El Ministerio de la verdad

Y la bomba explotó. Sí, una más, pero esta vez parece que se confirma: la información tal y como la conocíamos toca su fin y, tal vez, la libertad también.

Esta semana hemos podido asistir a uno de esos golpes en la mesa que es capaz de dar este Gobierno. Exacto, la creación de lo que ellos denominan “Comité de la desinformación”. Para tratar este tema vamos a partir de algo básico como es el artículo 20 de la Constitución Española (esa norma suprema del ordenamiento jurídico español que últimamente se respeta tan poco desde Moncloa).

En dicho precepto se proclama el derecho “a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio” y se afirma que “el ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa”. ¡Bingo! Justo lo mismo que lo que viene a defender el Gobierno, ¿verdad?

Conviene aclarar, no obstante, que la creación de este “comité” es la guinda a un proyecto que comenzó a fraguarse hace tiempo.

Concretamente en tiempos de José Luis Rodríguez Zapatero. Podríamos decir que él fue el promotor de este entramado que podríamos denominar como “Ministerio de la Verdad”. Así es, Zapatero aprobó durante su legislatura la Ley 52/2007, comúnmente conocida como Ley de Memoria Histórica. Así, esta ley supone el pilar del revisionismo histórico y, a su vez, de la verdad ya que trata únicamente de condenar una parte de los horrores que se vivieron durante la guerra e intentar a su vez ocultarlos. Pero ese ya es otro tema que no vamos a entrar a valorar ahora mismo.

De esta manera, llegamos a la actualidad con un Gobierno que trata de seguir consolidando ese proyecto que ya se inició hace unos años. Y qué mejor manera de hacerlo que a través de un aparato gubernamental que pretende acabar con lo que ellos llaman desinformación. Porque claro, ¿qué entiende el Gobierno por desinformación? Pues si tenemos en cuenta las declaraciones del Jefe del Estado Mayor del pasado mes de abril, quien afirmaba que el objetivo es “perseguir ese clima contrario a la gestión de crisis por parte del Gobierno”, ya nos podemos ir haciendo una idea.

Uno de los sectores más castigados con la censura durante la Segunda República Española fue la prensa

Por tanto, ¿va a ser que la desinformación es lo que no le gusta oír al Gobierno? Seguramente sí.

¿Alguien se acuerda de lo que se afirmaba en la Constitución de la Segunda República? Este régimen se basaba en el supuesto paraíso de libertades garantizadas en una Constitución (como ahora). Ay, ilusos… Es bien sabido que durante esa época las opiniones que fueran contrarias a la República eran automáticamente castigadas y reprimidas. Y uno de los sectores castigados por esa censura encubierta era el de la prensa. Así, se llevaban a cabo prácticas contra los medios no afines al régimen como multas e incluso la privación de poder comunicarse con sus lectores. Este modelo de censura se mantuvo durante el franquismo hasta que nuestra Constitución acabó de lleno con esta limitación de derechos.

Ahora mismo, y vistas las últimas actuaciones del Gobierno, como el nombramiento de una exministra socialista como Fiscal General del Estado, la ya mencionada Ley de Memoria Histórica que viene a imponer una única verdad, el intento de sabotear la independencia judicial o la creación de este “comité”, está claro que el futuro no es muy esperanzador que digamos. De hecho, da que pensar que la Unión Europea haya llamado la atención urgentemente varias veces en un solo mes a España.

Porque, para el que no lo sepa, uno de los principios fundamentales de la Unión es precisamente la libertad.

Así, todo constitucionalista y demócrata debería de reflexionar sobre qué modelo de Estado quiere: si un país que se construya sobre argumentos e informaciones artificiales y censuradas que no se cree ni su propia historia, o, por el contrario, un Estado que abogue por la plena libertad y la independencia periodística y judicial.

Porque, como ya decía José Luis Sampedro, “sin libertad de pensamiento, la libertad de expresión no sirve de nada”.

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