El Partido Verde alemán está decidido a destruir Reinhardswald, uno de los bosques más emblemáticos de Alemania

Si hay un bosque alemán famoso internacionalmente, más allá de la selva negra del estado de Baden-Wurtemberg (suroeste de Alemania) ese es el hermoso bosque de Reinhardswald (Kassel) en el estado de Hesse (centro geográfico de Alemania). Sobre este bosque han escrito poetas y novelistas. También ha servido de inspiración para los dos autores de cuentos infantiles más famosos de todos los tiempos: los hermanos Grimm.

Ahora, o mejor dicho, desde hace ya varios años, el Partido Verde– tercera fuerza en el país y actualmente aliado de Gobierno del Partido Liberal y del gobernante Partido Socialdemócrata- está decidido a arrasar con la citada foresta.

Llevados a ello por una histeria climática sin precedentes y por la ridícula decisión de Merkel en 2011 de abandonar la energía nuclear en solo 10 años, este partido y sus socios quieren permitir construir un gran parque eólico en Reinhardswald, así como una carretera que permita acceder al mismo.

El Gobierno de la región de Kassel aprobó la semana pasada la instalación de 18 aerogeneradores de 241 metros de altura en Reinhardswald, lo que supone la primera fase del mencionado proyecto.

La ministra regional de Medio Ambiente, Prizka Hinz, pertenece al Partido Verde y se ha manifestado en contra de quienes se oponen al parque eólico. Hinz defendió la instalación de los aerogeneradores con estos argumentos:

La energía eólica contribuye al cambio de modelo energético y, por tanto, a la preservación de la naturaleza. Sin una política climática comprometida pronto no habría más bosques.

La justificación puede sonar un tanto ridícula, pero resulta novedosa en la hipócrita política germana.

La acelerada y radical deriva de abandono de la energía nuclear y de los combustibles fósiles en un lapso increíblemente corto de tiempo, se ha visto intensificada ahora que los verdes han llegado al gobierno federal- hasta ahora solo cogobernaban algunos landers en el oeste y suroeste del país- está llevando a que el país germano destine cada vez más espacio de sus territorios a parques solares o eólicos.

Normalmente, los centros de generación de energía limpia y renovable se emplazan en colinas despejadas, terrenos yermos, zonas de agricultura de escasos rendimientos o incluso a un par de millas náuticas de la costa norte del país. No obstante, en otros casos, los proyectos se llevan a cabo sobre terrenos naturales de gran valor ecológico, turístico y paisajístico con la connivencia de los principales partidos.

Este caso es especialmente sangrante, pues el bosque de Reinhardswald no solo es de gran belleza, es uno de los más valiosos de Alemania a nivel de biodiversidad y turismo más allá de los alpinos y boscosos estados del sur del país. Este entorno tiene un gran valor sentimental para muchos alemanes desde época del romanticismo.

Las organizaciones ecologistas, así como vecinos de Kassel, han venido declarando su oposición frontal a las obras. Muchos otros alemanes parecen también estar en contra, empezando por las formaciones y agrupaciones nacionalistas que consideran el bosque prácticamente un lugar de culto. Pero… ¿está en manos de los no conformistas parar la consecución del ya aprobado proyecto?

Una lucha complicada y contrareloj

El plan del parque eólico lleva diez años sembrando la discordia, especialmente entre los vecinos de la zona, contrarios a que los molinos industriales destrocen el paisaje y acaben con un entorno que es refugio de especies protegidas y atracción turística.

La empresa detrás del proyecto, EAM Natur, argumenta que la zona donde se instalarán los aerogeneradores no pertenece a los espacios «más singulares» del bosque. Asimismo, señalan que «sólo» tendrán que talarse 250 hayas y robles sanos (los no sanos parece ser que no los cuentan).

Desde el Gobierno, del que forman parte Los Verdes, afirman que se ha elaborado un «estudio exhaustivo» para que el proyecto sea respetuoso con el entorno.

Los vecinos, comerciantes y ecologistas, agrupados en distintas asociaciones, han asegurado que seguirán batallando después de que los años de quejas locales hayan terminado siendo desoídas.

Según la plataforma ciudadana Rettet den Reinhardswald, muy contraria al proyecto, la zona elegida es de «vientos bajos». El Gobierno, por su parte, estima que los aerogeneradores servirán para abastecer de energía a 75.000 hogares.

Desde el citado colectivo, ponen sobre la mesa datos incómodos, como los kilómetros de autopista que habría que construir para llevar hasta su lugar las descomunales piezas de los aerogeneradores, lo que también supondría una tala de árboles añadida que no viene contemplada en las cifras oficiales. Tampoco pueden olvidarse las consecuencias de los cientos de camiones en las inmediaciones del bosque y las enormes dimensiones de los molinos, que estropearían para siempre el paisaje.

Por ahora, el único hecho que invita al optimista es que los frentes en la administración y en los tribunales para tratar de detener las obras sigue abiertos. Principalmente gracias a las plataformas Naturschutz Initiative y la Schutzgemeinschaft Deutscher Wald.

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