El día de la cara dura

La sinvergonzonería de los sindicalistas oficiales tiene su principal expresión folclórica este primero de mayo en las calles logroñesas, entre otras muchas localidades. Disfrazados de defensores del oprimido, y escondidos tras eslóganes recurrentes, terminarán su día de jolgorio tomando pinchos en las calles Laurel y San Juan para vanagloriarse y darse palmaditas por su valentía, osadía y atrevimiento en contra del capitalismo y del represor capataz.

Los sindicalistas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX se llevarían las manos a la cabeza al comprobar como el noble papel sindical ha sido prostituido y pervertido en favor de una panda de aburguesados actores vendidos al poder, mientras hacen una total dejación de su función social.

Los sindicatos fueron totalmente necesarios para la mejora de las condiciones sociales de los trabajadores. Y siguen siendo totalmente necesarios en los tiempos actuales. Pero necesitamos sindicatos independientes e imparciales de cualquier institución gubernamental, que puedan contrarrestar la fuerza patronal pero con el fin último no de derrocar sino de alcanzar acuerdos efectivos entre todas las partes que contribuyan al bienestar tanto del trabajador, del empresario y de la sociedad en su conjunto.

Mientras tanto, hemos visto como en el presente gobierno socialista, comunista e independentista la labor sindical ha sido totalmente aparcada y olvidada por aquellos que deben ejercer la defensa de los derechos de los trabajadores en favor de una prosperidad global para España.

Nos quieren tratar como auténticos analfabetos aquellos que piensan que por salir a la calle un día al año con pancartas y altavoces se han ganado su sueldo y el beneplácito social. ¿Acaso olvidan que estamos en el pódium europeo de paro juvenil, de desempleo y de tasa de inflación, duplicando la media europea?

El total abandono de la responsabilidad social de los sindicatos debería provocarnos una profunda reflexión sobre la necesidad del papel que representan en estos momentos las organizaciones sindicales que han situado en el mayor de los desamparos a la clase trabajadora y a los autónomos.

Mientras se rascan las barrigas en sus despachos, los líderes sindicales han rendido total pleitesía a la voz de su amo, Pedro Sánchez, quien ha determinado la subida en 2.022 de un 18,33% en el importe de las subvenciones a los sindicatos, alcanzando la misma la cifra de los 17 millones de euros, cuantía que supera la concedida antes de la última crisis económica y a los 9 millones de la época de Rajoy. En 2.020 también se incrementó un 56% respecto a 2.019

Han aceptado ser títeres y marionetas de un gobierno que ha comprado su silencio a cambio de favorecer los intereses del poderoso. En dos años y medio han dejado descansar a unos PSOE y Podemos vendidos al fraude y al espectáculo mediático, que están arruinando al país y que están esquilmando principalmente a los menos opulentos con las indiscriminadas subidas de impuestos con las que intentan paliar la total ineficacia de las políticas de reducción de gasto público.

El aburguesamiento de los sindicatos es tal que aún no son conscientes del hastío y rechazo que provocan en la sociedad, siendo los principales causantes no solo del descontento de la clase asalariada sino también de que obreros, agricultores y autónomos van a ser los principales votantes de los partidos de centroderecha en España, hartos de tener que aguantar a charlatanes vendidos al olor del dinero y de la subvención.

Y es una pena. Porque para que un país prospere necesita también de una fuerza sindical limpia y fuerte, que busque acuerdos más allá de ideologías concretas, que negocie con argumentos y con la conciencia tranquila, respetando la dura labor del empleado pero que también reconozca la dura labor del empresario.

Hoy sí, día 01 de mayo. Tomen las calles y coreen las parafernalias habituales. No critiquen a quien les da de comer. Acuérdense más de Pedro Sanz o José María Aznar que de Concha Andreu o Pedro Sánchez.

Pero, sobre todo, no se cansen demasiado, que no están acostumbrados a trabajar, y mañana pueden tener agujetas.

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