El Fin del Individuo

«Cuidaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos?  Así, todo árbol bueno da frutos buenos; pero el árbol malo da frutos malos. Por sus frutos los conoceréis.»

Esta gran cita de San Mateo viene al caso porque los que dicen ser tus líderes, profesores de tus hijos y médicos de familia son lobos disfrazados con piel de oveja. Y puede ser que no te hayas dado cuenta de que con tus acciones e impuestos, estás financiando a personas muy peligrosas. Estas personas no solo te engañan sino que, además, adoctrinan a tus hijos a diario.

No hay mayor teoría de la conspiración que la que procede de aquellos que creen a pies juntillas que el estado les protege, la prensa les informa y las farmacéuticas quieren curarle, todo eso, gratis.  Estos personajes que adoctrinan y engañan a jóvenes y ancianos de occidente con su ideología envenenada y cargada de resentimiento.

La misión «suicida» de estos personajes en la vida es socavar la civilización occidental, a la que todos ellos la consideran corrupta, caduca y trasnochada; y no solo eso, también negativamente patriarcal y opresiva.

No importa que pagues impuestos o seas contribuyente activo en cualquier lugar de occidente, tus descendientes van a sufrir la pandemia ideológica de estos personajes, sobre todo aquellos que vayan a una universidad o escuela pública. Esto afecta ampliamente a personas que sigan el campo de las humanidades, ciencias sociales y políticas. Aunque también puede tocar, incluso, a ingenierías y carreras técnicas. 

Con tus impuestos estás apoyando a ideólogos que dicen que toda verdad es siempre subjetiva (aunque cuidado como tu verdad difiera de la suya). Hasta las diferencias sexuales son una construcción social o que todos los problemas de occidente son culpa del imperialismo occidental y que afectan profundamente al tercer mundo.

Estos se hacen llamar “post modernistas” impulsando el activismo progre o progresista, los antiguos social-demócratas de 1908 reconvertidos. Han fomentado y siguen fomentando disturbios, censura, reyertas y otras manifestaciones violentas contra oradores, políticos o eruditos alrededor del mundo en universidades, escuelas y plataformas digitales.

Esta policía del pensamiento quiere consagrar leyes de género, de pronombres, de normas y valores inventados, así coartar las libertades individuales de la mayoría, sin aceptar la realidad empírica.

Hombre blanco, hombre malo

Este pensamiento sin empirismo ni objetividad se ha apoderado de las calles y las escuelas de occidente. Esto empezó en los años de la postguerra con una culminación en la era que vivimos.

Estos creyentes de la zurdería han pasado a ser los políticos, profesores y médicos de hoy. Y ahora acumulamos una deuda cultural y educativa, no para que nuestros hijos aprendan a pensar críticamente, ya que ni hablar o escribir pueden correctamente, sino para que sigan la agenda destructiva de sus tutores y mentores.

Ahora es posible estudiar lengua española y no leer el Quijote íntegramente, olvídate de Góngora y Quevedo o de Calderón de la Barca, de los autores romanos hispanos como Séneca o los griegos como Eurípides. Todos ellos “hombres blancos” ya fallecidos y olvidados en las arenas del tiempo, cuyas obras son la base de nuestra “sociedad opresiva”.

Para comprender toda esta farsa y oponerse a estos “postmodernos” las ideas que ellos siguen y por las cuales se orientan deben estar claramente identificadas. Primero, está su nueva trinidad de las diversidad, la equidad e inclusión.

La diversidad no se define por la opinión, sino por raza o etnia o identidad sexual; la equidad ya no es el objetivo loable de la igualdad de la oportunidad, sino la insistencia en la igualdad de resultados o por ejemplo de ingresos. Y finalmente, la inclusión que es el uso de las cuotas basadas en la identidad para alcanzar este estado de equidad totalmente acientífico y equivocado.

Libertad de expresión, bye bye

Según estos progres, relativistas culturales, o neomarxistas, todos los derechos naturales enumerados por John Locke deben ser considerados secundarios o quedar supeditados a los nuevos valores «progres«.

Todos estos dogmas, además, son impulsados por un culto o una secta tóxica y sus descendientes que inyectan estas ideas en las nuevas generaciones a través de las nuevas generaciones que son cada vez más pusilánimes.

Este culto necesita en breve un único pensamiento y como objetivo eliminar la libertad de expresión en occidente. Le han infundido la idea, a los progres, de que aunque haya personas buenas en el mundo, la mayoría no son capaces de intercambiar ideas y llegar a consensuar, y por lo tanto, tienen que ser sometidas bajo una dictadura tecnócrata.

Su mundo es, en cambio, una suerte de pesadilla orwelliana de grupos de identidad que pugnan por sitios de poder en un planeta súper tecnológico sin valores ni ética.

Ven ideas que van en contra de su doctrina como ideas totalmente equivocadas. Las ven como parte integral del sistema opresivo que desean suplantar, y consideran una obligación moral sofocar y restringir su libre expresión, como ha sucedido en las plataformas de “Big Tech” durante la «Plandemia».

Utilizan políticas y nombres codificados como la élite que aborrecen que transforman leyes como derecho al honor, apología al terrorismo, protección LGTB, ley patriota, o ley de discurso de odio.

Esto no solo censura el derecho a la absoluta libertad de expresión. Libertad cuyo límite creo yo que está solo cuando a alguien le llega a una amenaza directa. Si la libertad de expresión es absoluta, entonces la libertad de expresión es absoluta en todos sus contextos. Solo una nación en todo el planeta, los EEUU, consagra lo suficiente este derecho y lo protege bajo el auspicio de la extraordinaria primera enmienda.

Lo segundo, es el rechazo al libre mercado. La idea de que el comercio libre y voluntario beneficia a todos, no es reconocida por este culto.

Los postmodernistas de la nueva «zurdería» no creen en los individuos o incluso en la individuación. Según ellos, eres un miembro de tu raza, sexo o preferencia de sexual, esa es tu identidad. También eres, necesariamente, víctima o opresor. Los primeros no pueden hacer nada malo, y los segundos, nada bueno.

Tales ideas de victimización no hacen más que justificar el uso del poder y generar un bucle de conflicto intergrupal.

Todos estos conceptos nacen de un grupo que Nesta Webster denominó como la “liga de los justos”. La cual pasó transgeneracionalmente estos conceptos a Marx en su notorio Manifesto Comunista. De hecho, algunos de estos valores fueron introducidos previamente por los nazis.

Hitler estaría orgulloso de toda esta secta que derriba estatuas, pero a la que le importa un comino que los menores sufran abuso y pederastia. Queman libros, no leen a los ancestros y censuran en plataformas digitales.

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