Europa y su propio laberinto

Cuando ingenuamente creíamos que en Europa  ya no habría más enfrentamientos bélicos, se ha desatado una guerra de proporciones gigantescas, lo cual supone no solamente el fracaso de la diplomacia, sino que también pone de manifiesto el instinto belicoso de la propia condición humana.

Todo ello, provocado por las razones que todos conocemos: ambición, poder y dinero

Esto no ha cambiado a lo largo de la historia de la humanidad, solo que ahora se añade una arista más, los medios de comunicación dedicados a bandos opuestos y comunes, ya que trabajan no para informar, si no para desinformar sueldo del amo que más les pague.

La situación no puede ser más dramática y viene a echar por tierra las candorosas expectativas pacifistas, Europa se encuentra ante su propio espejo de estulticia y sopor a todos los niveles.

Lo peor de todo es que esta trágica situación nos pilla con pocas reservas espirituales y morales para poder enfrentarnos a ella

Es un hecho que esos valores culturales, comenzando por el respeto sagrado de la vida en los que se cimentaba nuestra civilización, se han perdido. Como se ha perdido la institución familiar, que era el semillero donde se cultivaban esos mismos valores:

¿Qué hacemos ahora después de haberlo sacrificado todo en aras de una felicidad hedonista y canalla, fundamentada exclusivamente en el bienestar material?

Se nos hace una llamada a salvar la civilización, ¿de qué civilización nos están hablando? Europa ha perdido su identidad, precipitándose en caída libre hacia los abismos del vacío más absoluto. Europa ha sido engullida por el nihilismo, se le ha despojado de las finalidades últimas, que daban sentido a las vidas, la dignidad de la persona ha quedado reducida a un concepto abstracto, quedándonos a fin de cuentas, sin esperanzas trascendentes.

Las raíces religiosas del viejo continente han desaparecido y lo que ahora tenemos es una cristofobia beligerante; poco se dice de los ataques a centros de cultos cristianos en Europa, sobre todo en Francia, por parte de inmigrantes musulmanes, esto las fuerzas mediáticas no lo dicen.

Tampoco se habla de la persecución de los cristianos por el mundo, que es la más grave y extensa desde que el cristianismo existe

Fruto de este relativismo han aparecido el multiculturalismo y el pensamiento débil; como consecuencia de la negación de la verdad y el bien, aunque no lo confesemos abiertamente, hemos llegado a pensar que “entre el honor y el dinero lo segundo es lo primero”.

Hace tiempo que la Unión Europea no es otra cosa que una agrupación mercantil en la que cada cual va a lo suyo

Pues bien, a esta decadente Europa, Rusia le ha enseñado su impotencia e incapacidad de reacción, las consecuencias que haya de tener esta guerra no las sabemos, pero podemos estar casi seguros de que va a alterar por completo el “mapamundi”.

Estamos a las puertas de un Nuevo Orden Mundial, que va a ser el escenario en que habrá que disputarse el liderazgo moral y vital, sobrevivir y convivir en una nueva civilización y si Europa se empeña en no recuperar su propia identidad, si se niega a rearmarse espiritual y moralmente, estará acabada como ente a tener en cuenta.

La guerra, la sangre, el dolor, la crisis económica, el hambre acechan a las puertas de Europa y coloca a la Unión Europea en una situación para replantearse muchas cuestiones. Como primera lección Vladimir Putin es el resultado, no el inicio y segunda  ¿de verdad mandar armas es la solución? Y la tercera, ¿estamos protegiendo nuestros intereses o nos estamos disparando en el pie? Y la cuarta ¿sabemos que es lo que está pasando de verdad?

Nunca es tarde y esta podría ser la ocasión propicia para hacer un exámen de conciencia que nos permitiera reconocer nuestros errores y comenzar a rectificar.

No puede Europa ni Occidente plantear reglas y políticas morales, legales y económicas del siglo XIX y XX a problemas y jugadas del siglo XXI, si de verdad queremos contar, influir y jugar con los mayores debemos ponernos en pie, lo antes posible.

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