Elon Musk se muda a Texas huyendo de la política californiana

El que ya es considerado el segundo hombre más rico del mundo, Elon Musk, no es el primer magnate de la alta tecnología que huye de los abusivos impuestos de California y de la forma de ver las cosas que existe en dicho estado.

Musk, de 49 años, ha vivido por 20 años en Los Ángeles, donde tiene su sede SpaceX. Tesla, la principal empresa del empresario, tiene su sede en Palo Alto, cerca de San Francisco, y su principal planta de fabricación de automóviles eléctricos está en la bahía de San Francisco, en Fremont.

Musk criticó a California en una entrevista reciente, diciendo que se había vuelto complaciente con su estatus de gigante económico y que, por tanto, es menos atractiva para él.

«Si en un equipo ha estado ganando durante demasiado tiempo, los jugadores tienden a ser un poco complacientes, un poco crecidos, y luego ya no ganan el campeonato». «California ha estado ganando durante mucho tiempo. Y creo que lo están dando un poco por sentado».

Lo cierto es que la costa californiana es la capital mundial del I+D, especialmente en todo lo relacionado con la informática. Pero también es verdad que, de unos años a esta parte, ha perdido atractivo.

Una California en decadencia.

En los últimos años, el llamado «white flight», ha venido convirtiéndose en un fenómeno creciente.

White flight se traduciría algo así como «huida del blanco» y sí, hace referencia a la emigración de muchos estadounidenses blancos hastiados o afectados de alguna forma de las políticas de izquierda, la inmigración ilegal o el crimen, tres fenómenos inherentes a los estados demócratas.

La emigración blanca y altamente cualificada se produce, por lo general, hacia estados más tradicionales donde los bajos impuestos y la seguridad se convierten en un reclamo para particulares y empresas.

California es uno de los estados más diversos e ideológicamente escorados a la izquierda en todos los EEUU. Aunque en las elecciones estatales y locales ganan candidatos del P. Demócrata (que muchos identificarían en España con PP o Ciudadanos), en ese estado, los candidatos de dicho partido tienen mucho más de socialistas que de liberales.

Si bien el Partido Demócrata de EEUU se ha venido identificando con el socioliberalismo y el liberalismo de izquierdas desde 1960, en los últimos 20 años, en estados como California y muy especialmente en ciudades cosmopolitas como San Francisco o Los Angeles, se mueve más en la socialdemocracia contundente y en la política identitaria y de minorías, que dentro de los cauces tradicionales del partido.

En la práctica, esto supone unos mayores impuestos para las empresas y autónomos. Esto es algo que a corto y medio plazo puede incrementar la recaudación y con ella las políticas sociales, pero que tiene efectos negativos en la contratación de trabajadores y creación de empresas, y, a largo plazo, convierte al estado que los impone en un sitio poco atractivo para la inversión.

https://www.youtube.com/watch?v=CrdTnQy0RHA&ab_channel=EconomiayDesarrollo

La radicalización del Partido Demócrata y de una gran parte de la ciudadanía en los entornos urbanos es innegable.

El «pack demócrata» en California no se limita a impuestos más altos.

Incluye también la imposición de cuotas raciales para las producciones cinematográficas; la adhesión público-privada a corrientes ideológicas como el #MeToo, que ha venido convirtiéndose en una caza de brujas en los últimos años; el uso obligatorio de condones en las producciones pornográficas; la existencia de un sinfín de normativas reguladoras que dificultan la creación de empresas y, quizá lo más sangrante; el apartheid ideológico cada vez más asfixiante en el mundo de la empresa y la universidad privadas.

En este último caso, la mitad oeste de California, donde vive el 80% de la población del estado, se ha venido convirtiendo en un territorio hostil donde tener pensamientos considerados «de derechas» puede acarrear un despido fulgurante de tu puesto de trabajo o de tu cátedra universitaria.

Esto último puede sonar a exageración o habladuría, pero, como ya documentaré en futuros post, esto es literalmente así.

No es ningún secreto a estas alturas y después de no pocos twitts polémicos, que Elon Musk no es una persona demasiado amiga del socialismo económico. En este sentido, Musk no anda tan lejos del resto de CEOs de Silicon Valley o de su archirrival Jeff Bezos (dueño de Amazon) quien se considera «libertario de izquierdas», es decir, de izquierdas pero partidario de bajos impuestos y escaso poder estatal.

La diferencia es que Musk es menos complaciente que ellos. No solo quiere pagar menos impuestos sino que, además, también es bastante crítico con la deriva neoizquierdista y casi autoritaria que ha tomado, más allá del aspecto económico, el Partido Demócrata en California o Nueva York. Estados donde las minorías y los lobbies de extrema izquierda, han impuesto su relato en todos los ámbitos sociales y laborales.

Texas, el estado más próspero de EEUU

Mientras que Texas no aplica impuesto de la renta sobre las personas físicas, California tiene uno de los más altos del país, situándose en este sentido más cerca de una socialdemocracia del norte de Europa, que de un estado promedio de los EEUU.

Los impuestos altos, sumados a otros problemas políticos de California ya comentados y a cierta pérdida de su hasta ahora atractivo debido a: incendios; escasez de agua en ciertas épocas; alta criminalidad en algunas zonas; el aumento de los sintecho (a pesar de las políticas socialistas o puede que precisamente por ellas); y cierta superpoblación consecuencia de la inmigración masiva; han convertido a estados como Arizona o Texas en la nueva tierra prometida dentro de EEUU.

Un título, este último, que venía ostentando California desde finales del siglo XIX, cuando se encontró oro en sus minas y ríos.

Una decisión a todas luces meditada.

Para Musk, huir de California, donde tiene 5 hijos con una de sus ex mujeres, no supone un gran problema. El magnate cuenta con lujosos aviones privados que le permiten estar continuamente viajando de un sitio a otro.

La decisión seguramente no ha sido tomada de la noche a la mañana. Elon lleva meses criticando la actuación de California respecto a la pandemia y su política de confinamientos para contenerla.

Precisamente este verano, Tesla ha empezado a construir su quinta gigafábrica de baterías y coches eléctricos cerca de Austin, capital del estado de Texas.

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