El 58% de los estadounidenses se declara en contra de la ‘Teoría Crítica Racial’; el 38% es favorable

Una sección de la prestigiosa encuestadora YouGov sponsorizada por Economist muestra estas cifras de aceptación y condena respecto a la TCR.

La Teoría Crítica Racial es una nueva doctrina ideológica y de análisis histórico, sociológico y cultural, que el Partido Demócrata y la extrema izquierda estadounidense quieren implantar en todos los niveles de la enseñanza, así como en todas instituciones federales incluidas las fuerzas armadas.

Teoría Crítica Racial, el nuevo delirio de la new left norteamericana.

Esta doctrina y enfoque ideológico considera que todos los problemas sociales deben ser analizados desde el punto de vista de «la raza» entendida como un constructo cultural sin base biológica real. El CTR es fruto de la convergencia de un sinfín de teorías culturales vinculadas a la extrema izquierda occidental de los años 60 hasta nuestros días.

El nexo en común entre estas teorías, elevadas a la categoría de dogmas de fe por buena parte de la izquierda anglosajona, es la «deconstrucción de la sociedad occidental»- no tanto así su destrucción, como sí defienden específicamente los grupos antisistema antifa y los BLM, quienes también comparten el análisis cultural de la CTR-.

También es común a todas estas visiones la crítica al hombre blanco y cis-heterosexual, culpable de poco menos que todos los males que azotan el mundo.

Para los wokes o «progres» norteamericanos, la sociedad actual sigue dominada por el hombre blanco. Este se niega a perder sus viejos «privilegios» heredados. El hombre blanco se ha procurado un mundo a su medida que aún hoy día le sigue favoreciendo a todos los niveles.

Para los defensores de la TCR y otras teorías culturales e ideológicas similares, que parten de axiomas y premisas subjetivas semejantes, solo la acción política, ya sea progresiva o revolucionaria, pacífica o violenta, puede cambiar la estructura de la sociedad con el fin de crear un mundo más justo e igualitario.

Desde este punto de vista, radical, simplista y extremista tanto en sus análisis, conclusiones como en las locas recetas de transformación política e ingeniería social que propone como «solución», el hombre blanco heterosexual es siempre el enemigo contra el que luchar.

Las consecuencias que tiene implantar este punto de vista y metodología del conocimiento en el sistema educativo son más que evidentes.

En términos de neutralidad del contenido académico, sería nefasto. Equivaldría a implantar en todas las asignaturas una única perspectiva marxista, nacional-católica o liberal clásica, cosa que nadie, en principio, vería bien.

Encuesta de YouGov.

A la pregunta de que si ¿tiene usted una idea sólida de qué es la TCR? El 54% de los encuestados dijo sí, mientras que el 23% respondió que no, y otro 23% dijo no estar del todo seguro.

Dentro de ese 54% que sí decía conocer la TCR, el 25% dijo ser muy favorable a esta teoría, mientras que otro 13% dijo ser medianamente favorable, un 54% dijo estar muy en contra, y otro 4% dijo no tenerlo del todo claro.

Visión favorable de la TCR según grupo social:

  • White men, no college degree: 24%
  • White men, college degree: 34%
  • White women, no college degree: 23%
  • White women, college degree: 44%
  • Black: 68%
  • Hispanic: 42%
  • Republicans: 6%
  • Democrats: 86%
  • Independents: 20%

Vemos como los grupos sociales más favorables son los votantes demócratas (86%), los negros en general (68%) y en menor medida, las mujeres blancas con grado universitario (44%). Incluso en este último caso, la visión de la TCR es más negativa que positiva, algo que no parece importar a Joseph Biden y su partido.

El uso político de la TCR.

Si a nivel educativo la TCR busca marcar de por vida la forma de pensar, analizar y conocer el mundo que tienen los jóvenes alumnos, favoreciendo su adscripción ideológica a la parte izquierda del P. Demócrata, en política sirve para justificar casi cualquier política de privilegios y preferencia en favor de las minorías.

Es decir, en contra de todo lo que se consideren «privilegios históricos» y de los colectivos que entren en esa categorización de históricamente privilegiados.

Estos privilegios históricos vienen siendo: ser blanco, hombre, heterosexual, cis (no transexual), o encajar en los cánones que la sociedad marca como «normativos».

Es decir, que a partir de la TRC podemos afirmar que el hijo varón de un trabajador de las minas de los Apalaches con una esperanza de vida de 60 años al nacer, sería un privilegiado; mientras que la hija afroamericana de la multimillonaria de Oprah Winfrey, partiría de una situación opresiva y desfavorable debido, principalmente, a su raza.

Bajo la TCR a los niños blancos se les enseña desde pequeños en las escuelas que son seres privilegiados, que han heredado una especie de «pecado original» por el hecho de ser blancos (u otra serie de características con las que ellos no han elegido nacer).

De este modo, los niños blancos, especialmente si son hombres, tendrían una deuda histórica con los de otras minorías raciales, especialmente con los negros y nativos americanos.

La discriminación positiva no es algo nuevo en EEUU, pero se está viendo muy intensificada en los últimos meses por la administración Biden.

Hace unos días, publicábamos en este mismo medio la noticia de que Biden planeaba compensar las deudas y préstamos de todos los granjeros no blancos del país, agraviando, por tanto, a los que son de «raza blanca».

Todo esto choca en un país como EEUU, consagrado a la igualdad política y que hace 60 años abogó por abolir de raíz las desigualdades raciales a nivel legislativo.

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