Desde la Transición hasta nuestros días | Parte I

España, o Reino de España, es un país miembro de la Unión Europea, constituido en Estado social y democrático de derecho y cuya forma de gobierno es la monarquía parlamentaria. Su territorio, con capital en Madrid, está organizado en diecisiete comunidades autónomas, formadas a su vez por cincuenta provincias; y dos ciudades autónomas, más un total de 8.131 municipios.

España era una democracia consolidada, moderna, ejemplar, igualitaria, liberal, integradora. Una Monarquía Parlamentaria envidiada.

A parte de por su situación geográfica, era envidiada también en medio mundo por haber hecho una de las transiciones más ejemplares que el mundo había conocido. Una democracia que cada vez iba mejorando su sistema político, social y jurídico. Sus imperfecciones, causadas por exigencias en sus inicios, pues siempre había fallos que corregir, por ejemplo, la descentralización del poder a través del estado de las autonomías, donde los nacionalistas de entonces, hoy secesionistas-independentistas, traicionaron los pactos de la transición enfrentándose abiertamente al estado, y en rebeldía institucional, acumulaban excesivo poder para poner y quitar gobiernos

En una democracia, el bien supremo a proteger es la libertad, pero también tienen que converger todo tipo de ideas, siempre que no vayan en contra de la vida humana, del propio régimen Constitucional, en contra de la democracia, o que la principal razón de existir de esa ideología sea acabar con la libertad, pues no se pueden legalizar a aquellos que nos quieren destruir, o así debería de ser.

Pero no es el caso de España, donde en la transición, por contentar a los nacionalistas se permitieron a aquellos partidos que un día, como ahora, están intentando erosionar el régimen democrático, hasta el punto que algunos de esos partidos están en total rebeldía con España, con la Constitución y las leyes fundamentales del estado. Situación agravada desde que llegó al gobierno uno de los presidentes más nefastos, criminales y nocivos de nuestra historia. Se supone que cada formación política debería ser ejemplar a la hora de ejercer esa democracia respetando las leyes y la Constitución que nos dimos como pueblo libre en 1978, pero la situación es bastante distinta a lo que la norma dicta.

El resurgir del virus comunista 

Cuando todos creíamos que se había extinguido el virus ideológico del comunismo en 1939, después de la guerra civil, ahora sabemos que nunca se extinguió, sino que ante el peligro de desaparecer, se aletargó, como se aletargan esas bacterias o virus permaneciendo en estado criogénico como si estuvieran inertes o muertas, pero en cuanto ven que ese peligro ha desaparecido vuelven a tomar vida y de forma sigilosa, vuelven a lo único que saben hacer, encontrar un nuevo huésped para infectarlo, para hallar un lugar seguro para su subsistencia, donde puedan iniciar de nuevo la infestación masiva y comenzar a inocular de nuevo el virus mortal del comunismo.

Se podía pensar o intuir que después de una guerra civil incruenta y sangrienta donde la barbarie de muchos se hizo patente, como en todas las guerras, todos pensaron que la izquierda española jamás volvería a radicalizarse para acoger de nuevo al marxismo, con los miles de muertos que dejó la guerra civil, las penurias, los desplazados, los exiliados y una sociedad rota llena de odio y violencia. Pero nos volvíamos a equivocar, cuando al mal no se le combate, el mal vuelve a resurgir, si cabe, con más violencia. Era solo cuestión de tiempo y oportunidad. Al legalizar al P.C.E., Adolfo Suárez, lo hizo porque estaba convencido que este jamás volvería a las andadas y seria fiel a la Constitución y jamás sería desleal con ella, pero el honorable Adolfo Suárez, también se equivocó.

El PCE y las Cortes Generales Franquistas

En España se legalizó el PCE, Partido Comunista de España. Aquel partido, el de Santiago Carrillo, fue uno de los artífices, junto con las Cortes generales del franquismo quien posibilitaron el nuevo régimen democrático. “De la ley a la ley”. Pero aquel partido comunista (que de comunista solo tenía el nombre, pues Santiago Carrillo sabía que solo así se podría olvidar el horror de la guerra y de esta manera se posibilitaba una reconciliación de corazón entre hermanos), había abandonado el marxismo-leninismo para acoger la democracia, la libertad, incluso abrazó la bandera de España, nuestra bandera. Posibilitándose una de las transiciones más ejemplares que el mundo hubiera conocido. Por supuesto con sus imperfecciones, con sus errores, con sus presiones y con su complejidad, pero se consiguió.

Felipe González y aquel PSOE socialdemócrata

Otro hecho importante para la estabilidad de la democracia es que Felipe González Márquez, dándose cuenta de la importancia y la trascendencia de este acto, abandonó las tesis marxistas teniendo que dimitir y posteriormente, fue elegido con un Psoe renovado y democrático.

Pero, “no hay bien que 100 años dure”, el mal estaba saliendo de las oscuras y frías tinieblas donde permanecía inerte. Que ese virus comunista solo estaba en letargo, criogenizado en los fríos rincones de algún hediondo agujero maloliente.

Mientras tanto… Fueron pasando los años. En algunas universidades de España ya había penetrado de nuevo el virus maligno y asesino del comunismo. Poco a poco se fue apoderando de muchas de ellas, en Madrid, por ejemplo, en la universidad complutense, había germinado ese virus, había salido de su letargo y creó “el caldo de cultivo” perfecto para que la infestación fuera el germen que vino después y que se extendería como la pólvora por toda España.

El detonante para su resurgimiento definitivo, donde acabó de impulsarse, fue en el llamado 15M de la Puerta del Sol de Madrid, donde estuvieron acampados varias semanas los que propugnaban una “democracia real” y según ellos, otra forma de ver la política, por supuesto nada democrática, a pesar que se les llenaba la boca de palabrería, de democracia y de libertad (aunque muchos nostálgicos se creyeron aquel discurso que quiso emular a mayo del 68), pero que al final se apoderó de este movimiento los comunistas de Podemos que lo llevaron a su terreno político y lo transformaron en un impulso del virus ideológico comunista como nunca antes se había visto en la democracia.

Podemos aprovechó el 15M para hacer resurgir el marxismo del P.C.E. que en la transición fue ejemplar para la estabilidad política. De ahí partió una radicalización social que ha llegado hasta nuestros días, acabando con la paz y la concordia nacional que se creó en la transición y retomando el odio, el revanchismo guerracivilista y las trincheras.

La llegada de ZP al poder, el comienzo de todo

Empezaba diciendo al inicio de este artículo que España era una democracia libre y moderna, pero solo era cuestión de tiempo que apareciera algún indolente y despiadado individuo que con artimañas y engaños se hiciera con los mandos del Psoe, este fue Jose Luis Rodríguez Zapatero. El Psoe había caído en las garras de una banda de criminales que llevarían al partido “de derrota en derrota hasta la victoria final” (Mao Tse Tung). Y no es que el Psoe fuera un partido democrático hasta la llegada de ZP (excluyendo a todos aquellos decentes y honorables socialdemócratas, patriotas y respetuosos con la ley), que nunca lo fue, pero al menos en tiempos de Felipe González y Alfonso Guerra disimulaban ser una social democracia nacional y europeísta y en algunas cuestiones lo fueron.

El Psoe de ZP y Rubalcaba llegó al poder y al gobierno como consecuencia de una de las presuntas conspiraciones más criminales que el mundo haya conocido, el 11M, que, junto con la propaganda falsaria y las mentiras más atroces que un individuo siniestro como Alfredo Pérez Rubalcaba, manipulando en los medios de comunicación todas las informaciones, posibilitó un giro inesperado en las urnas basado en la mentira y la involución de hacer creer que el atentado del 11M fue como consecuencia de la falsa participación de España en la guerra de Irak. Pero aquello caló en la ciudadanía, ya por aquellos entonces bastante manipulable, llegando al poder José L. Rodríguez Zapatero, (alias ZP). El hoy embajador del narco-estado de Venezuela, el que inició el cambio de régimen en España, la transformación de un país libre y moderno, a la oscuridad de las tinieblas del virus del comunismo.

Zapatero fue “el caballo de Troya”, el usurpador de las libertades. Poco a poco fue engendrando el mal y el enfrentamiento entre españoles. Trajo el guerracivilismo, el odio, el sectarismo, la inclusión de un idioma que no es el español, sino un lenguaje estúpido y malsonante, carente de sentido, de lógica y de ciencia gramatical. ZP trajo el frentismo, los recuerdos de décadas pasadas luctuosas y sangrientas para todos, pero especialmente para los que perdieron la vida por la sinrazón humana y por el delirio del poder.

Rajoy, Sáenz de Santamaría y María de Cospedal

Los herederos de aquellos que provocaron aquella sinrazón, o más bien sus nietos, hoy día han regresado. Como decía, primero fue ZP, luego tuvimos algunos años donde gobernó Mariano Rajoy con Soraya Sainz de Santamaría. Si tuviera que decir algo de este gobierno, diría, por ser escueto, pero rotundo y “al grano”, que fue un gobierno, que, a pesar de tener mayoría absoluta, fue seguidista de todas las políticas que ya había iniciado el Psoe.

Toda la batalla ideológica, la batalla cultural, las de las ideas, Mariano se olvidó de ellas dejando el camino expedito para lo que vino después.

Todas y cada una de las leyes que la izquierda había aprobado, algunas inconstitucionales, Mariano Rajoy no las derogó, todo lo contrario, las protegió y continuo con ellas haciéndolas suyas, a pesar de haber prometido en la campaña electoral que las derogaría, como la LIVG, la de la memoria histórica, la de la justicia, para que los jueces fueran nombrados en su mayoría por los propios jueces como dice la Constitución.

Todas las políticas que había iniciado el Psoe en favor de Eta, Rajoy continuó con ellas, siguiendo el pacto que había hecho el Psoe con la eta en el siniestro y terrorífico mandato de ZP, como los acercamientos de presos, la puesta en libertad de alguno de ellos, como Bolinaga, el secuestrador de Ortega Lara, De Juana Chaos etc.

Además de ser el responsable que hoy día este gobernando Pedro Sanchez con el frente popular, pues en la moción de censura que Pedro Sanchez le presentó a Rajoy, éste le conminó a dimitir y convocar elecciones. Elecciones que hubiera ganado seguramente las derechas del PP y Ciudadanos, por aquella época bastante fuerte como para salir victoriosos ambos partidos.

Pero Rajoy se negó, prefirió que se hiciera con el poder la extrema izquierda a permitir su sucesión en la figura de Sáenz de Santamaría o Cospedal. Además de ser traicionado, de nuevo, por el PNV que meses antes le había dado su confianza en la investidura. Rajoy no pudo soportar la presión y abandonó el Congreso de los Diputados y, por tanto, la moción de censura, para refugiarse en un bar, donde pasó toda la tarde ahogando sus penas con un íntimo amigo escoces. Ya me entienden.

Pedro Sanchez, presidente del gobierno de España y el “frente popular

El resultado de aquella moción de censura es que toda la extrema izquierda, los comunistas, separatistas, secesionistas, vamos, todos los enemigos de España, de la libertad, del régimen democrático del 78, unidos con un solo y único propósito: robarnos la democracia, cambiándonos el régimen para robarnos la libertad. Llegando al poder uno de los presidentes más abyectos, peligrosos y falsarios de la historia de España, Pedro Sánchez Pérez-Castejón, «Su pedridad». Su presentación fue su plagiada tesis doctoral, pero aparte, su prepotencia, su “chulería”, sus mentiras y, ante todo, su enorme engaño hacia sus votantes, que les prometió que no pactaría con los comunistas de Podemos, y al día siguiente a las elecciones, ya había pactado. O que no pactaría una y 20 veces con los etarras, o sus adláteres y lo mismo, pactó con ellos y les ha pagado con creces.

Éste cree que puede dominarnos a todos. Someternos a su totalitarismo, a su tiranía, a su desprecio más absoluto a la democracia, a la ley y el orden Constitucional. Para lo cual se ha unido a todos los enemigos de la nación española, que naturalmente están en esa línea.

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