Desalojada la casa okupa más famosa de Berlín

Han sido necesarios hasta 1500 agentes para proceder a su desalojo pero, finalmente, el berlinés bloque de viviendas Liebig 34, en el barrio de Friedrichshain, ha sido desalojado.

Desde hace muchos años, el bloque (aunque propiedad de una mujer rica) está «bajo el control» de grupos anarquistas y de radicales de extrema izquierda, por lo general, partidarios de la autogestión, la no jerarquía y la vida comunal. En definitiva, grupos tribales anarcocomunistas que han absorbido también idearios post Mayo del 68: ecocomunistas, queer, o feministas neomarxistas…

En España identificamos coloquialmente esta clase de grupos sociales como «okupas» y «perroflautas».

Ahora bien, aunque son partidarios de esa «opción de vida», los inquilinos de Liebig 34 no viven oficialmente de okupas, pues pagan un alquiler por el usufructo del bloque (aunque luego puedan vivir hacinados y no cumpliendo las normas del contrato). Al fin y al cabo, las leyes alemanas y berlinesas no permiten la okupación de viviendas y son un poco más serias que las españolas en ese sentido, ergo les toca adaptarse.

Lo cierto es que algunos barrios pobres de renta barata del este de Berlín se llevan prestando mucho tiempo a ese «estilo de vida okupa», cultura urbana antisistema y estética que podríamos denominar «anarco-punk».

Esta clase de sitios surgieron tras la caída del Muro y el fin del régimen socialista de Alemania oriental (bajo el cual hubiese sido impensable la proliferación de grupos de «izquierda alternativa antisistema» de tal naturaleza).

Liebig 34 en particular, se autodenominaba proyecto «anarcofeminista» de corte queer. Pero el tipo de grupos en los que se engloba Liebig 34 son, por lo general, heterogéneas bandas urbanas (a menudo violentas), no alineadas con fuerzas políticas (ni siquiera con el poscomunista Die Linke), ni con una ideología o corriente política concreta, que tienen como eje vertebrador común su carácter radicalmente antisistema y ultraizquierdista.

Debido al marcado cariz izquierdista de los sucesivos gobiernos que han regido durante las últimas tres décadas la ciudad-lander de Berlín, el ayuntamiento berlinés no había visto con demasiados malos ojos la existencia de tan particular edificio-comuna.

Es verdad que el mal estado del edificio (y alrededores), las muchas pintadas que lo «decoran» y en general, la imagen casi post apocalíptica y «madmaxiana» que da el bloque en plena capital del estado más poderoso de Europa, no es precisamente buena a ojos de una gran parte de la sociedad alemana.

Pero es justo decir que, para muchos turistas, este tipo de lugares son un reclamo turístico más.

Berlín lleva años siendo una de las ciudades emblemáticas y paradigmáticas de la extrema izquierda europea.

Existen hasta free tours o tours «alternativos» que visitaban lugares pintorescos como Liebig 34; cuyos moradores, a la hora de la verdad y a pesar de su anticapitalismo militante, no perdieron la oportunidad de hacer dinero dando a conocer su estilo de vida, cumpliendo así su sueño vital de vivir sin trabajar demasiado (y oye, de enriquecerse llegado el caso, que a todos nos gusta vivir el sueño burgués a la hora de la verdad…).

Ahora bien, la mayor parte de ingresos del grupo no han provenido de su lugar de «refugio y residencia» sino de un «centro cultural» y un bar con esa misma estética y filosofía.

No obstante, de un tiempo a esta parte, el panorama de Berlín este está empezando a cambiar.

Berlín entera se está gentrificando y la actual crisis sólo puede acelerar el proceso. Es cada vez más una ciudad mayormente rica, en la que poco a poco se van diluyendo las antaño insalvables diferencias existentes entre la desarrollada parte occidental, capitalista desde la era Hohenzollern, y la depauperada parte oriental, que hace 30 años se incorporó, no sin problemas adaptativos, al exigente mundo capitalista después de 50 años de socialismo.

Hace unos años fue derrumbado uno de los últimos vestigios que quedaban de Muro de Berlín a la orilla oriental del río Spree, para erigir en su lugar una hilera de residencias de lujo. En 2012 cerró la famosa Tacheles Gallery, okupada desde 1990. También fue cerrado en agosto de 2020 el ya mítico bar Syndikat, una meca para los grupos ultra.

Paulatinamente cada vez más viejos bloques de Berlín oriental son derrumbados o reformados integralmente para construir viviendas para las clases medias y medias-altas. Familias que ven Berlín como la ciudad ideal para formar una familia debido a su crecimiento económico, oferta laboral/cultural, así como a las fuertes políticas sociales en favor de la natalidad y la conciliación laboral.

Toda esta sucesión de desalojos, derribos, sustitución demográfica y cierre de locales, ha venido acompañada de grandes protestas sociales con no pocos episodios de violencia.

Pero al final, se ha llevado a cabo cada uno de esos nuevos proyectos, y este es un proceso que continúa y continuará.

El sueño anarcocomunista/anarco-feminista llega a su fin

Gijora Padovicz, la dueña del bloque Liebig 34, mujer y extranjera, para más inri de cara al «feminismo antirracista» característico de esta comuna, decidió acabar con este experimento social vecinal en 2018, hace ahora dos años.

Padovicz no está dispuesta a seguir viendo como el edificio se deteriora y pretende reformarlo para luego volverlo a alquilar a un precio mucho mayor, previsiblemente inasumible para un precario grupo de antisistemas e inadaptados sociales.

Aunque el proceso para desalojarlos se ha demorado, ya es un hecho.

Alemania es, por encima de todo, un país profundamente capitalista. Ni socialdemócratas ni verdes lo ponen en cuestión, pese a la popularidad de sus socios poscomunistas de Die Linke en la mitad nororiental de Alemania (que incluye a Berlín, aunque no a su mitad oeste en términos socioeconómicos).

Se preveía mucha resistencia, y a pesar del enorme dispositivo, así ha sido.

Algunas de las consignas de los manifestantes eran «casas para quienes viven en ellas» o «todo Berlín odia a la policía».

Decía un usuario en twiter: «Con la destrucción de este proyecto de gran casa autogestionada Berlín pierde la oportunidad de convertirse en un espacio emancipatorio feminista queer, haciendo de la ciudad un sitio, si cabe, más heteronormativo y estéril»

No han faltado los intentos de barricadas, el mobiliario urbano y hasta una estación de metro ardiendo, los insultos y amenazas incesantes a los 1500 agentes de policía desplegados… pero como cabía esperar, nada de eso ha servido para evitar la muerte de Liebig 34.

Otra utopía fracasada más, esta vez, en plena Europa del 2020.

Un comentario en «Desalojada la casa okupa más famosa de Berlín»

  • el octubre 11, 2020 a las 1:25 pm
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    No os dejéis pasar al perroflauta del vídeo que se mete en la trifulca mientras devora el bocata de chopet que le ha preparado su madre esa mañana.

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