El magnate Elon Musk compra Twitter y promete la máxima libertad de expresión posible

El sudafricano da finalmente el paso y adquiere la red social Twitter tras semanas de duras negociaciones tras lanzar una OPA hostil de 46.000 millones de dólares

Visiblemente contento, el polémico empresario ha prometido que luchará por proporcionar la máxima libertad de expresión en la red e introducir progresivamente algunos de los cambios más demandados por los usuarios, tales como el botón de editar.

«Espero que incluso mis peores críticos permanezcan en Twitter, porque esto es lo que significa el discurso libre» celebraba el empresario desde su cuenta.

De cumplir con su palabra, serían los aparatos censores de los distintos estados quienes aplicarían la censura sobre la red en caso de así considerarlo en base a sus legislaciones, como vemos que ya ocurre con YouTube, pero no Twitter en sí misma.

Los ‘wokes’ amenazan con dejar Twitter

Aunque el anuncio de una mayor libertad de expresión y menos censura arbitraria o aleatoria en base a algoritmos parece que debiera ser una buena noticia para el usuario, no son pocos quienes ven con miedo la adquisición de Musk.

Por una parte están de los que desconfían de algunos de los planes adelantados por el magnate, como la verificación generalizada de cuentas, que podría traer consigo la muerte de la privacidad en la red social.

Por otro lado, la compra de Twitter preocupa mucho al activismo de izquierdas.

A partir de sus controvertidos twits y declaraciones, Musk se ha granjeado el odio de la comunidad woke, también de ciertos colectivos vinculados a la extrema izquierda como el movimiento comunista violento Black Lives Matter o de los llamados Guerreros de la Justicia Social de internet (SJW), que se consideran la superioridad moral suficiente como para exigir la «cancelación» de cualquier persona a quien consideren su enemiga.

La compra de Twitter ha levantado muchas ampollas entre la comunidad woke, que ven como su poder de coacción en redes disminuye

Paralelamente, Musk levanta cierto resquemor entre las élites de Silicon Valley, muy posicionadas con el Partido Demócrata.

Esto a menudo se traduce en que las compañías del sector sean favorables a la censura contra ciertas ideas vertidas en redes sociales que puedan contravenir el consenso de las últimas décadas en materias como la multiculturalidad e ideas defendidas por el activismo de izquierdas.

Musk nunca se terminó de sentir a gusto entre los geeks millonarios californianos, lo que precipitó hace un par de años su mudanza al conservador y liberalista (en lo económico) estado de Texas.

El magnate del coche eléctrico y la conquista del espacio se sale con la suya

El anuncio de la adquisición definitiva de la compañía se produce menos de un mes después de que el mismo comprara el 9,2% del accionariado de Twitter, convirtiéndose en el máximo accionista y cuadriplicando al fundador de la red social.

Asimismo, se produce 11 después de que Musk lanzara una OPA de 46.000 millones después de rechazar pasar a formar parte del consejo de administración de Twitter, con quien Musk no tenía intención de compartir poder de decisión.

Con esta compra, Elon Musk, de 50 años y con previsiblemente muchos años por delante, se convierte definitivamente en una de las personas más poderosas e influyentes del planeta.

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