El concepto de Reconquista a revisión | Parte I

En 1921, el filósofo José Ortega y Gasset escribió:

“(Pero) los visigodos que arriban (a la Península Ibérica) ya extenuados, degenerados no poseen una minoría selecta. Un soplo de aire africano los barre de la Península, y cuando después la marea musulmana cede, se forman desde luego reinos con monarcas y plebe, pero sin suficiente minoría de nobles. Se me dirá que, a pesar de esto, supimos dar cima a nuestros gloriosos ocho siglos de Reconquista. Y a ello respondo ingenuamente que yo no entiendo cómo se puede llamar reconquista a una cosa que dura ocho siglos. Si hubiera habido feudalismo, probablemente habría habido verdadera Reconquista, como hubo en otras partes Cruzadas, ejemplos maravillosos de lujo vital, de energía superabundante, de sublime deportivo histórico.”

Con razón Pío Moa afirma:

“Las palabras de Ortega resultan más interesantes por cuanto contradicen sus puntos de vista anteriores, que hemos analizado al hablar del regeneracionismo. Unas opiniones político-históricas que eran realmente una cadena de disparates, achacando a España una historia «anormal» , «enferma» ausencia de élites, una tibetanización o aislamiento voluntario que nunca ocurrió, como hemos empezado a hacer notar en esta serie, negación de la existencia de la Reconquista, etc. Tales disparates tuvieron sus consecuencias políticas, favoreciendo entre otras cosas a los separatismos y los movimientos revolucionarios.”

Para abordar la denostación a la que ha sido objeto la palabra “Reconquista”, comiéncese con la falacia de Ortega: “…ingenuamente que yo no entiendo cómo se puede llamar reconquista a una cosa que dura ocho siglos». Entre el sarcasmo del filósofo madrileño, hay una confesión, admite su ingenuidad. Su candor radica en una actitud de desdén al arte de la guerra y su historia, ¿Acaso algo debido a la resaca de 1898? A la luz de la historia referida, la batalla es el acto por decisivo de una guerra. Ese fue el hito de la Batalla de las Navas de Tolosa, punto de inflexión de la Reconquista y considerada como cruzada:

“En ese momento crítico, la potente voz del Papa Inocencio III exhortando a toda Europa a unirse a la Cruzada española evitó una segunda catástrofe (el fracaso militar de Alfonso VIII en 1160). Diez mil jinetes y cien mil soldados de infantería procedentes de Francia y Alemania llegaron a tiempo de reforzar los ejércitos de Castilla y Aragón. En 1212 (batalla de las Navas de Tolosa) vencieron a los poderosos sarracenos causando 20.000 bajas en su ejército. Aquello supuso el giro definitivo de una cruzada que duraba años.”

Ortega no valoró esto, pero no se puede quedar esta reflexión aquí.

Rigoberto Gerardo Ortiz Treviño, Doctor en Historia del Derecho, Universidad de Navarra, Catedrático de Derecho Romano, Universidad Nacional Autónoma de México.

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