El ‘Revillagate’ se vuelve contra Cantabria

Sin duda, el presidente cántabro y su tropa de asesores sanitarios son unos de los que peor han gestionado en España la crisis sanitaria. Miguel Ángel Revilla, prorrogó 14 días más el cierre de la hostelería y, horas después, acudió a un reservado en el interior de un restaurante a comer y disfrutar de los puros que le han dado fama. Hasta en su libro alardea de ellos y de la manía que los tenía el líder del PP.

Al presidente cántabro le faltó tiempo para criminalizar a los hosteleros por sus protestas ante las restricciones al sector. Lo grave es que acusaba sin pruebas a los partidos políticos de alentar esas. Pretendía, como mal político y peor gestor, hacerse pasar por una víctima tras la polémica que generó su felonía e incumplimiento de las restricciones en un restaurante de Santander

El presidente de la Asociación de Hostelería de Cantabria aclaró perfectamente lo que se viene conociendo como «REVILLAGATE». Sólo le faltó decir a Revilla que habían «identificado a los terroristas que (…) me grabaron mientras comía en el interior de un restaurante y fumaba un buen puro a costa de los cántabros». El todavía presidente cántabro empezó por acusar a la extrema derecha incidiendo en que estaba sometido “al acoso de una minoría». No debió de pararse a pensar que, por su mala cabeza y peores decisiones, los cántabros estaban ahogados y con unas previsiones de futuro poco halagüeñas. Transcurridos unos meses ahí están los resultados y hasta los madrileños huyen de Cantabria siguiendo los deseos del ‘anchoas’. Nadie duda de que Miguel Ángel y su gobierno han sido los únicos y mayores responsables del fracaso de la temporada estival en Cantabria. ¿Y ahora pretende alejarse de Sánchez, tras haberle dado apoyo hasta en las insensateces no planificadas por el Gobierno central?

Mientras cientos de familias han visto hundirse sus negocios por el maltrato del Gobierno cántabro a la hostelería, el señor Revilla nunca ha dudado en saltarse las normas impuestas por él mismo, comiendo y fumando en un espacio cerrado reservados. ¿Así lo celebra, Revilla? ¡Qué poca vergüenza!  ¡Qué falta de valores democráticos!  ¡Qué ética más laxa que ni siquiera él asume ni respeta? No me sorprende que se iniciara en España una campaña nacional:  #RevillaDimisión

Revilla incumplió por completo y mintió, aunque después se desdijo. Se considera terraza a “todo espacio no cubierto o todo espacio que, estando cubierto, esté rodeado lateralmente por un máximo de dos paredes, muros o paramentos”. En el caso del incumplimiento del señor Revilla había paredes por los cuatro lados, era un recinto cerrado con candado y había premeditación, alevosía, traición a la hostelería, felonía y dejadez de funciones. Juzguen ustedes.  

Hay que ver hasta dónde hemos llegado con este personaje: cierra el interior de los locales de hostelería, excepto para su propio disfrute. Parece creerse por encima del bien y del mal. Se salta sus propias leyes mientras miles de familias están en la ruina por sus arbitrarias decisiones. Ya nos hemos reído bastante con eso de regalar anchoas a costa del erario público y sobaos en las teles, mientras ahoga a su comunidad, cerrando el interior de la hostelería en la que él y sus adláteres se pasan las restricciones por el arco del triunfo. Criticó a la ‘Joya madrileña’, Díaz Ayuso, y ahora las cañas se le han vuelto lanzas.  

Confieso que, después de casi cuarenta años estudiando el terrorismo de la banda asesina vasca, nunca había visto un desprecio a las víctimas del terrorismo como el que ha hecho Miguel Ángel Revilla. No me cansaré del #RevillaDimisión que tan extendido está. Pero ahí no queda todo: Revilla dijo que pediría protección frente a los hosteleros y que ni con ETA se lo planteó. ¡Hay que ser retorcido para decir y hacer algo así! En fin, arrieros somos y las elecciones están a la vuelta de la esquina.

No sé si estaba llamando “terroristas” a los hosteleros, pero entre líneas así se puede interpretar. Posiblemente, comparar a los hosteleros cántabros con terroristas etarras, haya sido la gota que colme el vaso. No se cansaba de decir que había sufrido «ataques y escraches» alentados por «algún partido de extrema derecha», por ser un «objetivo a batir». Incluso insiste en que «estaba indefenso, al no llevar escoltas ni en la época de ETA».

No le podemos consentir que se haga la víctima frente a los hosteleros, a quienes ha hundido personal y profesionalmente. Merece ser apuntado con el dedo índice allí donde acuda, aderezado con el grito de ¡Revilla, DIMISIÓN!

Si nos miente así en este tema, no quiero ni pensar hasta dónde puede llegar en temas de más calado. ¿Cómo mentirá para tapar un chanchullo? Un tuitero cántabro decía, cuando Revilla condenó a Cantabria, que “su palabra vale lo mismo que una declaración de amor del ‘Coletas’”. Veamos: si Revilla se salta las normas, díganme qué impide a los hosteleros de Cantabria actuar de igual manera. Resultado: la hostelería demuestra dignidad, Revilla demuestra…escriban ustedes la adjetivación o sustantivación.

Pedir una rebelión general contra Revilla sería lo fácil, y también lo más acertado. Pero lo mejor que se puede hacer contra este tipo de personajes es empezar a ignorarlos y, llegado el momento de las urnas, enviarlos a freír espárragos o a otros lugares menos atractivos.

Señor Revilla: se ha servido veinte años de Cantabria. No se le recordará por ser presidente sino por su felonía y su barata demagogia. En mi tierra se suele decir que podrás hacer mil veces el bien, pero como mates un perro, ya siempre te conocerán como “El mataperros”. Al tiempo.

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