El día del Abucheo Nacional

¡Sánchez dimisión! ¡Sánchez dimisión! ¡Sánchez dimisión! ¡Sánchez dimisión! ¡Fuera! ¡Fuera! ¡Fuera! ¡Fuera! ¡Traidor! ¡Traidor! ¡Amigo de terroristas! ¡Felón! Hay que sumar un largo etcétera de merecidos improperios proferidos por el respetable público que fueron dirigidos contra el reseñado. Todo ello acompañado de un tsunami de silbidos cuyos ecos pudieron escucharse en todos los rincones de Madrid.

Benditos cánticos los que le dedicaron al ilegítimo presidente del Gobierno que fueron tan atronadores como justos

Lo diré claramente: me alegró muchísimo. Lo disfruté más. Y hasta me emocionó ver como el gran problema de España, Pedro Sánchez, recibía una milésima parte de todo lo que merece. Porque, para ser justos, habría que estar pitándole de por vida. Repito, toda la vida.

El pasado día 12 de octubre, Día de la Hispanidad, el presidente del Gobierno pudo sufrir en sus carnes los efectos del desprecio que provoca. Estamos ante el peor presidente, y eso es mucho decir cuando lo han precedido “ilustres” próceres de la talla de Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero.

Pero no permitamos que los árboles no nos dejen ver el bosque, no nos quedemos en la anécdota, como dicen los políticos izquierdosos, sino aclaremos qué ha ocurrido y por qué.

La respuesta es bien sencilla: Los españoles estamos hartos de un personaje nefasto, nocivo y siniestro, políticamente hablando, cuyas ansías de poder convertidas en ínfulas imperiales superan todos los límites conocidos. Un tipo sin escrúpulos ni límites morales. Cada acción, cada acto, cada paso que da solo es otro más hacia el precipicio en forma de su soñada dictadura roja. Su firma es una apuesta segura hacia el caos. Hacia el enfrentamiento. Hacia una ruptura social de consecuencias previsibles pero nunca deseables por las personas de bien, excepto el rojerío más nauseabundo. 

He visto psicópatas diagnosticados mucho menos peligrosos

En esos silbidos se hallaban muchas respuestas a la gestión del peor gobernante padecido por España desde épocas muy remotas. Los ha habido de todos los colores, algunos malos, peores y desastrosos, y luego, a mucha distancia, te hallas tú, cuadrúpedo monclovita.

Los silbidos son nuestro grito de orgullo como nación ante tu claudicación, traición y humillación a la que nos ha sometido pactando con los herederos de la ETA, independentistas, nacionalistas racistas, comunistas y resto de enemigos de España. A hacer todo aquello que prometiste que nunca harías.

Es la respuesta a los indultos de los golpistas previo a tus maniobras para que fueran condenados por secesión y no por dar un golpe de estado. A hacer todo lo posible por rendir y pisotear nuestra democracia arrasando al Poder Judicial a base de intentar cambiar la ley para colocar a tus afines. A dedicarte a reescribir la historia para reabrir tantos rencores como tumbas. A permitir que Ceuta, Melilla y Canarias, que son y serán España, sean invadidas por legiones de marroquíes ilegales que solo aspiran a destruirnos.

Es la respuesta a tu desastrosa y presuntamente criminal actuación ante la Covid19, la peor del mundo, cuyas cifras de mortandad son directamente responsabilidad política tuya. A la privación de nuestros derechos al más puro estilo chavista-castrista-comunista con la declaración de los ilegales estados de alarma. Hechos de tal gravedad que debería hacer caer al Gobierno en bloque, pero “¿la Fiscalía de quien depende, eh, de quién?”.

A la deleznable actuación que está investigando un juzgado de Zaragoza, el “caso Ghali”, donde supuestamente introdujisteis de manera ilegal en España a un tipejo que tiene a sus espaldas los asesinatos de cientos de españoles e incluso violaciones a mujeres.

Al continuo ultraje y tu miserable humillación a las víctimas de la banda terrorista de la ETA al ponerte de rodillas ante los asesinos. A premiar vilmente a esos mismos asesinos, mientras desprecias a las víctimas. Por el camino, lamentas “profundamente” el suicidio de un etarra.

A justificar, alentar y defender las agresiones contra Vox al negarte a condenar esas mismas agresiones. A inventar hechos y utilizarlos como arma arrojadiza política contra Vox.

A pretender acabar con la democracia y con España

A la ruina que has provocado a los españoles al haber disparado el déficit y la deuda pública a niveles insostenibles y que de facto nos convierte en un estado fallido. A expoliarnos con una política económica confiscatoria, donde la luz ha subido de 17,68 €/MWh a 288 €/MWh (más del 60% son impuestos), convirtiéndola en un  producto de lujo que mucha gente no puede pagarse.

A ver marido de Begoña Gómez, si tienes lo que hay que tener date un paseo por España, verás lo que te vamos a dar. Tengo claro que mostrarte nuestro desprecio más contundente es una obligación moral. O te echamos y acabamos contigo, o tú acabarás con nosotros.

Estimado lector, es imposible dejar constancia de todas las fechorías, golferías, indignidades y traiciones que ha cometido el okupa monclovita, dado que él vive instalado en la inmoralidad permanente.

Su lista de felonías contra el noble pueblo español es interminable, como el desprecio que provoca

Dios quiera que esta justa y merecida pitada sea la última, que no vuelva a repetirse, pues ello significará que ya no estarás al frente del Gobierno. Que ya formas parte del pasado. Que ya eres historia, mala, la peor posible, pero historia.

Dicen que el honor inmerecido es el preámbulo a la desgracia. Tú  eres el honor inmerecido. Tú eres la desgracia. Tú mereces todo nuestro desprecio. Tú mereces ser juzgado por alta traición a España y los españoles. Tú pagarás todo el daño causado. Tú te mereces estar en las colas del hambre, y no las personas de bien que te han sufrido.

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