Escudo y bandera de la Ciudad de Lérida

ESCUDO DE LA CIUDAD DE LÉRIDA

El escudo de la Ciudad de Lérida es de forma rombal –o en losange–, de oro con cuatro palos en vertical de gules; sobre el todo y en el centro, una rama de lirio de tres tallos de sinople con tres flores de lis en plata. Al timbre, corona real abierta sin diadema, en un círculo de oro, engastado de piedras preciosas y compuesta de ocho florones, visibles cinco de ellos, interpolados de perlas. La forma abierta de la corona real era la que tenía antiguamente, siendo usada hasta el siglo XVI, empleada con frecuencia en la heráldica de entidades territoriales menores, municipios y provincias.

BANDERA DE LA CIUDAD DE LÉRIDA

Es un paño de medidas rectangulares de color carmesí, sobre el cual en su centro se representa el escudo de armas de la Ciudad, flanqueado por una palma de oro a su diestra y una rama de laurel a su siniestra. No se encuentra significado a la palma y al laurel en la historiografía y heráldica, si bien, por tradición, la palma representa la alabanza, y el laurel la gloria del triunfo, seguramente en tradición de gestas históricas o heroicas de la Ciudad.

BREVE HISTORIA DE LA CIUDAD DE LÉRIDA

Los asentamientos en la ciudad de Lérida se remontan a la edad del bronce en el siglo VI a.C., y hasta la conquista romana. El territorio leridano estaba ocupado por una tribu de origen íbero, los ilergetes. Éstos instalaron su ciudad sobre una zona elevada a la cual la denominaron IÍtrida (hoy, Lérida). Los ilergetes convirtieron a Íltrida en su principal ciudad. Los caudillos más destacados de los ilergetes fueron Indíbil y Mandonio, que fueron firmes aliados de los cartagineses para luchar contra los romanos.

En el año 215 a. C. tuvo lugar la Batalla del Ebro, donde los cartagineses se enfrentaron a los romanos. El ejército cartaginés, liderado por Asdrúbal, hermano de Aníbal, cae derrotado y sus aliados Indibil y Mandonio se verían dominados por los romanos.

Marco Porcio Catón “el Viejo” (o “el Censor”) –para diferenciarlo de Marco Porcio Catón “el Joven” o “el Uticense”, enemigo de Cayo Julio César– sofocó una insurrección de las tribus ilergetas, lacetanas y asusetanas, que acabaría con la muerte de sus caudillos Indibil y Mandonio.

La segunda guerra púnica traería la romanización y asimilación por parte de los ilergetes de la cultura romana. En esta nueva etapa romana la ciudad de Íltrida pasaría a ser denominada Ilerda. En el año 49 a.C. se libró delante de sus murallas una batalla perteneciente a la Guerra Civil Romana, entre Cayo Julio César y Cneo Pompeyo Magno. Posteriormente, en las crónicas romanas se hablará de esta ciudad amurallada, con un puente de piedra, quedando creada como municipio por el emperador Cayo Julio Octaviano, más conocido como “Augusto”.

El municipio de Ilerda disponía de tierras muy fértiles, que, hacia finales del siglo III, serían destruidas por bandas de bárbaros germánicos que invadieron la región.

Quizás una de las épocas más oscuras por las que paso este territorio fue en la dominación visigoda entre el año 375 al año 716. Sobre los años 716 al 719, los musulmanes ocuparían la ciudad dominándola hasta el año 1149, fecha en que las tropas de los Condes independientes de Barcelona y Urgel, Ramón Berenguer IV «el Santo» y Armengol VI, reconquistarían la ciudad y sus territorios para los cristianos, provocando la rendición de  Al-Muzaffar, valí almorávide de Lérida.

En el año 1232 el monarca D. Jaime I “el Conquistador” concedió a la ciudad el privilegio de la  “Concesión de la Feria de San Miguel”. Años más tarde, en el 1264, el mismo monarca vuelve a concederle a la ciudad un nuevo privilegio y concesión: la “Paeria” –una forma de gobierno municipal que vendría a sustituir al consulado de origen romano–.

El monarca D. Jaime II de Aragón fundaría en el año 1297 el Estudio General de Lérida, siendo la primera Universidad de Cataluña y la más antigua de la Corona de Aragón, además de ser la tercera de España (después de las de Palencia y Salamanca).

Ya en el Medioevo la Ciudad pasaría a llamarse en catalán Lérida, aplicándose el mismo nombre al castellano (y no el actual traducido como “Lleida”).

El siglo XV se destaca por la realización de grandes obras arquitectónicas, que todavía perduran hoy en día, destacando el Hospital de Santa María, edificio que alojaría la sede del instituto de estudios ilerdenses.

Los siglos XVI y XVII serían de recesión, de guerras y de epidemias. Entre estos movimientos bélicos nos encontramos con la Guerra dels Segadors, que aconteció entre los años 1640 y el 1652 (tras esta contienda la ciudad quedaría desolada y arrasada).

En el año 1714, con la entrada del decreto de Nueva Planta, la ciudad perdió sus libertades, el régimen foral de la Paeria y la Universidad; además, convertirían La Seu Vella en un acuartelamiento militar.

Bajo el reinado de Carlos III, en mitad del siglo XVIII, la ciudad volvería a recuperar su imagen: se construye la nueva Catedral, y Blondel y el barón de Maials dieron a la ciudad una nueva forma urbanística acorde con el estatus de capital de provincia, realizando un nuevo estudio de agronomía.

Con la llegada de la invasión napoleónica en el siglo XIX, una vez más Lérida se verá envuelta en una reconstrucción, tras los destrozos provocados por esta guerra, Es a mitad de este siglo cuando comienza una nueva etapa para la ciudad con la llegada del ferrocarril en el año 1860, inaugurándose también en el año 1864 los jardines de los Camps Elisis. El arquitecto Josep Fontseré, en el año 1865, realiza el primer plano urbanístico del modernismo de la ciudad.

Los inicios del siglo XX traerán la reafirmación del Estado Catalán con la Mancomunidad de Cataluña, si bien la Guerra Civil (1936-1939) traerá nuevamente grandes destrozos en la ciudad, necesitando el esfuerzo de todos sus habitantes para lograr el crecimiento urbanístico, comercial y demográfico.

@LaReconquistaD

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