El comercio internacional de biombos: Globalizando la era moderna

Tras el descubrimiento y conquista de América, se producirá un cambio de dirección a nivel global en el ámbito económico que favorecerá el desarrollo de un nuevo comercio que asiente las bases de la primera gran globalización. Este hecho propiciará la creación de nuevas rutas comerciales durante los siglos XVII y XVIII entre Europa, Asia y América que, junto a la red de movimiento de personas, establecerá la difusión de una cultura material que triunfará a nivel mundial: los biombos.

Se trata de un elemento mobiliario asociado al lujo, así como al prestigio y a la clase social, que formaba parte de los ajuares domésticos de las élites sociales de cada país debido a su compleja elaboración, belleza y escasez. De entre estas élites, podemos destacar a monarcas, embajadores, ricos comerciantes, gobernadores, funcionarios enriquecidos, nobleza e incluso a grandes miembros de la Iglesia como el Papa.

Las escasas investigaciones realizadas y las pocas facilidades que nos ofrecen las fuentes hacen del estudio de la producción, transporte y venta de estos productos una tarea complicada. Además, el mercado negro de biombos y el hecho de que conformasen una mercancía minoritaria dentro de un mercado sumamente complejo en lo que respecta a la dimensionalidad espacial de su recorrido nos impide poder analizar las fluctuaciones de los precios o la regularidad anual de las exportaciones.

La red internacional de arte a partir del movimiento de biombos

En medio de una época en la que las relaciones comerciales se disparan envolviendo todo el globo terráqueo, Manila será el corazón de una mundialización que interrelacione tres continentes: América, Asia y Europa.

La expansión asiática por Occidente

De entre todos los países asiáticos, China y Japón serán los protagonistas y principales promotores de la difusión de un arte asiático destinado a contentar a las élites occidentales.

Respecto al comercio japonés, contaba con intermediarios, tanto europeos colaboradores con Nagasaki como japoneses, encargados de trasladarse a América con el fin de negociar la posibilidad de expandir su negocio por todos los rincones de Manila, con la ayuda de unos distribuidores mercantiles portugueses que, con los años, se verían reemplazados por holandeses. Desde finales del siglo XVI hasta mediados del XVII, y a pesar de los enfrentamientos religiosos y del aislamiento nacional, cincuenta y ocho embarcaciones japonesas cargadas de productos serían fondeadas en costas manilenses. Sin embargo, a partir de 1635, la entrada de barcos asiáticos disminuiría como consecuencia de un descendimiento demográfico en Japón.

China, en cambio, tenía un modo de ver la producción bastante diferente a Japón. Entendía el arte como una vía para conocer a tus clientes y para desarrollar una relación con ellos, por lo que los talleres chinos estarían destinados a elaborar un tipo de “biombos de encargo” que contentasen a los europeos. Por esta misma razón, estos biombos poseerían temas occidentales interpretados a la manera oriental sacados de obras pictóricas europeas, es decir, temáticas que, aunque resultasen enigmáticas para los asiáticos, se adaptaban al gusto e interés de sus clientes europeos y americanos. Estamos hablando, por tanto, de una producción destinada a cubrir las exigencias de la élite de estos dos continentes.

España y Portugal al servicio de Asia

Como bien hemos visto antes, los portugueses eran los principales intermediarios de Asia, por lo que, hasta mediados del siglo XVII, que es cuando serían reemplazados por los holandeses, numerosos bajeles lusos emprenderían un viaje desde las tierras lejanas de Macao y Nagasaki hasta el puerto de Manila (Cavite).

Este comercio se vería dificultado por dos sucesos: las restricciones comerciales entre reinos y la ruptura de la unión ibérica. Respecto a las restricciones en el comercio, una vez proclamado Felipe II rey de Portugal en 1581, se implantará una política comercial entre Filipinas y China que provocará la separación administrativa y comercial entre ambos reinos, por lo que, para recibir un trato más favorable, los comerciantes portugueses no incorporarán los productos chinos entre los ajuares de las élites manilenses desde Macao, sino desde Nagasaki, Japón. Junto a ello, la ruptura de la unión ibérica en 1640 tampoco favorecerá el panorama. Con todo, y a pesar del ambiente bélico y de la adversidad, Portugal continuaría transportando biombos a Filipinas.

Al margen de la sociedad portuguesa, los españoles afincados en Manila poseerán un férreo interés en introducirse de lleno en el intercambio internacional de China que les conducirá a enfocar su relación comercial en la región de Cantón, una vez fracasado el intento en la costa de Fujian. Será ya a partir de los últimos años del siglo XVII cuando Cantón pase a ser uno de los principales centros distribuidores de productos chinos, al tiempo que el protagonismo de Macao y de los portugueses se consumía dentro de esta red comercial asiática.

Este equilibro comercial de los castellanos se vio interrumpido por la presencia en Filipinas de un sector de China: los sangleyes. Las autoridades filipinas autorizaron la llegada de una población china que se asentaría en barrios de las afueras de la ciudad de Cavite, desde los cuales realizarían toda su labor comercial. El enorme número de sangleyes fue, en todo momento, un motivo de desconfianza y prejuicio por parte de la comunidad española que desembocaría en conflictos violentos.

Filipinas, México y península ibérica: una cadena comercial

Se trataba de una cadena comercial que iba desde Asia a América, y de América a la península, siendo Manila el motor que exporte mercancías asiáticas desde el puerto de Cavite hasta Acapulco, puerto novohispano, con la expresa condición de que éste último le enviase a cambio la tan avariciosa plata americana.

En lo referido al transporte, y a pesar del obstáculo para el estudio que supone el mercado negro dado en esta época, la lista de mercancías transportadas en la nao de china con la que contamos nos confirma la existencia constante de biombos guardados en cajoncillos, tal y como ordenaba la reglamentación oficial de la Casa Real de 1726 enviada al marqués de Torrecampo, gobernador de Filipinas, sobre su modo de embarcación y tasa a pagar. El simple hecho de que se repare en la regulación del tráfico de estas obras ya deja en evidencia su presencia habitual, además de considerable.

Una vez llegado el cargamento a tierras americanas, éste era distribuido entre comerciantes mexicanos que, desde inicios del siglo XVIII, venderían dichos productos asiáticos en el Parián, punto de comercio situado en la Plaza Mayor de la ciudad de México, en donde las familias más adineradas serán sus principales clientes debido a su busca constante símbolos que representaran su estatus social ante la falta de títulos nobiliarios o linajes como consecuencia de la conquista del continente.

Una parte de estas mercancías asiáticas que llegaban en el Galeón de Manila hasta América serán reenviadas hacia Veracruz con el fin de ser embarcadas dirección a la península ibérica. De este modo, desde finales del siglo XVI y principios de XVII, tanto España como Portugal gozarán de grandes cantidades de biombos que, con Nueva España de intermediaria, se adentraban en Europa por Lisboa y Sevilla a ojos de una unión de dos coronas ibéricas que controlaba su comercio bajo el liderazgo de un solo monarca. Con todo, y a pesar de la ruptura hispano-lusa de 1640, la realeza española continuaría demandando este tipo de muebles destinados a la decoración palacial.

La circulación de una élite mundializada que traspasa fronteras

El asentamiento de los primeros biombos en las casas de las élites novohispanas y europeas fue posible gracias a los contactos diplomáticos entre la península ibérica y Japón, siendo los japoneses el motor de un comercio conducido por religiosos y no por comerciantes. En estas misiones diplomáticas eran de especial importancia los regalos, siendo de un protagonismo singular los biombos.

A pesar de la relevancia japonesa, será la consolidación de la Monarquía Católica del siglo XVI la responsable de establecer una interconexión mundial en donde primen las burocracias móviles. Estamos hablando, por tanto, y en palabras del historiador francés Serge Gruzinski, de una “élite mundializada” que traspasará fronteras y desarrollará, junto a la influencia de las culturas con las que entre en contacto, una industria que supere cualquier límite imperial. Los temas representados serán variados y contentarán a una aristocracia ansiada de conocer mundo, pues en ellos se encontrarán representados lugares emblemáticos de la capital, hechos históricos relevantes, representaciones pictóricas e historias mitológicas.

La aparición de biombos en los inventarios de bienes de dichos cargos reales y mercaderes nos desvela el movimiento de funcionarios novohispanos de México, Filipinas y Perú, y asiáticos de Japón.

En conclusión, se trata de una ruta artística de biombos que quebrantó los límites establecidos de la época e hizo de ellos, por su prestigio y ostentación, una cultura material que ocuparía un lugar destacado en cada casa real de tres continentes. Este suceso histórico, además de curarnos de eurocentrismo, nos permite redefinir los términos de centro y periferia, poniéndonos en relación con la determinante oleada de personas y su influencia en las producciones locales.

2 comentarios en «El comercio internacional de biombos: Globalizando la era moderna»

  • el febrero 9, 2022 a las 8:15 pm
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    Buenas tardes.Podria usted citar sus fuentes? Es un tema muy interesante

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  • el febrero 10, 2022 a las 5:45 pm
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    Supongo que usted conocerá con precisión milimétrica a Alberto Baena Zapatero.
    Su artículo tiene claros tintes procedentes de su obra.

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