El día que Madrid derrotó a Sánchez

Cuenta Emil Ludwig, gran biógrafo de Napoleón, que el Emperador francés antes de la invasión del Imperio Ruso, acaecida a finales de junio de 1812, confiaba ciegamente en su buena fortuna. Se creía invencible y superior a todos los demás grandes hombres con los que podía llegar a compararse: Alejandro Magno y Julio César. Pero después de la pírrica victoria de Borodino y de la caótica entrada en Moscú, Napoleón sintió que algo no marchaba bien. Bastaron las negativas del emperador ruso Alejandro I a firmar un tratado de pazo con el capitán corso y la catastrófica retirada francesa de Rusia en el invierno de 1812 para que la duda se trocara en funesta certidumbre y la confianza ciega en su buena estrella abandonaran para siempre a Napoleón Bonaparte. Ya nada volvió a ser igual.

En nuestra sufrida España el aspirante a Napoleón que reside en la Moncloa también creía en su buena estrella, todo había salido siempre de la mejor manera posible para Pedro Sánchez. Sus rivales iban desapareciendo en el olvido de la historia mientras él sobrevivía a enemigos propios y ajenos. Después de padecer su particular exilio, volvía a la cima del principal partido de la izquierda española y en poco tiempo alcanzaba la presidencia del gobierno de la nación a pesar de no haber ganado en voto popular las elecciones. Jubiló a Rajoy, acabó con Susana Díaz, despidió a Rivera y humilló a los dos Pablos varias veces. Pero esta primavera algo empezó a torcerse en Murcia y Madrid. La inventiva comenzó a tornarse improvisación y los trucos de prestidigitador dejaron de funcionar. La buena estrella parecía empezar a abandonarlo, pero nada anticipaba la debacle que estaba por venir.

Ha sido una campaña vergonzosa, marcada por el show mediático, la demagogia, la mentira, el insulto, el falso victimismo, la arrogancia y la más despiadada de las insensibilidades, a saber, la de negar la realidad de dolor e impotencia que deja la pésima gestión de un gobierno siempre superado por la realidad desde el inicio de la pandemia y de la crisis social y económica derivada de ella.

En la Moncloa, como si de una parodia del Versalles de Luís XVI se tratase, Sánchez, Redondo y sus ministros, han minimizado el sufrimiento de la población, han despreciado el enfado de miles de empresarios y trabajadores abocados a la miseria por la política de cierres indiscriminada y la falta patente de ayudas, han desoído las quejas de los ciudadanos que han tardado meses en cobrar las ayudas prometidas en el famoso “escudo social” anunciado a bombo y platillo desde la primavera del año pasado y, lo que es peor, no sólo ha sido incapaz de plantear un plan de recuperación serio y que aborde los problemas estructurales de la economía y la sociedad española, sino que, además, se ha tratado de engañar a los ciudadanos con falsas promesas vacías y palabras completamente carentes de contenido material y verdadera empatía en un momento en el que el pueblo española no buscaba a ningún presentador de televisión sino a un líder y estadista.

Para empeorar aún más el desastre, Sánchez y su equipo han centrado su campaña en el ataque mediático inmisericorde hacia la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que ha padecido una de las campañas de desprestigio personal más infames que recuerda la política española reciente. Pero algo ha salido de forma imprevista porque la población madrileña se ha volcado de forma masiva con la figura de Ayuso, que involuntariamente, se ha convertido en el mejor instrumento simbólico de la ciudadanía para castigar la arrogancia de Sánchez y del gobierno de coalición.

Los resultados son inapelables, la derecha con Ayuso a la cabeza logra casi el 58% de los votos con una participación histórica del 76%. Madrid votó en clave de generales y la sorpresa es que la marea de participación arrojó unos resultados que indican una indignación masiva contra la gestión de Sánchez. Se equivocan aquellos que sólo ven un “efecto Ayuso”. Ayer se produjo un terremoto de magnitud histórica que tiene más que ver con el hartazgo del pueblo español que con la figura de Ayuso. Ayer se votó contra Pedro Sánchez y buena prueba de ello es el silencio absoluto del Presidente del gobierno.

De los resultados del domingo podemos sacar varias conclusiones:

  • La primera es que hay un movimiento de fondo superior al que han detectado las encuestas hasta ahora contra el gobierno de España y su Presidente.
  • La segunda que el Partido Popular está en condiciones de ganar al PSOE después de haber absorbido a un Ciudadanos al borde de la implosión final.
  • La tercera es que VOX se consolida a pesar del efecto que el liderazgo de Ayuso ha ejercido sobre una parte del electorado verde deseoso de castigar a Sánchez a través del refuerzo de la figura de la presidenta madrileña.
  • La cuarta es que el PSOE no sólo corre el riesgo de perder el gobierno de España sino también el liderazgo de la izquierda en caso de que, después de la partida de Pablo Iglesias, Yolanda Díaz y Errejón logren pactar algún tipo de coalición o frente común. El reciente ascenso de los verdes alemanes en detrimento del SPD no deja lugar a dudas, la socialdemocracia tradicional sigue en horas bajas y va camino de la irrelevancia en la mayor parte de países, empezando por Francia y siguiendo por Alemania e Italia.
  • La quinta es que la fidelidad del voto entre bloques empieza a resquebrajarse en detrimento de la izquierda en el contexto de la mayor crisis social y económica de la historia reciente de España.

Madrid derrotó a Sánchez el pasado domingo, pero esto, probablemente, refuerce la determinación de Sánchez, PSOE y Podemos para terminar la legislatura y evitar unas elecciones de incierto resultado. Sánchez de momento confía en poder remontar los peores augurios, pero algo me dice que la confianza ciega en su buena estrella se ha estrellado con la dura realidad de una España al borde del abismo. ¿Será capaz de extraer alguna lección sensata de ello? El tiempo con toda seguridad demostrará que NO.

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