El nacional-conservador Yoon Suk Yeol se convierte en presidente de Corea del Sur. Promete reforzar el Ejército y la alianza con Japón y EEUU, también luchará contra el feminismo

El aumento de las tensiones entre las dos Coreas de los últimos años, la crisis inmobiliaria, las restricciones, la crisis asociada a la pandemia o el miedo a Rusia y a China son algunos de los factores que han propiciado el triunfo (ajustado) de Yook Suk Yeol en estos comicios en Corea del Sur.

Corea del Sur es considerado el país más «occidental» de todo extremo oriente junto con Taiwán y Singapur y esto se refleja en sus campañas electorales, que recuerdan más a las de EEUU que a las de buena parte de los países de su región.

Esta campaña electoral ha estado marcada por la geopolítica, la lucha cultural y las distintas crisis económicas y de suministros, aunque también por cierto avance del populismo político por parte de los distintos partidos.

Estos comicios presidenciales han contado con una participación estimada del 77,1% (una décima menos que las elecciones de 2017) y se han decidido por solo unos 260.000 votos de diferencia.

Mientras que el principal candidato liberal-centrista, Lee Jae-myung, se presentaba con propuestas tan hilarantes como la de convertir los tratamientos de alopecia en un asunto de salud pública, el candidato vencedor puso sobre la mesa llevar a cabo un despliegue de armas nucleares estratégicas como contestación al programa nuclear llevado a cabo por el vecino y eterno enemigo norcoreano durante el último lustro.

Giro contundente a la derecha

Tras una campaña en la que no han faltado insultos y descalificaciones personales entre ambos candidatos, Yoon será presidente durante los próximos cinco años en sustitución del liberal Moon Jae-in. Esto supone un giro considerable a la derecha que rompe los ciclos de diez años de alternancia entre liberales moderados y progresistas, algo que venía sucediendo desde que el país recuperó la democracia en 1987.

El actual presidente entrante desarrolló una exitosa carrera como fiscal durante 25 años, a lo largo de la cual sentó en el banquillo a algunas de las figuras más poderosas del país, logrando penas de cárcel por corrupción para los expresidentes Lee Myung-bak y Park Geun-hye, destituida del cargo en 2017.

Yoon ha parecido capitalizar el descontento que deja Moon en buena parte de la población por la crisis inmobiliaria, el aumento de la temporalidad y la desigualdad o el cansancio por las persistentes restricciones anti-covid, que aún siguen activas y dañan profundamente a las pymes.

Las líneas directrices del programa de gobierno del nuevo presidente pasan, entre otras cosas, por rechazar en gran medida las influencias woke que llegan desde occidente, así como el feminismo político de cuarta ola y otras derivas de nueva izquierda.

En campaña Yoon apeló en campaña al voto del creciente movimiento antifeminista del país, asegurando que las mujeres de Corea del Sur «no sufren de discriminación de género sistémica» y prometiendo abolir el Ministerio de Igualdad.

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