¡Feliz 2021!

Desde el equipo de Nuestra Rioja agradecemos a todos nuestros lectores su apoyo en estos primeros meses de andadura y les deseamos un feliz 2021.

Este año nuevo que viene esperamos seguir creciendo al ritmo actual y poder ofrecerles más y mejor contenido, así como nuevos colaboradores.

También tenemos entre manos la creación de un canal de Youtube con varios colaboradores. De llevarse finalmente a cabo el proyecto, la idea sería subir podcast periódicos, al menos una vez por semana, comentando la actualidad riojana y española con nuestro particular sello y toque personal.

2021 será un año complicado.

Este año, será el primero de la tercera década del siglo XXI, y, al igual que 2020, tampoco va a ser un año fácil para los riojanos y el resto de españoles.

La economía va a seguir sufriendo, al menos durante el primer y segundo trimestres, las consecuencias de la pandemia mundial.

Muchos de los comerciantes que han evitado la ruina absoluta en 2020, se verán obligados a cerrar definitivamente sin que nadie haga nada para impedirlo.

La creación de empleo, al menos en la primera mitad del año, va a estar muy complicada.

El sistema educativo, malamente adaptado a la no presencialidad del alumnado, seguirá en horas bajas mientras continúen la pandemia y las restricciones.

Y mejor no entramos a analizar detenidamente la coyuntura política porque es para echarse a llorar.

Motivos para la esperanza.

Pese a los problemas y crisis que atravesamos, estar vivos ya es motivo suficiente para tratar de ver las cosas con cierto optimismo.

Además, más allá de los muchos problemas sociales y económicos que aquejan a La Rioja, España y Europa entera, la próxima década también promete grandes avances e hitos importantes que merece la pena tener presentes.

A nivel tecnológico y científico, el progreso está bastante garantizado a largo plazo incluso con crisis económicas de por medio.

Una vez se supere la actual pandemia, todo parece indicar que la recuperación a nivel macroeconómico será relativamente rápida (la famosa «curva en U»).

El progreso tecnológico de la década que viene no se va a ceñir solo a los avances graduales en la electrónica de consumo o las telecomunicaciones.

Para mediados de década, las nuevas naves espaciales de Space X o Blue Origin ya surcarán el firmamento y el espacio exterior. El sector privado empezará a volcarse de lleno en la conquista del espacio en los años que están por venir. Las posibilidades que se derivan de esto a nivel industrial son inimaginables a día de hoy.

En el campo de la ciencia, los ordenadores cuánticos, las Inteligencias Artificiales, la ciencia de datos, las impresoras 3d y la biotecnología van a ser los grandes protagonistas.

Tampoco debemos olvidarnos del primer gran proyecto internacional para el desarrollo de la energía nuclear de fusión, que ya está tomando lugar en Francia y que promete regalar a la humanidad una fuente ilimitada de energía barata, limpia y segura (aunque difícilmente para antes de 2040).

Para 2025 todas las capitales de provincia españolas tendrán acceso a trenes de alta velocidad, lo que nos convertirá en uno de los países más avanzados del mundo a nivel de infraestructuras. Es cosa nuestra sacar partido y rentabilidad a las nuevas comunicaciones.

Tendencias mundiales que vienen manteniéndose desde 1960 como la reducción imparable de la pobreza y la erradicación (relativa y siempre en tiempos de paz) de la extrema pobreza continuarán gracias al capitalismo y a los avances técnicos.

Si en el 2020 el 20% de la energía final consumida en la UE ya es renovable, para 2030 se espera que sea más del 30%. La energía limpia y renovable ya es la más rentable que existe, es cuestión de tiempo que se imponga y haga prescindible a las demás.

Tanto los estados del mundo desarrollado, incluida China, como el sector privado, se están volcando como nunca en el sector de las renovables y también, cada vez más, en el coche eléctrico.

De la mano del coche eléctrico vendrá la conducción autónoma, que permitirá a nuestros ancianos desplazarse en vehículo sin temor a poner en riesgo su vida y la de los demás. También se generalizarán el cambio automático y los españoles al fin serán conscientes de lo inútil que resulta la palanca de cambios a estas alturas de la vida.

Los accidentes de tráfico mortales, que han estado reduciéndose de forma imparable en los últimos lustros, seguirán disminuyendo.

La domótica y automatización de las tareas domésticas también va a progresar en estos años. De hecho, hace años que los robots de limpieza son un éxito comercial y cada vez son mejores y más versátiles.

Para 2025, Noruega, con más de 5 millones de habitantes, prohibirá la venta de coches de conducción. La prohibición resulta casi innecesaria. Allí ya se vende un 60% de eléctricos y un 20% de vehículos enchufables. Todos los países nórdicos están siguiendo ya esta misma estela aunque a un ritmo no tan vertiginoso.

Incluso en países atrasados en este sentido como España se está produciendo ya un despegue del vehículo eléctrico y un crecimiento en el uso de la bicicleta gracias a los nuevos carriles y acomodaciones. La revolución definitiva se producirá cuando lleguen los primeros eléctricos de gama media con más de 500 km de autonomía. En la mismísima China, las empresas del sector automovilístico no dan abasto para satisfacer la creciente demanda de coches eléctricos.

Se espera que para 2023 el coste del transporte en el coche eléctrico caiga por debajo del coste en el coche térmico. Para 2025 como tarde ya habrán llegado las baterías de electrolito sólido (de las que también se beneficiarán nuestros teléfonos móviles).

Para mediados del siglo XXI como muy tarde, los europeos viviremos en ciudades limpias, sin polución y ecosostenibles. Aunque esta transformación no se va a consumar en esta década, sí que vamos a notar en los próximos años un cambio a mejor en la calidad de vida gracias a la llamada transición ecológica. En 2030 los pueblos y ciudades españoles serán más limpios y mejores para vivir en todos los sentidos y aun a pesar del abandono rural y la crisis demográfica.

Además, los europeos disfrutaremos de algo que no hemos tenido hasta ahora, autosuficiencia energética. Esto, que obviamente no llegará en 2030, no es una predicción, es una tendencia imparable al ritmo actual que, en todo caso, se acelerará a medida que pasen los años.

Nuestro querido lince ibérico saldrá finalmente de la lista de animales gravemente amenazados. Simultáneamente, en toda Europa se seguirán ampliando las hectáreas de bosque y los espacios naturales protegidos (como viene ocurriendo desde mediados del siglo XX).

En los últimos lustros, los chinos han demostrado que con tecnología, inversión y tesón, hasta en lugares dejados de la mano de Dios tales como el desierto de El Gobi, se puede revertir la desertización.

En este sentido, en España será posible devolver a los Monegros (también a Murcia o Almería) la densa cubierta vegetal verde oscuro que hace no tantos siglos le dio nombre. Ya hay varios proyectos de reforestación planificados y es cuestión de voluntad política y presión ciudadana que se aceleren ese tipo de iniciativas.

Por supuesto, los problemas que se nos vienen a nivel demográfico, económico, social y político, especialmente en España, son enormes. Pero no queda otra que afrontarlos con valentía y siendo conscientes también de lo bueno que tenemos y de todo aquello en lo que vamos cada vez a mejor.

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