Donald Trump tuvo en su mano el allanar el domicilio de Hillary Clinton en 2016 pero decidió priorizar la estabilidad política. En cambio con Joe Biden en el poder, no dudan en perseguirle

El 9 de octubre del año 2016, durante el debate presidencial en Estados Unidos de cara a las elecciones de noviembre, el entonces candidato Donald Trump le dijo en la cara a su rival demócrata, Hillary Clinton, que en caso de ganar las elecciones designaría un fiscal especial para investigar sus crímenes y que si fuera por él, estaría presa.

En su momento, los medios tradicionales alineados al Partido Demócrata explotaron de furia y tildaron al candidato republicano de fascista y de querer perseguir a su principal rival política.

Sin embargo, tras ganar las holgadamente elecciones y asumir el poder el 20 de enero del 2017, Trump tuvo en su mano firmar la investigación de los Clinton, pero nunca lo hizo

El ex presidente designó como Fiscal General a Jeff Sessions, por entonces el senador republicano quien más había denunciado a Hillary Clinton durante su paso por la Secretaría de Estado. Todo estaba listo para que el Departamento de Justicia de Trump ordenara un allanamiento y abriera una investigación en su contra. Pero Trump frenó a Sessions, pidiéndole que dedicase sus esfuerzos a otras cosas.

Razones para allanar a la ex Primera Dama no le faltaban. Durante su paso por la Secretaría de Estado, la Cancillería de Estados Unidos, Hillary Clinton estableció un correo electrónico en un servidor externo a la Casa Blanca y lo escondió del Servicio Secreto y de las auditorías federales

Desde ese correo electrónico coordinó cientos de actos delictivos. Ordenó repartir armas a grupos rebeldes en Libia, ataques con drones, habló con empresarios chinos y rusos, e instruyó espionajes masivos a dirigentes extranjeros.

El servidor no estaba dentro de la red .gov de la Casa Blanca, y fue fácilmente hackeado por ciberataques rusos en reiteradas ocasiones entre 2012 y 2014. En diciembre del 2014, sabiendo que había cometido un crímen, Hillary eliminó 31.830 emails a escondidas y destruyó con ácido las computadoras para que sus discos rígidos sean irrecuperables. 

Estos mails terminarían siendo publicados por WikiLeaks en 2016, ya que fueron hackeados antes de que los eliminase

Un año después, el Congreso abrió una investigación de Hillary Clinton por sus acciones en la desestabilización de Libia que resultó en el asesinato del embajador estadounidense en Bengazi, y en el Comité de Investigación se le pidió que entregue los correos electrónicos del servidor paralelo, un pedido que no pudo cumplir ya que los había destruido todos.

Cuando Trump ganó las elecciones, todos esperaban que el republicano instruyera a Jeff Sessions que abriera la investigación que Barack Obama nunca quiso abrir. Esto hubiera implicado un allanamiento a las propiedades de Hillary Clinton para evitar que destruya evidencia, y cualquier juez se vería obligado a firmar la orden ya que existe el antecedente de la eliminación de los correos electrónicos.

Según contaron funcionarios de la Casa Blanca de Trump, el entonces presidente decidió en los primeros días de su mandato no perseguir a Hillary Clinton, ya que eso traería inestabilidad política y acapararía todas las acciones de su gobierno, imposibilitando que promueva su agenda.

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