¿Descanse en paz?

En su afán por regular hasta lo imposible, este gobierno ha dado un paso más. Ya no le basta con tener a sueldo a la grandísima mayoría de las televisiones privadas, la televisión pública, esa llamada “ley de influencers” que regulará qué contenido debe emitirse o no en Internet… No.

No tiene suficiente con decirnos cuánto podemos ganar y en qué nos lo podemos gastar. Ni siquiera a la hora de decirnos lo que podemos y no podemos comer. O con quién nos podemos relacionar, o cómo debemos de pensar, cómo debe de ser nuestro vocabulario, nuestra forma de vestir, no.

En este intento por eliminar la identidad tanto a nivel individual como colectivo; para sustituirla por el fruto de esta etapa decadente llamada posmodernidad, nada parece serle suficiente a este gobierno inmundo “que no nos va a dejar ni después de muertos”.

Nunca es suficiente. España es el país de la UE con la lista más larga de impuestos, desde donaciones, pasando por el de Patrimonio, hasta el de sucesiones. Por mencionar algunos. Da asco vivir. No se preocupe, mi buen lector, que ya se encargan desde allá arriba de que le desagrade sobremanera el hecho no solo de seguir vivo en este valle de lágrimas, también lo que le pueda suceder a usted después de muerto.

La dictadura ecologista se impone una vez más en este sentido. Todo basa en echar balones fuera. Que si Europa dice esto, que si Europa dice lo de más allá, etc. La misma milonga de siempre. Aquellos que son más papistas que el papa van a calzón quitao en esta y más cuestiones. Con ellos, aunque no lo parezca, ya no se habla de miseria. El hecho de que tengan que decirle a usted en qué condiciones ha de enterrar a alguien querido no les deja en evidencia en lo más mínimo. Para nada.

Según parece, el último dictamen del gobierno se hace eco de lo siguiente: enterrar al difunto con ropas de fibra natural y en caja de cartón. Estos adalides de la Agenda 2030 llevan el lema “No tendrás nada y serás feliz” a su máxima expresión. Por no tener, usted no tendrá ni la libertad de decidir cómo quiere ser enterrado, si es que quiere ser enterrado. De los crematorios ya hablaré más adelante. Ni acorde a la propia voluntad ni al poder adquisitivo, no. ¿Dignidad de la persona fallecida? ¿Qué es eso? Les suena a chino a estos mendrugos por desgracia nuestros líderes.

Para colmo, en su retórica (la de ellos), usted deberá darle las gracias al Estado y darse con un canto en los dientes porque al menos, usted (su cadáver) no estará ni arrojado como más pronto sobre un contenedor de la basura ni sirviendo de alimento a marranos o a cualquier otro tipo de animales.

Quién sabe, si son estos los que sin tapujo alguno se inclinan por que comamos gusanos, larvas, etc. el día de mañana, ¿qué impide pensar que el día de mañana nos suministrarán de la carne de nuestros padres haciéndola pasar por carne sintética?

Bastante tendremos los que seamos enterrados con fibras naturales en una caja de cartón. O eso es lo que quieren que pensemos. Privilegiado era el que, en un pasado, se hacía enterrar en un panteón monumental para él y para toda la familia. Privilegiado, a día de hoy, es aquel hijo de vecino que se va de este mundo en una caja de cartón, a saber si hecha o no a base de remiendos. Visto lo visto, no sería una opción descabellada ni descartable.

Y es que alegan defender el medio ambiente, poniendo con ello más trabas a los crematorios. Se ve que este gobierno no aprendió de su pasada experiencia en su intento de lastar, cuando no debilitar hasta el límite al sector de la hostelería. Su Falcon, señor Sánchez, ¿no contamina? El superpuma entiendo que, funciona a vapor, ¿no? No me diga más. Funciona a pedales.

Volviendo al asunto, ¿qué será lo próximo, en su absurda legislación? Ya está, legitimar quién puede, y quién no puede morir. Cómo no se le ocurrió a este humilde señor que les escribe, que la inmortalidad se consigue a golpe de decreto. ¿O era autopercepción?

Se viene diciendo, amigos, que el socialismo es miseria. Tanto moral como humana. Pero miseria el fin y al cabo.

Hay veces que dan ganas de no haber venido al mundo.

¿Descanse en paz? Ni eso.

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