Escudo y Bandera de la Ciudad de Orense

ESCUDO DE LA CIUDAD DE ORENSE

El escudo es rectangular cuadrilongo y redondeado en su base. En campo de plata, figura un puente de cinco arcos de oro, mazonado de sable y sobre tres ondas de azur. Encima, a su diestra, un castillo de oro almenado, mazonado de sable y aclarado de gules; a su siniestra, un león rampante, armado, uñado y linguado de oro, que levanta sobre su diestra espada del mismo metal. En el centro del jefe, corona real cerrada. Al timbre, corona real cerrada (en un círculo de oro engastado de piedras preciosas que sostiene ocho florones de hojas de acanto, visibles cinco, interpolado de perlas y de cuyas hojas salen sendas diademas sumadas de perlas, que convergen en el mundo de azur, con el semimeridiano y el ecuador en oro, sumado de cruz de oro, estando la corona forrada de gules).

BANDERA DE LA CIUDAD DE ORENSE

La bandera de Orense es un paño rectangular de color rojo sobre el cual, en su centro, se representa el escudo de la Ciudad.

BREVE HISTORIA DE LA CIUDAD DE ORENSE

La zona del valle del Miño en Orense ya estaba habitada en la época castreña, según los asentamientos que existen, como Castro de Oira, San Tomé, Val de Gola y el asentamiento en las cercanías de las Burgas (fuentes de agua termal y sobre el cual los romanos levantaron la ciudad).

La cultura castreña existió hacía finales de la Edad del Bronce y se extendía por el noroeste de la Península Ibérica en una zona que abarcaría el norte de la actual Portugal, Galicia, Asturias, la provincia de Zamora y la provincia de León.

Fueron los romanos los fundadores de la ciudad, a la que posiblemente denominaron “La ciudad del oro” (Auriense), nombre posiblemente aplicado debido a la abundancia de este metal precioso que se podía encontrar a lo largo del curso del río Miño, si bien existe también la teoría de que pudiese haber sido bautizada con el nombre de Aquae Urente (“aguas abrasadoras”) por sus fuentes de aguas termales.

Alrededor del siglo I d.C., los romanos encontraron el emplazamiento óptimo para asentar  la ciudad y capital de las tierras del oro alrededor de las fuentes termales de Burgas, donde crearon el primer núcleo poblacional, era protegido por una guarnición de la legión romana. Para una mejor comunicación con otras ciudades, construirían el primer puente sobre el río Miño, comunicando así la Vía XVIII del itinerario de Antonino con las ciudades de Bracara Augusta (Braga, en Portugal) y Asturica Augusta (Astorga, en León, España).

Con la caída del Imperio Romano, la ciudad siguió progresando y siendo importante gracias al comercio, a su situación estratégica y al puente sobre el río Miño.

Con la llegada de los suevos, la ciudad prosperó y creció, llegando a convertirse en la capital del reino de Teodomiro, el rey Suevo de Braga, entre los años 550 y 559, que se convertirá al Cristianismo tras curarse milagrosamente uno de sus hijos, por la llegada a Galicia desde tierras de Oriente de un Obispo de Panonia (Hungría), conocido como Martín de Braga o Martín Dumiense, produciéndose así la conversión del Rey y su pueblo del cristianismo arriano al catolicismo. El rey suevo, en agradecimiento por la curación de su hijo, nombra a Martín de Tours patrón de la Ciudad y ordenó la edificación de la primera iglesia en su honor. San Martín de Tours llegó a ser conocido como el “Apóstol de los Suevos”.

Tras la conquista e integración del reino suevo por el Reino visigodo de Hispania, la Ciudad se convertirá en una de las más importantes sedes episcopales de la Iglesia Católica en la Hispania, siendo sufragánea  de la archidiócesis de Braga (que comprendía la antigua provincia de romana de Gallaecia, en la diócesis de Hispania). Las invasiones y conquistas árabes también llegaron a las tierras orensanas, y la reconquista por parte del reino astur-leonés también tuvo parte en las tierras gallegas y orensanas.

A lo largo de los siglos X y XI se destacarían otros asaltos de musulmanes que dejaron un ligero declive económico y social. En 1122, el obispo Don Diego Velasco consigue que Doña Teresa de Portugal (Beata católica), Infanta portuguesa y reina consorte de León, le conceda la jurisdicción de la ciudad para él y sus sucesores (que la ostentarían hasta el año 1628). Tras esta concesión la ciudad comienza su recuperación.

En el año 1188 nace el primer Concejo de la ciudad (Ayuntamiento), y el cual estaba formado por representantes elegidos por los propios ciudadanos. El hecho del doble poder que se genera en la ciudad acarreará muchas (y, a veces, graves) desavenencias entre el obispado y el concejo.

Hacia finales del siglo XII los obispos de la ciudad dieron orden de edificar una fortaleza (denominada como “Castelo Ramiro”), siendo ubicada sobre un monte del cual se dominaba toda la ciudad y controlaba las entradas y salidas de personas y mercancías. Dicha fortaleza fue derribada en 1486 por orden de los Reyes Católicos.

Un 9 de Mayo del año 1386 se firma el tratado de Windsor, una alianza entre Inglaterra y Portugal. Y el 25 de julio del mismo año, en el puerto de La Coruña desembarcan provenientes de Inglaterra, Juan de Gante (Duque de Lancáster), su esposa y la hija de ambos, Catalina de Lancáster. La comitiva del Duque se desplazó al sur de Galicia (concretamente, a la ciudad de Orense, donde establecería su corte), proclamándose rey de Castilla por los derechos de su esposa.

El rey de Portugal y el Duque de Lancáster intentaron invadir el reino de León (gobernado en aquel entonces por Juan I de Castilla, que salió victorioso de la incursión perpetrada por el por la campaña anglo-portuguesa). Ante los escasos resultados de esta campaña y con la pérdida de apoyos en Galicia, Juan de Gante, Duque de Lancáster, se entrevista con el monarca castellano Juan I, negociando un acuerdo en Bayona el 8 de julio de 1388, por el cual Juan de Gante y su esposa renunciaban a los derechos sucesorios de la corona de Castilla en favor del matrimonio entre su hija, Catalina de Lancáster, y el primogénito de Juan I, el infante Enrique (a quienes se les otorgó el título de Príncipes de Asturias).

En el año 1501, Orense será testigo de la entrevista mantenida entre Felipe el Hermoso y Doña Juana la loca con el Cardenal Cisneros. En este siglo XVI la ciudad de Orense seguía siendo una ciudad pequeña, rural y artesanal, pero que obtendrá un aumento poblacional y comercial importante, destacando en tal el sector vinícola y artesano.

El poder de los obispos sobre la ciudad se iba desvaneciendo poco a poco y es en este siglo y en el siguiente que la tranquilidad de la ciudad tan solo se ve turbada por algunas de las obras que realiza la Iglesia y otras órdenes religiosas como los jesuitas.

En el siglo XIX esta pequeña ciudad está poblada en su mayoría por hidalgos, artesanos y religiosos (entre ellos destaca la figura del Cardenal Quevedo). La ciudad es designada para ser la capital de la provincia, lo que hace nacer una nueva clase social, la funcionarial. La llegada del ferrocarril desde Vigo y la construcción de la carretera de Villacastín con Vigo marcarán un nuevo desarrollo poblacional y económico de la ciudad.

Durante la Segunda República, la ciudad, de tendencias conservadoras, no estuvo al margen de las polémicas nacionales. Tras la guerra civil española un flujo de emigración importante procedente de la misma provincia genera nuevamente un crecimiento poblacional y comercial.

@LaReconquistaD

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