El genocidio de los no nacidos: almas inocentes

Desde tiempos inmemoriales, prácticamente desde los albores de la humanidad, el hombre ha matado a su especie. Es propio de la raza, va en su genética, la violencia por la violencia. Por esa razón, cuando la humanidad fue avanzando en su desarrollo cognitivo fue legislando para castigar determinados comportamientos y actos en un afán de civilizar a la inmensa mayoría de la raza humana. De esa reacción para contener la violencia, nació el derecho, y con él, la ley.

La Historia del Derecho Penal, dice:

“El Derecho Penal como rama del Derecho es muy antigua, pues el ser humano sintió la necesidad de que quien ocasionara un daño a otro fuera castigado, por un sentimiento natural de búsqueda de justicia, que en sus comienzos se confundió con el de venganza”.

“Un paso fundamental en la eliminación de la venganza privada, o justicia por mano propia, lo constituyó la Ley del Talión: “Ojo por ojo y diente por diente” donde el castigo tenía íntima conexión con la gravedad del hecho ilícito cometido”.

La ciencia, la tecnología y la compatibilidad con Dios

Muchas décadas después, en la era de la tecnología, de los avances médicos, científicos, de investigación, del estudio y el conocimiento del espacio, después de haber descifrado el genoma humano, donde la ciencia se abre camino a través de la oscuridad y dogmas antiguos para intentar paliar y curar todas las enfermedades de la tierra. Donde la mente humana va evolucionando a pasos agigantados para alcanzar su perfección como especie. Quizás y solo quizás, nuestro Dios, el verdadero, el de todos, el espiritual, el teológico, el de una confesión u otra, el de una religión u otra, el mismo, el único, sea esa divinidad, que pudo ser el proceso natural de la propia evolución de los antiguos supervivientes de hace miles de años de este planeta, o de otro, que alcanzaron esa perfección convirtiéndose en Dioses en la tierra, para después, abrirse camino hacia el espacio, a otros mundos, dejando aquí la semilla de la raza humana, su legado. Pero sobre esta cuestión, que cada uno saque sus propias conclusiones, lo expongo con el máximo respeto a todas las creencias, confesiones y religiones.

La inmoralidad, la barbarie y la atrocidad humana justifican los abortos

En la actualidad, en España vivimos en una sociedad que adolece de los sentimientos más elementales y puros para comprender lo que está pasando en el mundo con los millones de abortos que se producen indiscriminadamente, justificados en unas leyes aprobadas por hombres sin alma y justificadas, en muchos casos reclamadas por una parte de la sociedad que adolece de valores que defiendan la vida. Por gobiernos insensibles, incapaces de entender que la especie humana es la única que aniquila su progenie en aras de un supuesto derecho de anteponer la voluntad de la madre a la vida de su propio hijo. De utilizar el aborto, la destrucción de sus congéneres como sistema anticonceptivo. Y lo más lamentable de todo, al margen de la propia aberración humana de la destrucción de la especie, es que, a quienes defendemos la vida y lo denunciamos, somos poco más que «retrógrados, antiguos, o fascistas» como poco, criminalizándonos a quienes hacemos defensa de la vida como valor supremo del hombre.

El momento de la destrucción de la vida del feto

Investigaciones periodísticas de medios libres, así como intervenciones policiales judicializadas, revelaron, hace un tiempo, auténticas atrocidades, como las intervenciones abortivas en clínicas privadas, con embarazos muy avanzados, hasta el punto de tener que descuartizar al niño, una vez introducido un líquido para acabar con la vida del no nacido. Las imágenes, que jamás vieron la luz pública, ni fueron publicadas por las televisiones, eran dantescas, horribles y espeluznantes. Trozos de carne humana destrozada, una carnicería que avergonzaría a cualquiera con un mínimo de empatía, sensibilidad y respeto por la vida.

Los médicos y la ciencia, están para preservar la vida a toda costa

La resolución del 6 de octubre de 1979 de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, manifiesta:

«Que se reconozca el derecho del niño a la vida desde el momento de su concepción». Las Sociedades Europeas de Derecho Médico, aparte de reconocer el incuestionable dato científico de que la concepción implica el comienzo biológico de cada individuo humano, abogan en general para que ese momento sea también el inicio de los derechos. «Verificándose el evento del nacimiento, los derechos se entienden adquiridos desde el momento de la concepción».

Hay un sinfín de clínicas privadas donde se puede abortar en España. Por supuesto en la Seguridad social, donde solo te pedirán la tarjeta de la SS para poder abortar. Cuando una mujer acude al ginecólogo de cualquier clínica privada u hospital público, con el propósito de exponer la posibilidad de abortar, se pone en funcionamiento toda una legión de “expertos” (entiendan que lo entrecomille por el mal uso que se le ha dado a esta palabra en los últimos tiempos, aunque podría valer también para este caso), que comenzarán a “informar” todo lo relativo al propio aborto y tan solo una ínfima parte a informar de ayudas del estado o de las CCAA para llevar adelante el embarazo. Por el contrario, el resto de la información que suministran a esa mujer, es “terapia abortiva”, es decir, tranquila, no pasa nada, es como quitarte un quiste o alguna metáfora parecida.

Con semejante protocolo, que va más bien encaminado a las suculentas ganancias que estas clínicas se llevan por ejercer tales conductas, incluso con subvenciones públicas cuando las abortistas son derivadas a esas clínicas. Todo este “negocio”, va más encaminado para que la mujer aborte, si o si, cuando en la mayoría de los casos, la mujer lo que quiere es escuchar lo contrario, el convencerla que hay otras salidas, otra esperanza para el ser que ya está engendrado en su vientre: la vida.

Luego están los médicos, ¡Dios mío!, llamar médico a alguien que efectúa un aborto, es más que dudoso, al menos con el código Deontológico en la mano, no es ni ético, ni moral, ni profesional, pero además:

Códigos de Deontología Médica

El Código Deontológico Médico Español en el artículo 114, dice: «sobre el respeto a la vida«, afirma: «El médico está obligado a respetar la vida humana en gestación. Cualquier legislación debe garantizar la libertad del médico para negarse a la práctica del aborto«. El Código de los Médicos Alemanes de 1970 en su artículo 3 dice: «Por principio, el médico está obligado a respetar la vida en gestación». Y en el nuevo de 1976, la «promesa solemne» contiene: «Dispensaré a cada vida humana, desde su concepción, un profundo respeto», y el artículo quinto puntualiza: «El médico está fundamentalmente obligado a conservar la vida embrionaria».

Es como si a los encargados de mantener el orden y la ley, nuestros Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad del Estado, los garantes de nuestra sociedad para defender, incluso con sus vidas, a los ciudadanos, el gobierno los legalizara para que esos Policías o Guardias Civiles actuaran como sicarios asesinando a personas señaladas por ese mismo gobierno o por otra organización gubernamental. Es tan solo una metáfora, pero con los médicos abortistas se les puede hacer esa comparativa, ya que su obligación es proteger y salvar vidas, como los policías, pues de lo contrario se convierten en mercenarios, sicarios del poder o aberraciones del mal.

Ley Orgánica 9/1985 sobre la despenalización del aborto

En España, el aborto se despenalizó en 1985 con la ley orgánica 9/1985. Los tres supuestos del aborto inducido eran: riesgo grave para la salud física o mental de la mujer embarazada (supuesto terapéutico), violación (supuesto criminológico) y malformaciones o taras, físicas o psíquicas, en el feto (supuesto eugenésico).

Los tres supuestos de esa ley fueron asumidos, admitidos y entendibles por la inmensa mayoría de la sociedad, incluida la iglesia. Pero cuando llegó la izquierda de nuevo al poder con Rodríguez Zapatero, cambió la ley del 85 por la de 2/2010 de Bibiana Aído, de tan infausto recuerdo.

La Iglesia y su cobardía patológica

¿Dónde está ahora la iglesia respecto de los miles de abortos anuales que se producen en España? ¿Dónde está la Conferencia Episcopal Española, en este tema, pero también en otros, como la secesión de Cataluña, la unidad de España, o la exhumación de Franco, máximo defensor de los católicos en España hasta su muerte? La iglesia como siempre escondiéndose cobardemente detrás de sus sotanas, máxime teniendo un Papa peronista y montonero que aún no se ha dignado en querer visitar España, no siendo que le vayamos a reprochar su cercanía con el “diablo” del comunismo. Sinceramente, si no fuera porque parece más bien una cuestión cinematográfica, se le podría denominar perfectamente “el anticristo”.

Este señor, (con todos los respetos a los católicos, y yo lo soy) ni mucho menos representa a todos los católicos, ni a los más desfavorecidos, ni a los pobres, más bien no representa a ninguno, pues en su afán izquierdista de prodigarse amigo de las dictaduras, como la venezolana, cubana, nicaragüense etc., no ha hecho más que desenmascararse ante el mundo y ahora ya sabemos todos quien es y a quien representa. Por cierto, también se posicionó a favor del derecho de autodeterminación de los pueblos (se refería a Cataluña, naturalmente). Así va la iglesia católica, “de mal en peor”… Hasta la victoria final.

La defensa de la vida como valor supremo de la raza humana

Creo firmemente que hay que defender la vida a toda costa, la humanidad se caracteriza por tener muchas maldades, asesinatos, crímenes de todo tipo, guerras fratricidas e incruentas donde la vida humana no tiene ningún valor, pero también por tener esa sensibilidad, esa bondad, esa pureza de espíritu, esa inocencia, esos valores intrínsecos en los humanos. O más importantes que transcienden las legislaciones de las naciones, como son los derechos inalienables, como el derecho a la vida, o los derechos humanos. Y luego están las relaciones entre nosotros, los afectos, el cariño y el amor, que junto con la vida es uno de los sentimientos característicos de la raza humana, lo que mueve el mundo. Yo no sé si es lo único que lo mueve, pero lo que si tengo claro es que el genocidio y exterminación, mediante abortos “legales”, está matando la progenie en miles de clínicas, pasando desapercibidas ante nuestros ojos, ante los ojos de la humanidad, ante los ojos de la ciencia, de la medicina, de la antropología, de una sociedad sin valores, sin moral, sin ética, incluso, sin cultura emocional, sin alma.

Por todo ello, aplicar la máxima de genocidio a este incruento sistema de aniquilar a los futuros seres humanos, según la propia OMS:

“Cada año se producen 55,7 millones de abortos en el mundo, un 45% de los cuales -la cifra alcanza los 25,5 millones- se realiza sin garantías de seguridad. Estas son las conclusiones de un informe, liderado por la Organización Mundial de la Salud y el Instituto Guttmacher de Nueva York (EEUU)».

¿Hay razones suficientes y contrastadas para determinar que el aborto es un genocidio? Pónganle Uds. o los juristas el tipo penal, pero no hay ninguna duda que lo es y estaría justificado un cambio total y determinante en las conciencias y en las legislaciones de las naciones para empezar a detener esta barbarie y aunque en este caso no medie la raza, etnia, religión, política o nacionalidad, pues median todas ellas, sigue siendo un genocidio.

A todos aquellos que abogan y defienden el aborto, o a todos aquellos que lo defienden alegando, que si no es un ser humano, que si no es un ser vivo, que si hasta la semana no sé cuándo no es un feto etc., les diría, que cuando vayan a sus casas, hagan el siguiente ejercicio mental y se planteen lo siguiente: miren a los ojos a sus hijos e hijas, a sus hermanos, a sus sobrinos, a sus nietos, abrácenles…Cierren los ojos por un momento… Y cuando los abran, todos ellos habrán desaparecido de sus vidas, pues alguien decidió por ellos que no tenían el derecho fundamental de nacer.

La retrospectiva de nuestros actos abominables

Cuando pasen unas décadas y el hombre haya evolucionado en esa perfección en su especie, miraremos el pasado con autentico terror y horror por tales atrocidades e ignominias. No es posible asumir que los humanos tengamos el derecho de discernir quien vive y quien muere, además estando tan indefenso en el vientre de su propia madre. Hoy día, con la tecnología en nuestras manos, se han observado, que, al punto de iniciarse el aborto, algunos no nacidos o fetos reaccionan retorciéndose expresivamente, como si adivinara que su fin está cerca y vaya si lo está. Es como un grito de silencio y de angustia para con la madre, por la vida.

Cada vez más, hay enfermeras, médicos y profesionales de la ciencia y la medicina que han cambiado radicalmente su forma de ver este tema, les invito a que lo hagan público para acabar con este genocidio. A las madres, que, por favor, la vida humana no tiene precio y que jamás olviden que ellas son artífices de la vida, junto con los padres, Ser madre, es el amor, es la ternura, es la entrega más maravillosa que un ser humano puede hacer para con su hijo, carne de su carne.

Que se pueden buscar soluciones para que puedan desarrollar su embarazo y que la vida se debe de anteponer siempre a la sinrazón y a la crueldad de la muerte de los más inocentes, pues es el valor supremo de la raza humana.

5 comentarios en «El genocidio de los no nacidos: almas inocentes»

  • el diciembre 22, 2020 a las 9:05 am
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    Enhorabuena por tu columna. Creo que has conseguido poner la lupa sobre una cuestión dolosamente solapada, impuesta por la izquierda y vilmente aceptada por el PP. Contundente pero certera.

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  • el diciembre 22, 2020 a las 12:44 pm
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    Enhorabuena por esta columna. Es importante que toquemos estos temas, y que no exista el veto del pensamiento único que pretende imponer la izquierda. Creo que es muy interesante lo narrado y muy acertado el enfoque personal y profesional del escritor.

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  • el diciembre 22, 2020 a las 3:34 pm
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    Definitivamente este es el artículo más profundo, humano, y realista sobre el aborto, que he podido leer en muchos años!
    Felicidades Juan por tu valentía, por tu amor, y por tu conocimiento sobre este tema.
    Desgraciadamente vivimos un momento totalmente deshumanizado, egoísta y sin valores, donde lo único que importa es el ¡YO!
    Pero no concibo mi yo, sin estar unido a la ley De Dios, al amor De Dios y a Su Misericordia
    La falta de conocimiento de la Ley De Dios, Su Palabra, la Biblia.
    La falta de reconocimiento de Su Amor, que es el que nos da la vida.
    La falta de experiencia de Su Misericordia, que nos da nuevas oportunidades de Salvación.
    El aborto es abominación, porque es un crimen atroz contra un ser indefenso. Y digo ser, porque así lo es a los ojos De Dios, desde el mismo momento de su concepción, momento en el que Dios pone un sueño para cada una de esas vidas, y el hombre mata el sueño De Dios.
    Desgraciadamente vivimos momentos difíciles para los creyentes. Hace tiempo que mi relación con la Iglesia Católica se resquebrajó, precisamente ante su tibieza en asuntos importantes para mi Padre. Preferí seguir una relación con Dios, a una relación con el hombre, aunque respeto a los profesan esa religión, porque fue mi primera referencia De Dios. Hoy conozco más profundamente a mi Señor, precisamente porque es una relación más profunda y directa, EL me dice que hacer, y yo le obedezco en silencio.
    Isaías 5:20 nos dice”Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo, que hace de la luz tinieblas , y de las tinieblas luz”.
    Creo que uno de los propósitos más de acuerdo con la voluntad De Dios, es luchar por la vida de esos inocentes. Dios puso eso propósito en mi corazón, y gracias a la ayuda del Espíritu Santo ,se han logrado salvar muchas vidas.
    ¡Sigamos adelante en esa cruzada, sin desfallecer!

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  • el diciembre 22, 2020 a las 5:43 pm
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    Totalmente de acuerdo, no ve voy a meter en la religión, aún habiendo sido monaguillo durante muchos años, ya que en esos años ha sido donde he perdido toda mi fe en la iglesia, en dios me queda muy poca, la iglesia siempre va a lo que más le convenga, se ve día a día. El aborto solo debería estar permitido en los supuestos de la ley orgánica 9/1985, no veo ningún otro supuesto válido, pero claro, es que somos «machistas».

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  • el diciembre 22, 2020 a las 8:43 pm
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    Me ha encantado tu exposición Fran, muy profunda y a la vez sencilla y coherente.
    Sigue así

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