¿Es éste el momento de constituir el partido nacionalista riojano?

He de reconocer que me encantan las sobremesas. Entre cafeína, teína y fervor “chupitero”, siempre surgen conversaciones de lo más variopintas. A menudo, recuerdo la charla con un buen amigo que, en muchas ocasiones, deja caer la necesidad de constituir un nuevo partido, de carácter nacionalista riojano. “Si los vascos tienen el PN-V nosotros podemos constituir nuestro Coño-X”, pregona, entre trago y trago, en un lenguaje vulgar y soez. 

A mí, personalmente, me entra la risa ante tal ocurrencia, más si cabe cuando mi sentimiento globalista puede más que cualquier amor étnico regionalista. Considero que España tiene un pasado sólido y común que debe derivar en un futuro de prosperidad, de unidad y de estrechamiento de lazos entre todos los habitantes de nuestro país, independientemente de la provincia o región en que se habite. 

Sin embargo, hay ciertos momentos en los que no puedo dejar de acordarme de mi gran colega. Por ejemplo, cuando tengo que realizar un viaje, de ocio o profesional, mi sangre empieza a hervir y la “mala leche” comienza a ser la protagonista en mi cerebro y en mi vocabulario, diciendo cualquiera de los muchos disparates que admite nuestro rico idioma español. 

En coche, saliendo de La Rioja, prácticamente vayas donde vayas, hay que pagar un peaje si quieres utilizar una carretera de doble vía. Si te diriges hacia Bilbao, peaje. Si tu destino es Madrid, peaje. Que se te ocurre ir a Zaragoza o al Mediterráneo, peaje. La autopista riojana está claro que ha nacido con el fin de esquilmar el bolsillo de todos nosotros, por lo menos, hasta el vencimiento de la última nueva prórroga de la concesión, en noviembre de 2.026. Otras, como Cataluña, Comunidad Valenciana, Castilla León… ya los están eliminando.

Este cobro de peajes supone la pérdida de atractivo, tanto turístico como empresarial, para nuestra región. A ello se le une el aeropuerto de Agoncillo, con el “récord” de un vuelo diario y la mega estación de tren de Logroño, con el consiguiente soterramiento de vías, cuya enorme inversión, que ronda hasta la fecha los 200 millones de euros, tendría sentido, principalmente, si supusiese la llegada del tren de alta velocidad, cuestión que, a día de hoy, parece bastante improbable por más que nos lo quiera vender el PSOE.

Por todo ello y por mucho más, en ocasiones, visualizo la creación de un Partido Nacionalista Riojano (PNR). Con un único diputado, y a nada que la suerte nos acompañase, podríamos ser la llave del Gobierno de España. Mientras amenazamos con la independencia, pues hay que hacerlo para que te tomen en serio, podríamos exigir infraestructuras, lluvia de dinero extra con cargo a presupuestos españoles, mesas bilaterales, cesión de competencias, embajadas en el extranjero, blindaje lingüístico o de otro estilo que imposibilite la entrada como funcionarios públicos a personas provenientes de otras Comunidades, fiscalidad al consentido y utilizado estilo andorrano…

Para su constitución, y mayor atractivo del PNR, exigiremos en las escuelas el aprendizaje de la preexistente lengua camerana, confirmaremos científicamente que la sangre riojana corría por las venas de Don Pelayo al haber nacido en Varea, exaltaremos la ardua lucha que vivimos en la batalla de Clavijo del año 844 no solo contra los musulmanes sino también para la expulsión de los castellanos, revindicaremos como ley vigente los fueros del Reino de Nájera del año 1.020 y elevaremos a José Manuel Calzada y a Rafael Ibarrula a los altares del panorama musical internacional con nuestro nuevo himno nacional basado en su popular canción “Mi tierra es La Rioja”.

Lo peor de todo, es que vivimos en un país de auténtico disparate político, y cualquier ocurrencia, hasta la más absurda tiene cabida en el imaginario electoral. Y es esto lo que lleva, a que tengamos como algo normalizado que los desmanes de los partidos nacionalistas vascos, catalanes y gallegos, así como regionalistas cántabros, canarios, turolenses… sean los que realmente manden en un Parlamento español cuyo fin, se presupone, es gobernar y proteger los intereses del conjunto de España y de los españoles, no de unas regiones concretas.

Aunque parezca incomprensible nuestra ley electoral, posiblemente, la peor ley de este país y que tan trágicas consecuencias está teniendo en nuestro periodo democrático, es a lo que irremediablemente nos está abocando. La creación de reinos de taifas está a la orden del día, con partidos que no representan a la totalidad de españoles y que únicamente quieren a España para aprovecharse de ella mientras llenan sus bolsillos de forma insaciable e insolidaria.

La igualdad de los españoles puede conseguirse de dos maneras. La primera, es igualándonos en competencias y descentralizaciones, permitiendo que cada Comunidad Autónoma haga la guerra por su cuenta e incluso permitiendo la independencia de la misma, minimizando al máximo cualquier tipo de organismo de control común. La segunda, es igualándonos en derechos y deberes, sin que haya privilegios, dentro de un marco centralizador único, donde no haya ciudadanos de primera y de segunda.

Quiero creer que los grandes partidos nacionales pronto se pondrán de acuerdo, aplicarán el sentido común, reformarán la ley electoral y, poco a poco, recobraremos la unidad nacional ante un futuro donde se necesitará una gran cohesión para superar los obstáculos.

Si no lo consiguen, es cuando, por desgracia, tendré que dar la razón a mi amigo y el Partido Nacionalista Riojano comenzará a tener sentido en un país roto por las envidias, el egoísmo, la ignorancia y la tergiversación histórica. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *