El Gran Tour de France de Éric Zemmour

De Lille a Ajaccio pasando por Toulon, Versalles, Nimes y Bézier, Zemmour desde hace más de un mes recorre toda Francia de norte a sur para presentar su último libro “La France n’a pas dit son dernier mot” donde carga sin contemplaciones contra la decadencia de Francia y de la civilización europea, propiciada a su entender por las políticas fallidas del establishment liberal y de izquierdas, especialmente en lo que respecta a las políticas migratorias, educativas y económicas.

Zemmour, no obstante, no se limita a presentar su obra. En cada acto que protagoniza Éric Zemmour se muestra más abiertamente candidato, sus discursos no son ya los de un simple tertuliano o periodista sino los de un auténtico Presidenciable

Zemmour tiene la talla de un Napoleón y el verbo de un Charles de Gaulle. En todas las salas que llena a rebosar de curiosos y admiradores se respira el aire de las grandes ocasiones. Zemmour va directo a los temas que preocupan, interactúa con el público y repasa los episodios más cruciales de la historia de Francia, desde la expulsión de los árabes de la Narbonense por parte de Carlos Martel hasta la guerra de Argelia, pasando por las guerras de religión, la Revolución Francesa, la epopeya napoleónica, la industrialización del siglo XIX, la Primera Guerra Mundial, el régimen de Vichy o la liberación. Haciendo buena la frase de De Gaulle, Zemmour insiste sin pestañear y con orgullo: “Asumo toda la historia de Francia del bautismo de Clovis a la colonización, pasando por las Cruzadas, la Revolución, Napoleón y la República”.

-“Francia es el país más bello del mundo, fuimos la civilización más refinada, Europa está en peligro de muerte”- Zemmour no pierde ocasión de repetir esta idea en cada acto y de insistir en la célebre sentencia de Paul Valéry “Las civilizaciones son mortales”.

La elección del presidente de la República es el rencuentro de un hombre con su pueblo, decía De Gaulle, y Zemmour intenta llevar a la práctica esta máxima recorriendo ciudad a ciudad la Francia olvidada por las élites y hablando directamente al pueblo allí presente con respeto y de forma inteligente, dejando atrás el lenguaje recargado de tecnicismos, lugares comunes y buenismo universalista.

La selección de las localidades donde realiza la presentación de su nuevo libro no tiene nada de casual. Zemmour va al encuentro de los territorios del norte, testigos nostálgicos de la antigua grandeza industrial francesa; de los hijos y nietos de “Pieds Noirs” que se encuentran en Provenza y que ven como después de huir de Argelia vuelven a encontrarse con la misma gente que los expulsó pero en su casa; de las castigadas y olvidadas tierras del Lenguadoc, tanto a nivel migratorio como económico; de la Córcega que vio nacer a Napoleón y que cobija veleidades separatistas; o del Versalles burgués, refinado y católico, harto de las traiciones de una derecha conservadora que ha renunciado a la Nación y la Tradición cristiana.

Zemmour sabe donde apunta, quiere la unión de las derechas francesas: la popular y la burguesa, la tradicional y la nacionalista republicana. La boulangista y la bonapartista, la maurrasiana y la gaullista, la conservadora monárquica y la popular republicana.

Zemmour, dejó claro ayer en Bézier, que esta elección presidencial no sólo es decisiva sino que, además, debe ser el primer peldaño de una auténtica revolución cultural, social y política.

La lucha por las ideas será fundamental para vencer

No se trata de ganar, ni siquiera de gobernar, sino de vencer a la izquierda y derrotar al globalismo y al enemigo islamista. No habrá concesiones, Zemmour apunta al corazón del sistema cultural: restaurar la autoridad de los profesores; erradicar las modas pedagógicas que priman las llamadas competencias sobre la transmisión del conocimiento; privar de ayudas sociales a los padres de alumnos que destruyan la convivencia en el aula; eliminar el acceso a los servicios públicos a la inmigración ilegal; privar de toda financiación a las ONG que fomentan la inmigración, el feminismo y el odio a Francia desde una perspectiva supuestamente anticolonial; eliminar la financiación pública de la televisión y la radio; eliminar la financiación del mundo de la cultura y fomentar sólo las manifestaciones culturales que expresen el refinamiento clásico del genio francés, ya sea en el teatro, en la pintura, en la arquitectura o en la literatura.

En el ámbito social y económico Zemmour propone establecer la prioridad nacional en el acceso a prestaciones sociales, expulsar a los inmigrantes delincuentes, eliminar visados con los países del Magreb, castigar a Argelia y Marruecos por negarse a repatriar a sus ciudadanos residentes de forma ilegal en suelo francés, preservar el modelo de solidaridad social reservándolo sólo a los franceses y reformar el sistema impositivo para impulsar la economía y favorecer la reindustrialización.

En político exterior Zemmour reclama salir del comando integrado de la OTAN, establecer una entente estratégica con Rusia, a la que califica de potencial aliado de Francia, revisar las relaciones con USA, impulsar el rearme y la autonomía estratégica del ejército francés, abandonar el seguidismo de la política económica e internacional alemana y anudar una alianza con Polonia y Hungría para contrabalancear las acciones de la Comisión Europea.

Zemmour se muestra completamente contrario al federalismo europeo y califica a la Comisión Europea de agujero negro especializado en transformar la soberanía de las Naciones en la Nada más absoluta. También advierte contra el separatismo al que tilda de juguete de los federalistas europeos para vaciar a las Naciones de capacidad de maniobra frente a las instituciones europeas.

Finalmente, Zemmour advierte a Argelia y a otros países africanos que Francia no pedirá perdón por la colonización, recordando además que el norte de África fue sucesivamente colonizado por otros pueblos e imperios con resultados mucho más negativos.

El auge de Zemmour, que ya roza el 17%, desestabiliza a la derecha moderada francesa que ve como una parte de su base electoral se acerca al periodista y escritor en busca de un liderazgo fuerte y ambicioso capaz de conectar con las inquietudes de la Nación. Tildar de “monstruosas” las ideas de Zemmour como hace el candidato Xavier Bertrand no parece la mejor forma de reconectar con su base electoral.

Francia avanza hacia un escenario donde todo es posible, lo imposible ayer ahora ya no lo parece tanto

Mientras tanto Macron se inquieta ante el nuevo escenario imprevisible y cargado de sorpresas desagradables que puede suponer una segunda vuelta contra el brillante, mordaz y ambicioso Éric Zemmour, capaz de humillarle dialécticamente ante millones de franceses en el debate final.

En seis meses Francia, Europa y el mundo sabrán si el Grand Tour de Francia de Zemmour culmina o no en su entronización republicana. Sólo nos queda esperar al anuncio oficial de su candidatura y contener la respiración.

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