Estoy hasta las narices de vivir en perrolandia

En mi provincia, La Rioja, hay más de 55.000 perros censados. De estos, casi 20.000 vivirían en el entorno de Logroño, y cerca de 1000 serían considerados potencialmente peligrosos bajo la vieja normativa.

Si a eso le sumamos los que están sin censar y los gatos, nos encontramos con que existen más mascotas domésticas que humanos menores de edad.

Son cada vez más los ciudadanos que se sienten solos. Como hacer amigos, tener pareja o sociabilizar no es una opción para muchos, o no es bastante para otros, deciden, egoístamente, aplacar la soledad y el desasosiega adquiriendo un animal. Como los hámster son un coñazo y los gatos van a su bola (y si pudieran se nos comerían a todos), el ser humano ha seleccionado durante 10.000 años una serie de razas de cánidos moldeados para agradar a la parte emocional de los humanos, responder a características buscadas o realizar cierto tipo de trabajos.

No es que no me gusten nada las mascotas. He convivido con algunas desde pequeño en el pueblo de mi padre y muchos de mis amigos han tenido perro. En caso de vivir en un pueblo pequeño o casa solariega con jardín podría llegar a plantearme tener uno, aunque el tema de la higiene siempre iba a ser un problema. No obstante, sí que creo que, realmente, el modelo de piso colmena intraurbano, pequeño y sin terrazas grandes en el que vivimos la mayoría de españoles, no es el más favorable para la tenencia de perros. Paradójicamente, somos uno de los países de Europa que más perros compra.

De igual manera, la educación de la mayoría de ciudadanos tampoco es la deseable como para que se generalice la tenencia de mascotas sin que ello vaya acompañado de una merma en la higiene de nuestras calles, parques, fachadas, portales y barrios, entre otros muchos otros problemas que detallaré más adelante en este artículo. Esto no es una creencia, sino la constatación de una realidad.

Partiendo de la base de que muchas de las personas que deciden comprar o adoptar apenas llegan a final de mes, ya se explica uno muchas cosas.

Mucho perro y también mucho guarro

Pese a resultar obvio, no es políticamente correcto ni popular decirlo, pero es un hecho objetivo que los perros son animales sucios y que meten las patas y el hocico en absolutamente cualquier lado. Esto incluye el ano de otros perros, heces, vómitos, flemas, charcos y un sinfín de miasmas nauseabundas.

Esto no evita que muchos humanos lleguen, a día de hoy, a dar besos en la boca a sus perros, a meterlos en su cama y a darles acceso a la cocina o el baño. Así es como muchas personas, especialmente los niños, cogen muchas de las enfermedades, conjuntivitis, virus y parásitos que luego trasmiten a terceros perjudicándonos a todos con ello.

Más allá del problema de la higiene existen otras problemáticas fruto de la desmesurada proliferación de perros. Las propias mascotas son las principales víctimas de un dueño negligente. Y seamos claros, muchos, muchísimos perros, no reciben los cuidados apropiados por parte de sus dueños.

Todos hemos conocido casos de dueños que apenas dedican tiempo y cuidado a sus mascotas la mayor parte de los días. Son muchos los que no sacan al perro las tres veces que se recomienda hacerlo, o los que lo hacen durante un escasísimo lapso de tiempo en el que la criatura apenas tiene tiempo de hacer sus necesidades y desfogarse un poco.

Para ver de primera mano historias de perros abandonados en el hogar durante horas, asustados por los petardos en Nochevieja, no lavados nunca o casi nunca, agobiados por una temperatura para la que no están preparados biológicamente (caso de los huskies), no vacunados o mal alimentados, no nos hace falta ir muy lejos, pues aunque me vais a llamar exagerado, creo sinceramente que estos casos, son casi más la norma que la excepción.

Ya ni me meto a hablar de ciertas razas seleccionadas para el sádico placer de los humanos, como son los perros grandes a los que se les desajusta la cadera, o los canes como el bulldog, que apenas pueden respirar o caminar. Tío, ¿no te has dado cuenta de que tu perro no puede ni respirar porque a algunos os ha parecido en un momento dado que crear un perro con un aspecto “gracioso” y perpetuarlo era divertido?

Asimismo, son muchos los dueños que no recogen las heces del suelo para tirarlas al contenedor; o los que aún en caso de hacerlo, no se preocupan por limpiar bien los restos fecales esparcidos en el suelo (tal y como exige la nueva normativa).

El otro día caminaba por la recientemente reurbanizada República Argentina, en pleno centro de la capital riojana, y el recién instalado suelo ya presentaba cuantiosos restos de excrementos. Ojo, también había no pocos chicles pegados, lo que nos recuerda que realmente el problema no es de los perros, sino del poco civismo o las malas costumbres adquiridas de los amos, que durante décadas no tenían si quiera la obligación de recoger los excrementos de sus mascotas del suelo.

Sé que no todos estarán de acuerdo conmigo y que muchos incluso me despreciarán por las siguientes declaraciones que voy a realizar, pero admito públicamente que deseo con todas mis fuerzas que en los próximos años el número de perros en mi ciudad descienda notablemente.

Dejando de lado algunos de los aspectos más polémicos de la nueva Ley de Bienestar Animal, creo que en lo relativo a los perros y gatos domésticos va por el buen camino, me explico.

A partir de ahora, cualquier perro va a tener que estar bien registrado, asegurado y correctamente vacunado. Se acabaron la libre proliferación descontrolada y el cruel abandono, al menos en cierta medida.

La cría de nuevos canes, al menos en ciudad, va a estar mucho más bajo controlada que hasta ahora. Ya no se venderán canes en tiendas de mascotas. Desde el momento en que a los perros habrá adoptarlos en las perreras, y que no se entregarán a terceros desde recién nacidos, se reducirá, quiero pensar, la facilidad con la que muchos niños y no tan niños se encaprichan con un perrito sin ser conscientes de las responsabilidades que ello acarrea.

Tengo entendido que ya se empieza a considerar el limitar el número de mascotas que un particular no criador puede acumular. Supondría un primer paso hacia una mayor restricción.

Ahora, todo el que adquiera una mascota deberá participar de un curso en el que se le inculcarán las nociones básicas para el cuidado de las mascotas y se le proporcionará información relativa al asunto.

No sé hasta qué punto es malo que desaparezca el listado racial de los PPP (Perros Potencialmente Peligrosos), pero me consuela ver que, por lo menos, se mantendrán las medidas de seguridad sobre los perros cuya dentellada y carácter sean verdaderamente peligrosos. Si realmente los profesionales del sector hacen bien su trabajo en este sentido, esto debería traer consigo un aumento del número de perros sobre los que se aplican las mismas medidas que hasta ahora se aplicaban únicamente sobre las razas PPP.

Esto me lleva a realizar la última de mis quejas sobre el estado actual del “problema perruno”, y es que todos los años desde siempre, se producen desagradables incidentes violentos entre perros y peatones. En algunos de estos ataques salen heridos o muertos niños, lo cual, en un país normal, habría llevado a los políticos patrios a tomar medidas mucho más estrictas con los perros peligrosos que las vistas hasta el momento.

Son muchos los filoperrunos que claman que es todo un problema de educación, y que un PPP bien educado desde pequeño no representa un peligro para la sociedad en la vive. Sin embargo, son muchos los casos conocidos que nos sugieren que esto no es así. Yo también puedo argumentar que ir con un arma automática por la calle o paseando a un tigre amaestrado, no tiene por qué entrañar peligro alguno. Pero lo cierto es que existe un peligro potencial en dichas acciones, como lo existe en pasearse por la Calle Portales con un Pitbull sin bozal. Luego resulta que no es legal (gracias a Dios) ir con una navaja de más de 4 dedos por la calle…

El perro no tiene neocórtex, no es un animal racional, ni siquiera todos los humanos se puede decir que lo sean. Esto significa que el peligro de ataque a humanos existe siempre, en cualquier perro. Ahora bien, mientras que un caniche poco puede hacer contra cualquier humano de entre 3 y 100 años, hay perros como, no ya un mastín, un pastor del Cáucaso o un Pitbull, sino un pastor alemán de los que a todos nos gustan, que pueden matar o herir gravemente a un humano con cierta facilidad si no se toman las medidas adecuadas.

Hay un aspecto de la nueva legislación sobre mascotas con el que no estoy de acuerdo, y es el de que los perros puedan acceder a cualquier establecimiento que así lo posibilite.

¿Qué sentido tiene que en un país en el que hace 15 años se prohibió fumar por respecto a los no fumadores, se nos obligue ahora a los no filoperrunos a aguantar perros en bares, restaurantes o tiendas de ropa? ¿Son conscientes los políticos animalistas que nos desgobiernan de que hay muchas personas alérgicas a los perros o a los gatos?

Odiadme si queréis, vedme como a Mr. Burns o al malo de una película de Disney, pero en la ciudad, cuantos menos perros vea, mejor.

Soy levemente alérgico a los gatos, pero apenas tengo quejas contra ellos porque su existencia no me perjudica y molesta como lo hace la de los perros urbanos. Tampoco creo que un gato sufra encerrado en casa como lo hace un perro, ni que sus dueños arrastren las mismas carencias y dependencia emocional que, a menudo, veo en los propietarios de perros.

Desde niño he sufrido los ladridos; el no poder pisar el precioso césped de los muchos y maravillosos parques de Logroño porque las heces frescas del día estaban por doquier como si de un campo de minas en la llanura de Verdún se tratase; o el mal temperamento de algunos canes, y ya estoy muy harto.

Somos muchos los que pensamos así, pero en España nadie se ha quejado públicamente de esto y los dueños no han interiorizado nunca lo de “mi libertad acaba donde empieza la de los demás”, como tampoco son conscientes de que no todos los humanos ardemos en deseos de ser asaltados y lamidos por un animal que “solo quiere jugar”.