El Partido Nacional Escocés quiere un nuevo referéndum a toda costa

Tras haber consolidado el control de su partido, Sturgeon parece decidida y ha publicado el borrador para un nuevo referéndum independentista en los próximos años.

Esto contradice la voluntad del premier británico, Boris Johnson, que, como el resto del Partido Conservador, quiere dejar aparcado el tema de la independencia por, al menos, 100 años.

Nicola Sturgeon, la líder independentista tras la dimisión y caída en desgracia de Alex Salmond, ahora denunciado por acoso sexual y denostado incluso por algunos de sus viejos camaradas de partido, ha prometido una nueva consulta una vez superada la pandemia.

Asimismo, Sturgeon se ha aventurado a vaticinar que esta será posible durante los primeros años de legislatura que comienza tras las elecciones del próximo mayo de 2021.

Lo que Sturgeon, cada vez más en manos del sector radical de su partido, parece no asumir, es que ningún referéndum secesionista es legal y vinculante en Reino Unido sin el apoyo del parlamento británico en su conjunto. Y es un hecho que Boris Johnson y sus tories se niegan en rotundo.

La líder de los secesionistas trata de jugar la carta del amparo de la Unión Europea, entidad que, según Sturgeon, de alguna forma podría validar y hacer vinculante la consulta aún sin el apoyo del Parlamento Británico.

Referéndum hecho a medida.

El borrador plantea que en la consulta la pregunta sea clara y dual, sin términos medios o soluciones intermedias.

Los votantes solo podrán elegir entre ‘sí’ o ‘no’ a la pregunta «¿debería Escocia ser un país independiente?».

También se pretende que los extranjeros residentes en Escocia tengan derecho a voto. Al fin y al cabo, los separatistas asumen que los extranjeros son, por lo general, personas jóvenes, sin sentimientos hacia el Reino Unido, a menudo con una economía precaria, y más proclives a identificarse con un partido socialdemócrata como el PNE que con fuerzas más conservadoras.

La lección histórica es clara: un independentista nunca va a tener bastante.

La historia ha demostrado en infinidad de ocasiones que un referéndum no aplaca los deseos de independencia de la región en la que tiene lugar dicha consulta. Por el contrario, celebrar un referéndum supone abrir la caja de Pandora, y da a entender al conjunto de la población que la secesión de uno o más territorios va a ser siempre una opción.

De nada sirvió aquel referéndum de 2014, en el que el unionismo ganó por un margen bastante menos estrecho del que vaticinaban la media de encuestas.

De nada sirvió la promesa de Salmond y los independentistas escoceses de aceptar el referéndum y asumir que no se podría celebrar otro en, como mínimo, 100 años.

La salida de Reino Unido de la Unión Europea en 2016, que no se ha hecho efectiva hasta 2020, ha servido como excusa para que en apenas dos años los separatistas de Escocia exijan nuevos referéndums.

Los independentistas están aglutinados en torno al socialdemócrata Partido Nacional Escocés, suponen en torno a la mitad de la población del censo electoral, y son primera fuerza en la mitad-incluidas las provincias más densamente pobladas- del territorio nacional de Escocia (a diferencia de como ocurre en Cataluña o País Vasco, donde los independentistas son mayoría en la mayor parte de municipios y comarcas).

Al igual que pasó en la provincia canadiense de Quebec, los independentistas escoceses nunca se van a dar por vencidos. Estos tienen como principal axioma ideológico la creencia de que Escocia debe quedar fuera del Reino Unido y que de esa forma le irá mejor como país. Nada les va a hacer renunciar a ese ideal. Solo un desplome de su peso electoral puede traer consigo paz y reconciliación social en aquellos territorios donde proliferan los deseos de independencia.

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