inventor de la Nación y de la Revolución en mayúsculas la lucha política, tanto en su dimensión electoral como intelectual, ocupa un espacio central en la discusión pública levantando pasiones inauditas en otras naciones europeas, especialmente cuando se trata de elegir al Presidente de la República. Ya lo decía Charles de Gaulle, Francia es una Monarquía republicana y los franceses buscan incesantemente a un hombre providencial que guíe al país en tiempos de crisis y mantenga su estatus de gran potencia.

Desgraciadamente, a pesar de los enormes poderes que tiene el Presidente en la Quinta República Francesa, los últimos Presidentes franceses, especialmente desde la partida de Jacques Chirac, no se han destacado precisamente como grandes estadistas, sino más bien como simples hombres de partido o representantes de intereses privados.

Francia, así lo creen la mayoría de franceses está en decadencia y ya no es una gran potencia.                                                                                                                                  Varios son los factores que influyen en esta percepción, pero los más relevantes son los siguientes: el problema de la inseguridad creciente en todos los grandes suburbios de Francia, las llamadas Banlieue; el terrorismo islamista; un largo y potente proceso de inmigración desde el Magreb y el África subsahariana que ha cambiado totalmente la fisonomía de zonas enteras de las principales ciudades del sur y norte de Francia; el estancamiento económico y un paro que no ha descendido del 8% desde hace más de una década; la división entre la Francia metropolitana y rural; y, finalmente, la pérdida de soberanía que la adopción del Tratado de Maastricht ha acarreado, especialmente en lo que a política económica y monetaria se refiere.

Por si todo lo mencionado anteriormente no fuera suficiente, la pandemia, la crisis económica provocada por ésta y las leyes restrictivas aplicadas por Macron para forzar la vacunación de los franceses, han terminado de echar combustible a una situación ya de por sí explosiva.

Hasta hace pocos meses el escenario electoral, a pesar de la tradicional fragmentación política gala, parecía ir enfocado a una repetición del escenario de 2017 con una segunda vuelta protagonizada por el socio-liberal Macron y la nacional-conservadora Marine Le Pen. Sin embargo, las últimas semanas parece cada vez más posible la presentación de la candidatura presidencial por parte del periodista, escritor y analista Éric Zemmour, conocido por su posición dura contra la inmigración, el feminismo y la pérdida de soberanía de Francia.

Zemmour, próximo a los sectores más gaullistas de la derecha tradicional francesa, Les Républicains (antigua UMP), podría provocar un auténtico terremoto político, pudiendo superar la candidatura de Marine Le Pen, destrozar las expectativas de los candidatos de centro-derecha, y pasar a la segunda vuelta. No obstante, también podría perjudicar al conjunto de los candidatos de la derecha y favorecer la llegada a la segunda vuelta de algún candidato de la fragmentada izquierda francesa.

En efecto, a seis meses de las presidenciales, aún quedan múltiples incógnitas. Para empezar, aún están por celebrar las primarias del centro-derecha y de los socialistas y los verdes están justo ahora terminando la campaña de sus primarias. Ello impide saber quién será el candidato definitivo de estos partidos.

Por otro lado, Macron aún no ha anunciado su intención de volver a presentarse y en el espacio de la izquierda soberanista aparece el carismático Arnaud Montebourg, ex ministro socialista, que, con un 4% de intención de voto y un programa industrializador y crítico con el euro y la inmigración, puede añadir confusión a unas elecciones que prometen emociones fuertes. Finalmente, con un porcentaje considerable  de en torno al 10% destaca de nuevo la figura del izquierdista Mélenchon, que en las anteriores elecciones estuvo a punto de pasar a la segunda vuelta con un programa marcadamente socialista, pero que ahora tiene que competir con el candidato del Partido Comunista Francés Fabien Roussel que, con un 3% de la intención de voto, divide y daña seriamente las posibilidades de Mélenchon de llegar a la segunda vuelta.

En el terreno de las declaraciones, destacan tanto las salidas de tono de la candidata en las primarias verdes Sandrine Rousseau, que dijo preferir a una bruja que lanzara hechizos a un hombre constructor de centrales nucleares, como el programa extraordinariamente radical de los ecologistas, que apuestan, a pesar de la crisis social y económica, por el decrecimiento, el cierre de todas las nucleares, el aumento masivo de los impuestos sobre las actividades productivas y la lucha contra “las violencias simbólicas” que, según la candidata, padecen las mujeres y los inmigrantes de origen no europeo.

En el otro lado del espectro, tanto Marine Le Pen como Éric Zemmour apuestan por fomentar la natalidad, salir del comando integrado de la OTAN, renegociar los tratados que regulan el funcionamiento de la UE, organizar un referéndum sobre la inmigración y endurecer la política migratoria. Éric Zemmour va más allá y propone el concepto de reemigración, que consistiría en ofrecer la oportunidad a los islamistas franceses y a sus simpatizantes de volver a sus países de origen.

En política económica, Marine Le Pen coincide con el candidato izquierdista Montebourg y apuesta por una fuerte reindustrialización del país con la ayuda del Estado. Le Pen propone, además, nacionalizar la red de autopistas y privatizar la televisión pública para ahorrar a los franceses la contribución obligatoria que financia un servicio público cada vez más politizado y hostil a la oposición nacional-conservadora.

En el universo del centro-derecha destacan las propuestas del candidato a las primarias de los republicanos y ex negociador de la Comisión europea con el Reino Unido durante el Brexit, Michel Barnier, que también reclama una reforma de los tratados de la UE con el fin de endurecer la política migratoria y recuperar parcelas de soberanía para Francia. El resto de candidatos del centro-derecha, Xavier Bertrand y Valérie Pécresse, se limitan a exigir más reformas de carácter liberalizador a Macron, a criticar la inseguridad sin proponer medidas concretas y a exigir más control de la inmigración.

Por su parte, Macron, que con un 26% de la intención de voto es el favorito para ganar la primera y segunda vuelta, propone profundizar en su programa de reformas liberales como la de las pensiones, consistente en la unificación de regímenes de la seguridad social y el establecimiento, como contrapartida social de compensación, de una pensión mínima de 1000 euros.

En la izquierda, la candidata socialista Ana Hidalgo lanzó su campaña proponiendo doblar el salario de los maestros y de los profesores de educación secundaria.  Mélenchon, por su parte, propone entre otras medidas la subida inmediata del salario mínimo interprofesional a 1400 euros y la derogación de las leyes restrictivas de Macron en relación a la vacunación de la población. Mélenchon se ha mostrado favorable a eliminar el pasaporte sanitario. En este punto coinciden tanto él como los candidatos de la derecha soberanista, especialmente Le Pen, Zemmour y Dupont-Aignan.

Quedan seis meses contados para la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas, pero son tantas las incógnitas y los efectos que los resultados podrían tener para la política europea que lo que es seguro es que la campaña electoral va a ser trepidante. Lo que sí parece claro es que en términos sociológicos hay una clara división del electorado en tres partes: la izquierda, que en su conjunto se acerca al 30% del voto; la derecha soberanista que se acerca al 33%; y el centro y centro-derecha que se acerca al 40%. La mayoría de los movimientos se producen en el seno de estos bloques, siendo el trasvase de votos de un bloque al otro casi residual, quizás con la excepción de Macron, capaz de seducir tanto al votante socialista moderado como al elector de centro-derecha. O del mismo Zemmour, capaz de arañar votos en los sectores más conservadores del centro-derecha.

Ello se explica por el programa de Macron, capaz de realizar simultáneamente reformas liberales que satisfacen al electorado rentista y burgués de mayor edad y llevar a cabo políticas culturales y sociales respecto a la inmigración, la multiculturalidad, el ecologismo y el feminismo próximos a la izquierda. Buen ejemplo de ello son la promoción de los discursos de arrepentimiento sobre el pasado colonial y la Francia de Vichy, la lucha contra las supuestas violencias policiales en la Banlieue o la crítica inmisericorde a los análisis que apuntan a la necesidad de revisar el papel de Francia en la UE y a restringir la llegada de inmigrantes del Norte de África.

De momento la última encuesta da los siguientes resultados: Macron lidera con el 26% de la intención de voto, Marine Le Pen le sigue de cerca con un 20%, Xavier Bertrand obtendría una meritoria tercera plaza con el 14%, Zemmour un 11%, Mélenchon un 8% y a la izquierda se disputarían la sexta plaza el candidato verde, Montebourg y la socialista Hidalgo con el 4-5% cada uno.

Francia decide su futuro y, en cierto modo, toda Europa. Como decía el escritor y profesor de literatura Marc Fumaroli, Francia puede gustar o no, pero no deja nunca indiferente a nadie. Cuando París tiembla, le sigue toda Europa.

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