El FMI alerta del riesgo de disturbios sociales debido a la robotización

La pandemia ha acelerado un proceso que se viene dando desde los años 70 cada vez con mayor celeridad.

Si bien el proceso de automatización ha sido una constante histórica desde la revolución industrial e incluso antes, en el siglo XXI entran en juego tres nuevos conceptos dentro la misma: robotización, digitalización e Inteligencia Artificial.

Estos tres nuevos factores tienen la capacidad de elevar la automatización a cotas nunca vistas, prescindiendo de más trabajadores que nunca y en un tiempo récord.

El FMI teme que si el proceso es muy disruptivo, se pierdan masivamente empleos que no se recuperen luego en otros sectores.

En el caso de España, que hasta en tiempos de gran bonanza tenía un suelo de 8% de tasa de paro, la robotización tiende a acrecentar el tamaño de la bolsa de parados, pues los trabajadores y empresas no tienen tiempo de adaptarse al cambio.

De este modo, si se da un proceso acelerado de automatización, el mercado laboral y la creación de nuevos puestos de trabajo- necesariamente cada vez más cualificados-, no tendrían tiempo de absorber a tantos nuevos desempleados.

Posibles reacciones neoluditas.

De la mano de la automatización siempre ha habido una reacción, mayor o menor, de los obreros que pierden su empleo, o ven reducido su salario y poder de negociación, por culpa de las nuevas máquinas y técnicas de producción.

Hasta ahora esto solo había ocurrido con empleos mayormente mecánicos, repetitivos y de esfuerzo físico. Pero la robotización y las I.A prometen, si no se legisla en contra, empezar a poner en jaque también empleos cualificados de muy diversa índole.

En muchos casos, si las empresas no prescinden más rápido de trabajadores fácilmente sustituibles por máquinas, es por miedo a las consecuencias sociales- además de por la fuerte inversión inicial que ello supone-.

Son muchos los historiadores, economistas, sociólogos, ingenieros… que llevan tiempo advirtiendo de las potenciales consecuencias de una agresiva robotización del tejido productivo, especialmente en países con altas tasas de desempleo estructural en los que podría haber problemas para recolocar a quienes pierdan su viejo empleo.

El alto paro es uno de los mayores dramas que aqueja a los países, y no es solo económico.

Cuando la gente pierde su empleo de siempre, poder adquisitivo y ocupación, incluso aunque tenga garantizado el pan y la vivienda de mano del estado, el descontento y malestar social se disparan irremediablemente.

En otras épocas históricas, las revueltas luditas- en contra del maquinismo o la automatización- han alcanzado considerables niveles de violencia.

Si bien es cierto que con cada nueva revolución industrial, adopción masiva de nueva maquinaria etc… siempre se han terminado creando nuevos puestos de trabajo y nuevas industrias de consumo, que han hecho del mundo un lugar mejor, al menos materialmente, no está tan claro que eso vaya a seguir pasando ahora. No al menos con la velocidad que nos gustaría.

Digitalización 4.0

Hace pocos días despertábamos con la noticia de que BBVA iba a despedir a miles de trabajadores de la banca. Esto tiene que ver, además de con la aparición de alternativas a la banca tradicional, con el avance imparable de la digitalización.

Hoy día, son millones de españoles los que nunca acuden a sucursales bancarias. También abundan cada vez más los que acuden cada vez menos a cajeros. La banca online y el pago con tarjeta lo ha simplificado enormemente todo.

Nuevos conflictos sociales de difícil solución.

El FMI ve posible la aparición de nuevos conflictos sociales a consecuencia de las disparidades formativas entre personas.

Aunque, con la aparición de las I.A, es posible que la mayoría de empleos, cualificados o no, se vean amenazados, a priori, son los empleos menos cualificados los que tienen un mayor riesgo de desaparecer.

Los robots industriales, cada vez más variados y productivos, no paran de proliferar. Para 2022 se esperan 4 millones de robots operativos.

Para el FMI, la tendencia es imparable. Por lo visto, con cada nueva pandemia o crisis global, el número de robots tiende a crecer.

España está ya entre los 15 países con mayor número de robots del planeta, en undécima posición.

Casi la mitad de las unidades operativas en nuestro país—alrededor de 53.000 robots industriales— se concentran en la industria automovilística.

Sin embargo, en los últimos años, la nueva automatización se ha extendido a sectores como la alimentación, la industria farmacéutica o la agricultura.

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