Estas viviendo una guerra; ganará la pluma, con tesón, sobre la espada

No me voy a explayar con las vicisitudes vividas y sufridas por el Soldado de Infantería Agustín Fariña porque estoy convencido de que unos consejos de un Soldado antiguo, de empleo Teniente Coronel, pueden ayudar mucho más que el mero relato de lo que, con ciertas diferencias, le ocurre a muchos soldados que, como él, han ofrecido más de veinte años de su vida por la Patria y han sido pagados con una incapacidad menor al 25% en la Sanidad Militar, sin derecho a ningún tipo de pensión, que según los peritajes de la Seguridad Social de las Comunidades Autónomas se elevan casi al doble en muchos casos, y que les correspondería.

La pluma es más poderosa que la espada es un tópico literario acuñado por el autor inglés Edward Bulwer-Lytton (The pen is mightier than the sword), como una metonimia para indicar que hace más daño un escrito bien concebido y dirigido contra un punto débil del adversario, que una estocada. Se usa habitualmente para referirse a la primacía de los recursos literarios sobre los militares, o de la inteligencia sobre la fuerza (de un modo similar al refrán castellano más vale maña que fuerza). Aunque la forma de expresarla es original, la idea de que la expresión escrita o, en general, cualquier forma de comunicación, sobrepasa en eficacia a la violencia tiene muchos precedentes.

La expresión cuarto poder con el que se compara a la prensa con los tres poderes clásicos del Estado comparte gran parte de ese sentido, ahora potenciado con lo que se denominan redes sociales, redes que utilizamos en tu lucha por hacer justicia. Y es ahí donde debes orientar tú disputa: en la pluma y en la Ley, esta última espejo de lo que en la Republica de Roma era el honor militar como honor institucional, y no un honor mal entendido particular de lo que cada uno entiende cómo “deber ser” esta Institución.

Y es aquí, en el relato “Cómo contar una auténtica historia de guerra”, incluido en el clásico de la literatura bélica “Las cosas que llevaban los hombres que lucharon”, el escritor y veterano de Vietnam Tim O’Brien daba algunos consejos para narrar una batalla de un modo creíble, y entre esas recomendaciones se encontraba una que decía: “Una auténtica historia de guerra nunca es moral. No instruye, ni alienta la virtud, ni sugiere modelos de comportamiento humano correcto, ni impide que los hombres hagan las cosas que los hombres siempre han hecho”. Y ahora, cuando aparece el libro de relatos “Nuevo destino”, del veterano de Irak, además de ex alumno de la escuela de Escritura Creativa del Hunter College (NYU), Phil Kay, encontramos una afirmación del mismo talante, aunque mayor brevedad: “No hay ninguna película antibelicista. No existe tal cosa”.

Y la belicosidad no solo se da en el campo de batalla, sino también a través de los ordenadores y cámaras fotográficas, de los documentos que materializan órdenes y en los tejemanejes en la retaguardia luchando contra lo que en términos militares es la guerra administrativa y la batalla de la grasa y el jabón en unidades pesadas.

Realmente, la moraleja que pueda desprenderse de cualquier manifestación estética dedicada a cualquier conflicto depende antes de la ética del espectador que de las intenciones del autor. Incluso en las novelas claramente antibelicistas (Gabriel Chevallier, Erich Maria Remarque, Joseph Heller) siempre hay en el lector un punto de fascinación, por no hablar de voyeurismo, ante el hecho en sí de la destrucción del ser humano física o psíquicamente.

Y el motivo de tanto reconocimiento no depende tanto de la reconstrucción de las experiencias militares vividas o conocidas como de la combinación de éstas con las consecuencias psíquicas que luego han de tener sobre quienes las protagonizaron, así como de la exposición de las dificultades que los soldados encuentran a la hora de reintegrarse en una vida civil cuyos integrantes se comportan, simplemente, como si España no estuviera en guerras político ideológicas que ponen en quid su propia esencia, su existencia.

La sensación de volver a casa cuando tu casa es el Cuartel y tú familia tus compañeros de Unidad no es como la de dar la primera bocanada de aire después de haber estado a punto de ahogarte por no haber sido preparado para tu reintegración en el mundo civil. Duele, dicen todos tus compañeros y tú mismo, al sufrir en tus carnes los errores de tus Mandos en la Unidad de Apoyo de Canarias de ciertos personajes que deberían haberse leído Estampa de Capitanes antes de tomar una decisión en la que está en lid el futuro de un soldado que, por lo que sé, ha sido muy bien valorado por el propio Teniente General Jefe del Mando de Canarias.

Así pues, “tú nuevo destino” en el Paseo de la Castellana, frente al MINISDEF, es, hasta el momento, la mejor ficción escrita sobre los soldados que participan de tú situación de desgracia, como la de ellos, en tiempos de paz y, con uno solo de sus relatos, el lector aprende más sobre las consecuencias de un conflicto interno sobre la psique de un ser humano que con cualquier ensayo, lo que queda demostrado en tu idealización de la muerte como medio de solventar tus problemas.

Como dice el preámbulo de uno de los artífices del Derecho Internacional Humanitario, ahora debemos desandar lo andado y despojar a quienes hacen la guerra de casi todos los privilegios que, al parecer, se les había concedido, aunque, a decir verdad, nada se les había concedido. Pues desde que comencé a conocer esta parte del derecho de gentes, he dicho que muchas cosas se consideran “lícitas” o “permitidas”, porque se hacen impunemente, como en tu caso, valga la comparación, y en parte también porque algunos tribunales militares les dan autoridad, cuestión evidente en tú caso. No obstante, son cosas que se desvían de la norma de rectitud –que ésta se base, sea en el derecho en sentido estricto, sea en los preceptos de otras virtudes– o, en todo caso, que se pueden evitar por razones más elevadas, con las más grandes alabanzas de los hombres de bien.

“La Pluma es más poderosa que la espada” escribió Edward Bulwer, un británico del siglo XIX, en una obra teatral sobre conspiraciones. Algunos analistas de la época gustaron más de la sentencia que de la obra misma y vaticinaron larga vida al aforismo “perdurara por los siglos de los siglos”. No se equivocaron en tanto define una verdad vigente.

Con diferentes palabras en 1792, Jefferson sostuvo el mismo principio: “hay la necesidad de continuar haciendo con la pluma lo que en otros tiempos se hacía con la espada”. Napoleón Bonaparte a comienzos del siglo XIX sostuvo: “Cuatro periódicos hostiles son más de temer, que mil bayonetas”. Incluso Miguel de Cervantes en El Quijote, hizo disquisiciones en torno a la preponderancia de las letras o las armas como un asunto de debate en la época.

No se duda del sufrimiento vivido en decenas de miles de soldados de las fuerzas armadas españolas, en la carne y el alma de cada uno de ellos y de sus familias; no se duda que la ignorancia y la necesidad de sobrevivencia o de ganarse dignamente un salario , ha conducido a esos miles a servir enrolados como vasallos de estructuras antiguas pero que sirven a una organización altamente jerarquizada, establecidas en España desde los tiempos de Flandes por grandes capitanes, hoy olvidados sus legados por los políticos y por otros que visten nuestro propio uniforme. Hijos de la Gran Bretaña que se blindan en los altos destinos políticos, judiciales y empresariales desde los cuales ven desde muy lejos los campos de batalla. Tal como desde ahí ven la misión de ser apoyados por otros quinta columnistas que los fortifican en esos diarios.

No se duda, en fin, que el dolor ha sido sembrado por unos políticos y Mandos del más alto nivel, vendidos e ineptos. Cómo lo viven los “combatientes” del lado de los que casi se encuentran en la exclusión social y sus familias, los cabeza de núcleo familiar, pobres estigmatizados y castigados por no poder llegar a final de mes y vivir y dar sustento vital a sus familias; ¡¡no han nacido del aire!!, es otro cantar.

Y haciendo una metáfora, contraria a la idea común de que las plumas sobran o no tienen vida, se nos revela una enfermedad viral que las ataca, es el mal del pico y las plumas de los psitaciformes (PBFD), la acción de un virus que afecta sobre todo a los loros, incluyendo los más conocidos de Suramérica. Se dirige contra células del crecimiento de los folículos de las plumas, del pico y también de las garras , causando progresiva malformación y necrosis . El símil en su plenitud no es accidental.

Malformación y necrosis es la exaltación, aprendida y repetida, como hace un loro, que nuestros dirigentes políticos, Margarita Robles como cabeza del MINISDEF, los medios de masas y otros acaudalados capitales efectúan de los instrumentos no sólo directos de acciones de muerte, como ha quedado patente en el caso Royuela ahora comentado por Agustín, sino sobre los que se sostiene la defensa del statu quo, la apología de unos aparatos que salvaguardan la injusticia estructural.

Necrosis es seguir cerrando la puerta a nuestros soldados, del empleo que sean, y tirar «la llave» al fango, como lo hace la ministra, al negar posibilidades reales a un proceso con solución legal y que por derecho le corresponde para la justicia social, teniendo clarísima y expresa la voluntad del legislador. La vida, no obstante, es la que al final se rebela contra las injusticias personificada en hombres y mujeres que reciben diferente trato por maltrato.

Agustín, vas por el camino correcto, con el palo dando estando en huelga en la Castellana y con la pluma escribiendo. Mi más sincero apoyo.

Enrique Area Sacristán.

Teniente coronel de Infantería. (R)

Doctor por la Universidad de Salamanca.

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