Elecciones EEUU 2020. Por qué creo que Trump tiene opciones reales de salir reelegido

Hace meses que la mayor parte de las encuestas norteamericanas nos dan a entender que Biden tiene prácticamente ganadas las próximas elecciones presidenciales del 3 de noviembre.

Los artículos de prensa que se publican en España acerca del tema van en esa misma línea. Además, como por lo general los medios españoles de izquierda y derecha son de clara tendencia pro Biden, nos dejan caer que contra un «loco» como Trump no cabe otra posibilidad que una contundente victoria.

Lo cierto es que durante marzo y abril, las encuestas eran bastante benévolas con Trump, la popularidad del presidente estaba indiscutiblemente en alza.

El coronavirus todavía no había puesto a EEUU en graves apuros, el presidente promovió generosas políticas sociales y estímulos para combatir sus efectos y, bueno, los resultados económicos durante estos cuatro años de gobierno republicano han sido, a priori, muy positivos.

Trump ha sido capaz de bajar enormemente los impuestos, estimulando el consumo y la creación de empresas, reduciendo el paro a su mínimo en décadas y manteniendo, al mismo tiempo, unas potentes inversiones públicas en infraestructuras (que hace 4 años estaban en muy malas condiciones) a lo largo y ancho del país.

Pero lo más impresionante, es que todo eso ha sido posible sin apenas acrecentar la deuda pública de Estados Unidos, que se mantiene en niveles muy similares a los de la segunda legislatura de Obama.

Por si esto fuera poco, ha cumplido, en cierta medida, su promesa de traer de vuelta capitales y fábricas deslocalizadas en terceros países. Eso sí, no ha podido evitar que algunas de ellas se roboticen en el proceso.

Por otra parte, parece innegable que los meses de recesión por coronavirus y protestas raciales y antisistema alentados por la prensa han terminado pasando factura.

Si bien es cierto que la práctica totalidad de encuestas llevan desde el mes de junio dando como ganador a Biden, por un margen de entre 5 y 10 puntos de media, la realidad es mucho más compleja.

1. Sí, en voto popular lo más probable es que Biden vuelva a imponerse como ya lo hizo Hilary hace 4 años.

Pero resulta que eso no importa, en las elecciones de EEUU lo que cuentan son las circunscripciones-estados y el número de senadores y congresistas que salen de estos.

Y resulta que la supuesta ventaja de Biden sobre Trump en los estados en disputa (swing state) que son los que deciden las elecciones, es mucho menor que en las encuestas a nivel nacional. Hilary perdió las elecciones hace 4 años ganando por 2 o 3 puntos en voto popular, nada impide ahora que Biden las pierda ganando por 4-6 pero perdiendo precisamente en los swing states.

2. Debemos tener en cuenta que, salvo Fox News, el resto de grandes medios informativos tienen una tendencia claramente demócrata, cada vez más izquierdista, por cierto, en las grandes ciudades. En este sentido es importante, por tanto, identificar el sesgo de las encuestas, que recordemos que hace 4 años ya estuvieron muy desatinadas.

3. Aunque Biden es, en teoría, un candidato socioliberal, centrista, que en Europa occidental militaría seguramente en el Partido Popular o alguna fuerza liberaldemócrata como Cs, en EEUU no lo es tanto.

Dando por sentado que contra un candidato de alt right beligerante y agresivo como Trump, los votos liberales y centristas ya los tiene asegurados, Biden lleva meses tratando de cortejar a los millones de jóvenes izquierdistas, consiguiendo asustar a algunos centristas que ven con miedo la radicalización de una parte del Partido Demócrata.

En virtud de lo anterior, la candidata a vicepresidenta, Kamala Harris está bastante más escorada a la izquierda que Biden, demasiado para el norteamericano promedio.

Estos jóvenes antes mencionados, odian a Trump y al partido republicano, pero tampoco se sienten representados por liberales como Biden o Clinton. A pesar de su animadversión al Partido Republicano, muchos ya se quedaron en casa hace 4 años porque votar a una capitalista socioliberal como Clinton les resultaba imposible.

Por hacer la analogía con España, estos jóvenes serían lo que nosotros conocemos como podemitas o socialistas gauchistas (marcadamente de izquierdas). Algunos, un número considerable en los grandes entornos urbanos, van más allá y se adhieren a movimientos comunistas o antisistema (algo insólito en la historia de Estados Unidos hasta hace poco).

Por tanto, ver a las juventudes izquierdistas votar a Biden, es como ver al equivalente nuestro de joven podemita, votar por Rajoy. Algo así como ver en Francia a un votante de Francia Insumisa (extrema izquierda), votar por Macron o Fillon únicamente por frenar a Le Pen.

El caso es que las políticas de corte cultural o ideológico del establishment demócrata que Biden representa, se van acercando a las de la cada vez más radical mitad izquierda del Partido Demócrata, donde ya hay cargos electos abiertamente marxistas tales como Alejandra Ocasio Cortez (AOC).

Esto significa que, para el Partido Demócrata, ganar en estados tan conservadores o, cuanto menos, liberales, como Florida, Ohio o Carolina del Norte, se torna complicado incluso cuando el contrincante es alguien tan ideológico como Trump. Líder republicano que en otra época hubiera espantado a cualquier centrista pero que en tiempos tan convulsos como los actuales, puede ser visto como un freno contra el avance del socialismo.

Recordemos en este sentido que la comunidad hispana del estado de Florida es profundamente anti comunista ya que está compuesta en gran medida por cubanos, puertoriqueños y centroamericanos, muchos de ellos emprendedores, que llegaron a EEUU huyendo de dictaduras o políticas socialistas.

4. Las encuestas en EEUU no saben calibrar bien el voto «independiente», es decir, el de los votantes no registrados previamente en el censo como votantes republicanos o demócratas (un arcaísmo del sistema electoral estadounidense).

Estos «independientes» tienen mayor tendencia a votar a los republicanos pero no siempre lo reconocen públicamente.

En el caso de las grandes ciudades dominadas por los demócratas donde incluso gobiernan demócratas de izquierda (Nueva York, San Francisco o Seattle), muchos votantes republicanos se registran como independientes por miedo a sufrir represalias sociales o laborales de algún tipo.

Es decir, que el día de las elecciones, veremos como estados que ahora aparecen como claramente demócratas en las encuestas o en los sondeos y en los pre conteos del voto por correo, terminarán estando mucho más ajustados e incluso podrían bascular finalmente hacia el lado republicano.

5. En estados como Ohio, Wisconsin o Michigan, Trump ya está en muchos sondeos y estimaciones de voto por correo cerca o incluso por delante de Biden. Teniendo en cuenta que el Partido Demócrata tiende a tener mucho mejores resultados que el republicano (incluso en estados que luego terminan cayendo claramente en lado republicano el día de las elecciones) en este tipo de voto anticipado por correo, esto se traduce en un buen augurio para Trump.

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En Florida, donde los demócratas han arrasado en voto por correo, se ha visto ya que el voto anticipado en persona (no por correo) es mayormente republicano. Asimismo la ventaja demócrata en el voto por correo es poco significativa, de momento solo ha votado un tercio del electorado.

En el condado más pro demócrata de Florida, Miami-Dade, hace 4 años Hilary Clinton arrasó, mientras que este año los resultados parece que van a estar mucho más ajustados.

En Pensilvania, el swing state o estado en disputa más importante junto con Florida, la ventaja demócrata en el voto anticipado es considerable (hace 4 años Trump ganó por la mínima). Pero el número de votos no es lo bastante masivo como para que los republicanos puedan darlo ya por perdido.

6. Según la encuestadora RealClearPolitics, poco sospechosa de Trumpista, la ventaja de Biden sobre Trump en los swing states es semejante, e incluso estos días pasados ha venido siendo menor, que la de Clinton sobre Trump hace 4 años.

7. La reciente estrategia de los demócratas, capitaneados por Nancy Pelosy, de bloquear las políticas de estímulo y reconstrucción nacional de Donald Trump, no ha tenido buena acogida entre los votantes independientes.

8. Tras 4 años de gobierno republicano, los detractores de Trump (casi la mitad del país), ya no lo ven con el mismo miedo que en 2016, cuando para los medios parecía una victoria republicana podía significar el fin del mundo a muchos niveles.

Pero no, no ha sido el fin del mundo.

-Con Trump, EEUU ha continuado haciéndose más eco sostenible. Uno de los mayores temores de los votantes demócratas era que Trump entorpeciera la transición ecológica, pero a pesar de su salida de ciertos tratados internacionales que comprometían la economía del país, no ha sido así.

-Con Trump el desempleo entre los afroamericanos ha descendido a mínimos históricos (un temor de esta comunidad en 2016 era que el nuevo presidente se olvidara de ellos).

-La gestión económica ha sido eficaz.

-A nivel geopolítico y a pesar del carácter cambiante, agresivo y alocado de Trump, EEUU ha hecho más por la paz en el mundo estos 4 años que en 15 anteriores. No en vano, ha sido propuesto como premio nobel de la paz.

9. Las concesiones a los votantes más religiosos en los estados de la América más profunda y la vicepresidencia de Michael Pence han dejado satisfecho al electorado más conservador y religioso.

10. La particular y ecléctica ideología nacional-conservadora, liberalista moderada, moderadamente proteccionista, anti socialista y alt right de Trump entusiasma a la inmensa mayor parte de la derecha americana y las bases del Partido Republicano.

Solo políticos conocidos vulgarmente como «rinos» tales como Jeb Bush, Mitt Romney o Colin Powell, que no representan prácticamente a ningún votante republicano como ya se pudo constatar entre 2012 y 2016, han declarado una guerra ideológica sin cuartel a Trump. Algunos de estos políticos ya han hecho como el magnate (y genial alcalde Nueva York hace dos décadas) Michael Bloomberg y se han pasado al ala moderada de los Demócratas. Pero ya se está viendo que allí tampoco van a tener una gran aceptación.

11. Los últimos comentarios de Biden y otros demócratas acerca de la industria del petróleo no van a sentar muy bien en los estados del centro-noreste de EEUU (Michigan, Wisconsin, Ohio o Pensilvania), conocidos como rush belt o cinturón del óxido, en referencia a su potente industria, altamente dependiente del petróleo.

EEUU es uno de los mayores exportadores y consumidores de petróleo del mundo, su economía depende del crudo.

Lo mismo ocurre en la zona de sureste (Montes Apalaches, West Virginia, Virginia, Carolina del Norte…) con respecto al carbón. Y en esta región hay que tener en cuenta también la idiosincrasia profundamente religiosa y patriótica de sus habitantes.

En general, el discurso ecologista, a veces algo radical, del P. Demócrata, contrario a prácticas como el fracking, no sienta demasiado bien entre la población obrera (históricamente vinculada al P. Demócrata a través de los sindicatos liberales) de los estados con economías vinculadas a la industria de primera y segunda revolución (aunque bueno, luego a la hora de la verdad, gran parte de este discurso radicalmente ecologista queda en nada).

Millones de puestos de trabajo y modo de vida obreros dependen de la preservación de la industria tradicional. Los obreros votan mejores salarios y mejores condiciones de vida, no discursos «pijos» sobre ecología, «género» o diversidad étnica.

12. Obreros y campesinos tampoco son partidarios de la política mega inmigracionista del P. Demócrata, pese a ser EEUU un país de inmigrantes, en algunos sectores empieza a cundir la sensación de que la nación ya está consolidada y no necesita seguir con los grandes flujos inmigratorios de los últimos dos siglos.

Los republicanos empiezan a tener un discurso menos pro inmigracionista que en tiempos pasados. Eso les da votos entre no pocos obreros y campesinos blancos, aunque les aleja de las minorías y jóvenes cosmopolitas.

Aunque existe una gran comunidad afroamericana en EEUU (13% de la población) que vota siempre demócrata en un 90% y es muy fan de centristas subsidiadores como Clinton o Biden, los afroamericanos de los estados sureños (dos de cada tres negros de EEUU viven en estas regiones), son personas bastante conservadoras y no ven con buenos la izquierdización de los demócratas ni las propuestas de Biden de legalizar a 11 millones de latinoamericanos indocumentados. Ilegales que compiten con los negros por los mismos trabajos poco cualificados a cambio de salarios muy bajos.

Hoy en día, la mayor parte de los nuevos inmigrantes ya no son europeos, sino asiáticos y chicanos, y eso no es algo que agrade excesivamente a las poblaciones blancas y afroamericanas más tradicionales y menos cosmopolitas, que ven como la identidad del país que siempre han conocido, cambia con el paso de los años.

No debemos obviar el factor racismo, la xenofobia o el rechazo al islam, que por cierto, contrariamente a lo que establecen los SJW (guerreros de la justicia social), no son cosa solo de blancos protestantes.

13. Biden es un candidato que no gusta. Aunque no levanta la misma animadversión que Trump entre sus detractores, Biden no entusiasma a casi nadie. Y esto, en un país en el que normalmente no se molesta en ir a votar ni un 60% del censo, es un problema.

Tampoco va a ayudar a Biden ser casi un octogenario con ciertos síntomas de demencia senil y manifiesta falta de agilidad mental.

Y por supuesto, no debemos olvidarnos de los problemas de corrupción de su disruptivo hijo Hunter. A pesar de los intentos de twitter y otras redes sociales por ocultarlas, hay ciertas pruebas que vinculan a Biden con varios de estos escándalos, como bien aclaró el otro día el jefe de la Inteligencia estadounidense.

14. El movimiento de izquierda radical BLM, la extrema izquierda antifa y las protestas raciales de los últimos meses, han encendido a los votantes urbanitas y pertenecientes a minorías étnicas en contra de Trump.

Pero también han escandalizado a muchos centristas e independientes, que no dan crédito a que los medios de comunicación, especialmente los más izquierdistas, justificaran todo tipo de asaltos, robos, crímenes, insurrecciones armadas, violencia contra blancos, manifestaciones violentas o cortes de tráfico por parte de los movimientos negros y de extrema izquierda.

Cualquier persona bien informada sabe que los axiomas del movimiento BLM, fundado por marxistas y supremacistas negros, son erróneos cuando no directamente mentiras descaradas.

Los datos sobre violencia policial son públicos y por mucho que nos esforcemos en ver el traje del emperador, este va desnudo. Los datos dejan muy claro que en EEUU no existe ningún tipo de violencia institucional contra los afroamericanos. Si acaso, existe violencia estructural dentro del pueblo afroamericano (son el 13% de la población y cometen más del 50% de los crímenes).

Como bien apuntó en su día el Dr. Martin Luther King, el pueblo afroamericano debe hacer autocrítica, exactamente igual que el blanco en su momento. Urge mejorar lo que funciona mal y hacer un esfuerzo por adaptarse al sistema y no al revés, como viene ocurriendo desde 1970 sin que nadie se atreva a cuestionarlo por miedo a ser tachado de racista.

Hay que reconocerle a Trump haberse atrevido a ir en contra de la injusta y mal llamada «discriminación positiva» en las universidades, aunque no ha hecho lo propio con los subsidios y ayudas al desarrollo de la comunidad negra.

15. Según Rasmussen, Trump tiene una ratio de aprobación del 52% a 10 días de las elecciones.

Incluso con coronavirus de por medio, la creación de empleo en EEUU está a la orden del día y gran parte de la caída de los republicanos en los sondeos se debía simplemente a la crisis de estos meses debido a la pandemia.

A la recuperación republicana en los sondeos ha contribuido también el segundo debate electoral de estos comicios, en el que el vicepresidente Michael Pence derrotó (y muy sobradamente) a la candidata a vicepresidenta Kamala Harris (siendo reconocido este resultado incluso por los mass media más a la izquierda).

En definitiva y para terminar, la noche del día 3 de noviembre puede terminar pasando cualquier cosa. Nada está escrito.

Para Europa esas elecciones son tan trascendentales como unas elecciones propias en Francia, Italia o Alemania. Lo que ocurre en EEUU nos influye enormemente en lo económico, pero también en todo lo demás.

La guerra de los aranceles o nuestro gasto en la OTAN dependerá de quién gane en EEUU. En este sentido y siendo egoístas, seguramente nos convenga más un débil Biden que un beligerante y duro negociador como Trump.

La libertad de expresión en las redes sociales depende en gran medida de una futura victoria de Trump, que piensa obligar a las grandes compañías a respetar la neutralidad en la red.

El sesgo actual de Google y de todas las rrss en contra de todo lo que huela a derecha está fuera de toda duda.

La batalla cultural entre varios paradigmas dominantes o alternativos a los dominantes: globalismo vs nacionalismo; marxismo cultural vs cultura occidental clásica; moral cristiana tradicional vs moral liberal vs moral neomarxista; proteccionismo vs librecambismo… se juega en EEUU antes que en cualquier otro lugar.

Pero casi tan importante como la lucha por la presidencia es la pugna que está naciendo ahora mismo en las entrañas del Partido Demócrata, más dividido que nunca en su larga historia.

Los demócratas se debaten entre seguir siendo el partido moderado de centro/centro-izquierda y centro-derecha socioliberal y progresista que se fraguó a partir de Roosevelt y sobre todo, ya con Kennedy y los movimientos civiles en la década de 1960, o convertirse en una formación de nueva izquierda, entre la socialdemocracia progre de Sanders o De Blasio y el socialismo abiertamente radical de OAC, Oliver Stone, Michael Moore y otras personalidades.

Esta segunda opción no parece capaz de llegar al poder (a nivel federal), en un país tan escorado a la derecha como EEUU, pero va adquiriendo cada vez más fuerza en las grandes ciudades y áreas multiculturales deprimidas, en las que ya gobierna el sector izquierdo del P. Demócrata con dramáticos resultados.

Incluso si gana Biden, el poder republicano en el senado va a ser grande, puede que mayoritario y el Tribunal Supremo seguirá bajo su control durante al menos 1 año de los dos que quedarían para las midterm (suponiendo que Biden sea capaz de iniciar la reforma para destruir la actual mayoría republicana). Es decir, los demócratas tendrían una legislatura muy poco desahogada y las manos muy atadas.

Lo que está claro es que, salvo debacle republicana de última hora derivada del coronavirus, la batalla por la presidencia del país más poderoso del mundo, va a estar más reñida de lo que los mediocres mass media españoles están dejando entrever.

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