Escudo y bandera de la Ciudad de Zamora

ESCUDO DE LA CIUDAD DE ZAMORA

El escudo de la Ciudad de Zamora es rectangular cuadrilongo y redondeado en su base y partido en su interior. En la primera partición, en campo de plata, figura un brazo armado de lo mismo que sostiene sobre su mano una bandera fajada con ocho fajas de gules y la superior en sinople. En la segunda partición, también en campo de plata, se representa un puente de dos ojos almenado y mamposteado de sable entre dos torres, sobre ondas de azur y terraza de sinople. Al timbre, Corona Real cerrada, que es un círculo de oro engastado de piedras preciosas que sostiene ocho florones de hojas de acanto, visibles cinco, interpolado de perlas y de cuyas hojas salen sendas diademas sumadas de perlas, que convergen en el mundo de azur, con el semimeridiano y el ecuador en oro, sumado de cruz de oro, estando la corona forrada de gules. 

En el escudo aparece representado el brazo de Viriato y las ocho fajas de gules de la bandera son el símbolo de cada una de las victorias que obtuvo sobre los romanos. La faja sinople que figura en la parte superior de la bandera fue otorgada a la Ciudad por los Reyes Católicos, en reconocimiento por el apoyo prestado por la ciudad en la batalla de Peleagonzalo en el año 1476 a la Reina Doña Isabel frente a Juana “la Beltraneja”.

El puente romano del escudo representa la toma de Mérida por parte de Alfonso IX, en la que participaron muchos zamoranos.

BANDERA DE LA CIUDAD DE ZAMORA

La bandera de la ciudad de Zamora está compuesta por un paño de forma rectangular con fondo blanco y sobre el cual descansan ocho franjas de color rojo, que representan las victorias obtenidas por Viriato ante los romanos. En su parte superior, una franja de color verde esmeralda (sinople) representa la banda que el Rey D. Fernando el Católico portaba sobre su hombro, y que fue concedida a la Ciudad por los Reyes Católicos en agradecimiento al pueblo zamorano por su apoyo en la batalla de Peleagonzalo ante Juana “la Beltraneja”. En su centro, la bandera porta el Escudo de la ciudad.

BREVE HISTORIA DE LA CIUDAD DE ZAMORA

Posiblemente, los primeros pobladores de la ciudad de Zamora fueron los vacceos, llamando a la ciudad Ocalam. Los vacceos eran un pueblo considerado celta de origen centro europeo que en el siglo VI a. C se asentaron en la Península Ibérica (más concretamente, en el valle medio del Durius, el Duero). Eran agricultores y ganaderos.  Funcionaban bajo un régimen de propiedad colectiva. La organización social y económica de los vacceos era la actividad agrícola, cultivando sobre todo cereales (principalmente trigo y cebada). La producción de sus cosechas era tan extensa que los numantinos y los arévacos dependían de ellos para el aprovisionamiento de estos cereales.

Los vacceos se encargaron de defender su rico y fértil territorio de los otros poblados fronterizos hasta la invasión romana. Fue en esta época romana cuando la ciudad adquiere relevancia pasando a llamarse Ocellum Durii (Ojos del Duero), incluyéndola en el recorrido de la Vía de la Plata. En esta época vivió uno de los guerreros más temibles de toda la zona, un pastor lusitano llamado Viriato, el cual luchó con gran arrojo contra los invasores de su territorio, llegando a vencerlos en ocho ocasiones (estas batallas están representadas en el escudo de la ciudad como franjas rojas).

En el siglo VIII los árabes invaden la península ibérica y ocupan la ciudad de Zamora, conocida por aquel entonces como Ocellum Durii (ojos del Duero) que pasará a llamarse  Azemur (“olivar silvestre”) y Samurah (“Ciudad de las turquesas”).

A finales del siglo IX, el Rey D. Alfonso III “el Magno” recupera la ciudad y manda fortificarla para una mayor seguridad y protección, aunque las murallas no evitarían que Almanzor la reconquistara en el siglo X. Almanzor, en el 986, arrasa Zamora y nuevamente lo hace en el 997, quedando la ciudad despoblada. En el año 1055, con la llegada del monarca D. Fernando I de León, la ciudad de Zamora será reconstruida y repoblada con gentes de Cantabria.

Nuevamente en el siglo XI Zamora volvería a ser conquistada, ahora por el monarca castellano D. Fernando I de Castilla, quien la reedificó y repobló. A la muerte del monarca, todos sus bienes y posesiones fueron legados a sus hijos, quedando la ciudad de Zamora al mando de Doña Urraca, una de sus hijas. Uno de sus hermanos, concretamente D. Sancho II, no conforme con el reparto, emprendió guerras contra Urraca y el resto de sus hermanos, sitiando la ciudad de Zamora (la cual resistió el envite durante un largo periodo de siete meses). La ciudad resistiría semejante asedio gracias a sus murallas, que resultaron infranqueables para las tropas castellanas de Sancho II, proviniendo de tal hecho el llamado “Cerco de Zamora” y el dicho “no se conquistó Zamora en una hora”. El asedio a la ciudad culminará el 6 de Octubre del año 1072 con la muerte de Sancho II a manos de Bellido Dolfos, un legendario noble leonés que se hizo conocido por este hecho.

La ciudad no volvería a ser diócesis con obispo hasta el año 1121, con la llegada del Obispo Bernardo de Perigord. El siglo XII trae a la ciudad de Zamora una época de progreso, esplendor y bienestar, activándose la construcción de edificios que todavía perduran a día de hoy y de los que presume la ciudad.

El siglo XV sería testigo de las luchas de poder entre la Reina Isabel la Católica y Juana de Castilla, conocida por sus adversarios como “la Beltraneja”, Reina proclamada de Castilla, de León y reina consorte de Portugal. Tras la muerte de Enrique IV de Castilla, se originará una crisis sucesoria entre ambas. Luis XI de Francia y Alfonso V de Portugal se unieron en coalición en favor de Juana “la Beltraneja”. Alfonso V de Portugal invade sin éxito Castilla, y se casó con Juana en el año 1475 (una vez fracasadas las negociaciones con Isabel la Católica, hermanastra de Enrique IV de Castilla y casada ya con Fernando II de Aragón). Tras estos acontecimientos se desató una guerra civil que culminaría con una intervención naval en el Océano Atlántico con Portugal.

El Tratado de Alcáçovas pondrá fin a estas contiendas en las que los castellanos vencerían a los portugueses en tierra y  los portugueses lo harían en el mar. Los Reyes Católicos, Doña Isabel y Don Fernando, serían reconocidos como los monarcas de Castilla, mientras que Portugal alcanzaba el dominio en el Atlántico.

En el siglo XIX, durante la Guerra de la Independencia, el día 3 de enero del año 1809 el emperador francés entró en Benavente, provocando un movimiento de tropas por ambos bandos. El responsable de la custodia de la ciudad y tierras zamoranas, el general inglés Beresford, por orden del Mariscal John Moore, se desplazó con sus divisiones hacia tierras gallegas, dejando indefensa la plaza y tierras zamoranas. La ciudad de Zamora caería en manos francesas el día 10 de enero del año 1809 y dos días después llegaría a la ciudad el General francés Lapisse, que le impuso una contribución de cuatro millones de reales. El día 14 del mismo mes y año el obispo de Zamora presidió una ceremonia en la cual los habitantes de la ciudad reconocían la autoridad del rey José I Bonaparte.

La ocupación francesa se prolongaría por un periodo de poco más de tres años, periodo éste en que la ciudad entró en una gran decadencia debido al saqueo y destrucción de su patrimonio artístico y monumental. Estos hechos obligaron a muchos zamoranos a dejar la ciudad.

Entre los siglos XIX y principios del XX, Zamora vivirá un nuevo período de esplendor arquitectónico durante el que se construyen los fantásticos edificios modernistas, que hoy en día conforman la ruta europea del modernismo.

@LaReconquistaD

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