Fin de la era Merkel. El giro izquierdista de la CDU impide un gobierno ‘de izquierdas’ en Alemania

El socialdemócrata SPD, uno de los partidos «de izquierda» más antiguos de Europa, caería a uno de sus peores resultados históricos, según la generalidad de encuestas publicadas en los últimos 2 años.

Haber sido el socio minoritario de Merkel durante las últimas dos legislaturas ha permitido al SPD forzar algunos cambios políticos y sociales de calado y mantener a la canciller alejada de las políticas de derecha.

El SPD ha conseguido forzar la aprobación de leyes y normas tan polémicas como la que permite a 4 millones de turcos residentes en Alemania mantener la doble nacionalidad turco-alemana, algo a lo que la CDU, incluida Merkel, siempre se negó.

Por otro lado, ser socio minoritario ha desgastado mucho a los socialdemócratas, que tampoco han tenido grandes alcaldes o líderes regionales reseñables en las ciudades y estados que gobiernan dentro Alemania.

Si en los anteriores comicios federales el SPD tan solo logró un escaso 20% de votos- algo muy pobre en el que siempre era primera o segunda fuerza en su país- ahora, las encuestas le sitúan en una horquilla de entre el 14 y el 18%.

Hegemonía ideológica, decadencia electoral.

Podemos decir que el mismo esquema se repite cada vez más en más países europeos. Si bien los postulados socialdemócratas han conseguido tener cierta hegemonía en Europa occidental y en la UE, paradójicamente, los partidos socialdemócratas propiamente dichos tienen mucho menos representación ahora que en épocas pasadas.

La socialdemocracia europea atraviesa una etapa de crisis existencial, identitaria y de división interna, esto es indiscutible.

La desaparición de las clases sociales tan y como se concibieron en los siglos XIX y XX y la apuesta por las políticas de identidad (feminismo, raza, lgtbi, diversidades…), han alejado a muchos de estos partidos de las que eran sus viejas bases de votantes. Al mismo tiempo, la «moderación» cuando no el giro izquierdista en muchas materias, de los partidos liberaldemócratas y populares, han restado fuerza a los socialistas- a menudo presa de candidatos y sectores más de izquierda- en torno al centro político. Alemania es uno de los más claros ejemplos de todo esto.

De primer partido a tercer y cuarto partido en las encuestas en menos de 100 años.

Hace poco más de 100 años, en la Primera Guerra Mundial, el SPD era la fuerza más popular en la Alemania del segundo reich.

Si bien el alemán promedio de aquel entonces era nacionalista, conservador, religioso y antisemita; la pobreza de las masas, el sindicalismo y la conciencia de clase llegaron a tener una fuerza tal que el SPD logró desplazar en popularidad incluso al hasta entonces principal partido alemán, la formación nacional conservadora y monárquica heredera de Bismarck.

El SPD siempre supo conducir la opinión pública y también adaptarse mucho al sentir general.

Durante la mayor parte del periodo guillermino, sobre todo con Otto Von Bismarck en el poder, el SPD se había conformado con negociar con los distintos gobiernos libertad para sus acciones sindicales y la progresiva adopción del sufragio universal. Llegado el momento su fuerza era tal que tuvo que ser legalizado y su crecimiento, a partir de entonces, fue vertiginoso.

Durante la Gran Guerra (1914-1918) el SPD llegó a dejar de lado su pacifismo fundacional en virtud de una férrea defensa de la patria alemana, coincidiendo con el sentir mayoritario del pueblo germano del momento. La intelectualidad del momento era liberal, conservadora y nacionalista. Al mismo tiempo, el patriotismo de corte chovinista e imperialista estaba muy extendido entre la población, lo que facilitó la entrada de Alemania en la guerra.

A partir de los años 20, el SPD dio un decisivo giro liberal de la mano de reformadores como Bernstein. Abrazó de lleno el capitalismo y la «democracia burguesa»; se enemistó de lleno con los comunistas y anti capitalistas; mejoró sus relaciones con liberales, católicos, luteranos, centristas y derechistas moderados; y se convirtió en la primera fuerza hasta la llegada del NSDAP (Partido Nazi). Partido, este último, que realmente logró desangrar al SPD al arrasar, en muy pocos años, entre el electorado obrero.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el SPD se disputó el primer puesto con la fuerza democristiana de turno. La «desnazificación» agresiva de Alemania occidental trajo consigo un cambio radical en la mentalidad del pueblo alemán del que el SPD se benefició, entre otras cosas por pasar a ser visto como la principal oposición democrática al fascismo.

Si durante la primera mitad de siglo el patriotismo, antisemitismo y desarrollismo habían sido las líneas directrices de la política alemana, ahora, los postulados del SPD adquirían una mayor fuerza y la socialdemocracia se convertía en hegemónica tanto en política, como en el terreno de la cultura y las ideas.

Ya no es solo que el SPD fuera primera o segunda fuerza y pudiera gobernar largos y cómodos periodos solo o con los liberales, sino que, por primera vez, sus viejas y nuevas ideas sociales calaban en el imaginario y se apoderaban de las conciencias ciudadanas; inculcando así en la ciudadanía una serie de valores que, a veces, entraban en conflicto con los tradicionales.

En los años 60, las ideas de nueva izquierda empezaron a calar entre la nueva hornada de políticos y estudiantes de centro e izquierda. El SPD se consolida como una opción democrática y centro-izquierdista. Decididamente izquierdista a nivel social e ideológico (y con los años más), pero capitalista, liberal de izquierdas y radicalmente opuesta al comunismo que aguardaba más allá del telón de acero.

La férrea defensa de la multicultura, los postulados del feminismo izquierdista, la lucha LGTBI, la transición ecológica, el pacifismo o la desnuclearización son algunas de las señas de identidad de los socialdemócratas desde entonces, especialmente a partir de mayo de 1968 y del auge de la nueva izquierda.

Esto no ha impedido que surjan facciones altermundistas y neocomunistas a su izquierda o que el Partido Verde se apropie de la mayor parte de sus votantes liberales y centroizquierdistas.

Cambio de ciclo histórico.

Ahora, las encuestas tienden a situar al SPD como tercer partido. Disputándose- en determinados periodos- el cuarto lugar con la derecha alternativa de AfD, agrupación que experimentó un auge coincidiendo con la gran crisis migratoria de 2015 y, aunque se ha desinflado en los lander occidentales, sigue muy fuerte en los orientales, incluida la cosmopolita Berlín.

Sus ideas siguen siendo las hegemónicas, pero los verdes y populares, que en gran medida comparten su ideario, le sacan mucha ventaja en términos electorales.

Si bien en el país germano no hemos asistido a una caída de la vieja izquierda en la irrelevancia, como si ha ocurrido en Francia, Hungría o Polonia, o una moderación forzada de la misma como ha ocurrido en Italia- donde la izquierda es de base democristiana y se ve obligada a pactar con centristas y grillinos para tocar poder- la lenta pérdida de representación del SPD es más que notoria.

En primer lugar, después de dos legislaturas junto al PP de Merkel a nivel federal, que tienen su réplica a nivel de Parlamento Europeo, mucha gente percibe ya al SPD como la muleta del canciller democristiano de turno. Esto espanta a los votantes más de izquierdas y mosquea a ciertos votantes de clases bajas que han visto como en las últimas décadas empeoraban algunas de las condiciones sociales.

Por si eso fuera poco, el auge del partido de nueva derecha, Alternativa para Alemania, o del gran partido de izquierda liberal y verde, Los Verdes, supone nueva competencia electoral además de un cambio de paradigma en la política de la república. Los nuevos partidos no cargan un peso tan grande de la tradición sobre sus espaldas y ofrecen nuevas soluciones a los nuevos problemas. Las viejas fórmulas y postulados no siempre tienen aceptación entre las nuevas generaciones.

Mientras que muchos obreros y obreros jubilados empiezan a ver a los partidos de derecha con otros ojos, los jóvenes provenientes de familias socialdemócratas se dividen entre varias opciones que, a menudo, no incluyen al viejo SPD.

El SPD tiene mucha más competencia que nunca por la izquierda.

Los jóvenes más izquierdistas prefieren votar a Die Linke (la extrema izquierda post comunista). Esta formación va mucho más allá que el SPD en lo relativo a subidas del SMI, ayudas a inmigrantes, pensiones, feminismo…

Los que se definen como liberales de izquierda o ecologistas, prefieren algo más nuevo como el Partido Verde, pacifista, antinuclear y muy de izquierdas a nivel sociocultural, pero mucho más liberal en lo económico que los partidos tradicionales de izquierda.

La nueva derecha roba votantes al SPD.

Al mismo tiempo, muchos alemanes de origen humilde, paradójicamente muchos de los que terminan desempeñando nuevamente trabajos del sector industrial, se están dejando seducir por el nacionalismo liberal-conservador de Alternativa para Alemania, siendo el único partido que les promete poner límites a la inmigración o a la deslocalización.

Poco les importa a algunos la demonización que de la formación azul hagan los medios de comunicación, algunos profesores o trabajadores sociales, son muchos trabajadores sienten que AfD defiende mejor sus intereses que los partidos de izquierda.

Pero además, algunos también consideran que AfD es el único capaz de mantener la paz social en los barrios de las clases bajas sin recurrir a las sangrantes políticas de subsidios. Hablamos de barrios cada vez más degradados y envueltos en un proceso de pérdida de identidad y arraigo fruto de la globalización y la inmigración masiva.

Si bien AFD no atraviesa por su mejor momento electoral, lo cierto es que la formación ha adquirido muchísima fuerza en los 6 landers orientales del país- herederos de la vieja RDA- donde, hasta ahora, la gente votaba masivamente a la izquierda en relación de 2 a 3, algo que está dejando de ser así.

La CDU/CSU también roba votantes al SPD.

La Gran coalición con el SPD ha vuelto a la CDU un partido con un discurso mucho más centrado en la justicia social del que estamos acostumbrados a ver en partidos de centro y derecha.

Al mismo tiempo, los discursos obreristas y sindicales del SPD han perdido fuerza, pues ya no puede achacar a la CDU todos los males socioeconómicos que padecen los obreros y jubilados alemanes.

Teniendo un partido grande y otro algo más pequeño que, en el fondo, vienen a decir prácticamente lo mismo, la gente tiende a quedarse con el grande.

Elecciones de septiembre de 2021.

Aunque parece ser que las últimas inundaciones acontecidas en el noroeste del país, así como la jubilación de la hasta ahora canciller Angela Merkel, han debilitado algo a la CDU/CSU en las encuestas, son el Partido Verde y el liberal FDP (muy a la derecha de Merkel en lo económico) quienes rentabilizan esos trasvases. Los candidatos socialistas suelen ser muy poco carismáticos y poco originales, lejos quedan los años de Schröder y de los discursos de peso.

Ha quedado evidenciado que el SPD ha perdido la cómoda posición de la que disfrutaba antaño, cuando una bajada de la CDU se traducía en una subida para ellos.

Así quedaría ahora mismo el mapa de partido ganador por lander en unas elecciones. AfD ganaría en el estado de Sajonia, donde ya ha venido cosechando grandes resultados en otros comicios.

A pesar del desgaste de la CDU, tan solo en la ciudad federal de Bremen (una de las tres que existen en Alemania) el SPD se situaría como primera fuerza.

Cuando en septiembre haya que formar gobierno, el SPD volverá a debatirse entre pactar con la CDU (o los Verdes) siendo la fuerza de apoyo y no la directriz. Si no lo hace, su decisión podría tener distintas consecuencias.

Aunque lo más probable, dado ese caso, sería un pacto entre la CDU y Los Verdes -replicando el que ya existe en sentido contrario en Baden-Wurtemberg- los populares podrían verse tentados a dar un giro a la derecha y tratar de gobernar junto al liberal FDP con un apoyo (seguramente externo) de la derechista AfD, que podría estar ansiosa por quitarse de encima el cordón sanitario que existe en su contra.

Aunque los socialdemócratas son conscientes de que su apoyo a la CDU no sale gratis, también saben que estos pactos les permiten imponer muchos puntos de su programa y seguir manteniendo al margen de cualquier gobierno a la AfD. Una formación que el SPD considera ultraderechista y la mayor amenaza para la sociedad multicultural alemana que los socialistas llevan décadas construyendo con mayor o menor éxito.

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