El caso ‘Carmen Mola’ ha dejado en evidencia lo patético que es el feminismo actual

Hace un par de días una insólita noticia en materia de cultura dejaba anonadados a millones de españoles.

Los críticos de la institución, decidieron que el premio Planeta de 2021 debía ir a parar a la escritora misteriosa Carmen Mola, de la que ya se sabía que firmaba con pseudónimo. Con sus best sellers de novela negra de la trilogía que forman La novia gitana, La red púrpura y La nena se había convertido en una referencia para millones de españolas y latinoamericanas, muchas de ellas afines al feminismo hegemónico actual.

No hay tantas escritoras actuales del gusto de las feministas. De antemano se desecha a muchas por ser burguesas, de derechas o demasiado comerciales y poco comprometidas políticamente.

Esta supuesta autora, había conseguido cautivar a muchas feministas, hartas de la falta de referentes femeninos que, desde su punto de vista, hay en la literatura novelística contemporánea en español. Asimismo, la crítica se deshizo en elogios hacia Mola, que acumulaba 400.000 ejemplares entre sus tres novelas a la venta dando origen a muchas teorías disparatadas sobre quién era en realidad esta mujer.

Durante la entrega del premio Planeta llegó la gran sorpresa que nadie esperaba. Después de muchas tribulaciones, se desveló que la supuesta Carmen Mola no era más que un pseudónimo, detrás del cual firmaban nada menos que tres hombres.

Carmen Mola resultó ser en realidad el nickname de un grupo formado por tres autores masculinos.

De este modo, quedó evidenciado que lo de firmar como una mujer no era más que una treta de márquetin, quedando a su vez patente que, a día de hoy, ser mujer se ha convertido en una clara ventaja en muchos ámbitos, por no decir que en casi todos lados. Uno de estos lados es precisamente el mundo de las artes y las letras, que siendo objeto de una valoración muy subjetiva, permite que se ponderé más a un sexo o grupo social que a otros. Si hace 50 o 60 años las grandes perjudicadas/discriminadas hubieran sido las mujeres, hoy son claramente los hombres.

Si hace poco más de 100 años muchas mujeres tenían que firmar con pseudónimos masculinos, podemos comprobar como a día de hoy, la situación ha dado un giro tal, que a muchos hombres les termina conviniendo firmar como mujeres para acceder mejor al nutrido nicho de mercado joven y femenino o, sencillamente para recibir el visto bueno de las editoriales.

Paridad de sexos en detrimento de la creatividad y el talento.

En declaraciones para el medio ElConfidencial, el autor Sergi Puertas cuenta su caso particular. Tras 10 años de enviar distintas novelas a diferentes editoriales sin conseguir que se le publicara nada, probó suerte creando un pseudónimo femenino. Cabe poco lugar a dudas, esa fue la tecla mágica que le permitió conseguir que sus libros fueran publicados y distribuidos.

Su caso, como el de Carmen Mola, no es aislado. Es un secreto a voces que las editoriales tienen políticas de cuotas internas y que, habiendo muchos más autores que autoras, es más fácil conseguir publicaciones siendo mujer. Además, hay más lectoras que lectores en el mercado de la novela actual y, aunque a un lector no le debería importar el sexo de un autor, buena parte de ellas tiene la mente muy absorbida por el feminismo más radical y da preferencia total o parcial a las autoras femeninas.

Sin embargo, no deja de ser chocante que las feministas pongan siempre de relieve el hecho de que el 60% de los libros puestos en venta en el último año son de hombres, dando a entender que eso solo puede traducirse en machismo puro y duro por parte de la industria editorial.

Consecuente despiporre nacional que oculta una verdad incómoda.

Las respuestas en las redes sociales han ido desde las bromas y los memes graciosos a la histeria o el enfado de parte de muchas feministas claramente decepcionadas. Algunas de las librerías solo de mujeres o especializadas en feminismo que ya existen en nuestro país, han retirado las novelas de Mola de sus estantes. Si la autora no es mujer, feminista y de izquierdas, no interesa lo que tenga que contar.

La ministro de «Igualdad» y «carga pública», Irene Montero, ha tratado de retorcer la situación de tal forma que pareciera que encima las perjudicadas de que algunos hombres firmen como mujeres para ser leídos son del patriarcado, así, sin ninguna vergüenza ni nada. Como ella, otras tantas.

Aún está por ver el alcance de la repercusión comercial que tenga el descubrimiento de la autoría real de las citadas novelas. No obstante, esta experiencia tan hilarante nos ha servido para sacar a relucir (nuevamente) las vergüenzas de muchas misándricas amparadas bajo el paraguas del feminismo.

¿Quién nos iba a decir hace unos años, cuando tanto empezaba a hablarse de que existe un techo de cristal… que lo que realmente existe es un ascensor de cristal?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *