Deriva autoritaria en Europa. La UE activa el mecanismo para cortar fondos a Hungría tras la reelección de Orban

El mensaje es claro, cuidadito en el viejo continente con llevarle la contraria al tetrapartido de consenso progre (populares, socialistas, liberaledmócratas y verdes) que lo controla todo desde el Parlamento Europeo y muy especialmente desde Alemania

Dejémonos de medias tintas, la Unión Europea se ha convertido, en gran medida, en una suerte de Cuarto Reich. Un entramado burocrático fuertemente influenciado por lobbies y dirigido fundamentalmente desde esta Alemania progre y decadente que solo mantiene la seriedad y cordura en materia de equilibrio presupuestario y macroeconomía; «lo más importante», dirán algunos. Sí, pero no lo único que importa.

Aunque a los políticos europeos se les llena la boca hablando de democracia, no tarda en quedar evidenciado que las urnas solo les sirven mientras sirven a sus intereses. Que los húngaros hayan dejado claro por cuarta vez que no quieren un gobierno progre no es tolerado desde Bruselas, por lo que deja de ser considerado una opción democrática.

Desde las más altas instancias europeas, perdedores profesionales como Donald Tusk presionan para que el Partido Popular Europeo frene cualquier deriva ideológica a la derecha de su formación. Grupo que, en su vertiente occidental, cada vez se asemeja más a un partido socialdemócrata progre y controlador, lo que explica que cada vez esté más alineado con el Partido Demócrata de EEUU y menos con el Republicano.

Ahora que en Alemania gobiernan los socialdemócratas, esta situación no puede sino empeorar.

Adiós a los fondos de recuperación

Como en Hungría no ha ganado la coalición anti Orban- que incluía a ultranacionalistas a su derecha, dicho sea de paso- la UE ha decidido castigar a quienes considera, visto lo visto, sus vasallos.

Cuando Hungría entró a formar parte de la UE, no digamos ya cuando inició el proceso para entrar, no existían clausulas o «valores»consagrados que obligaran a cosas como aceptar un número ilimitado de refugiados inintegrables de otros continentes, legalizar el matrimonio y la adopción homosexuales, no aprobar una ley de elección de jueces como la que impuso Felipe González en España, o sancionar a Putin por invadir Ucrania pese a las consecuencias nefastas que eso puede tener sobre la economía húngara y para los intereses húngaros, que no se ven respetados en la Rutenia de mayoría magiar.

No obstante, según la camarada presidenta-comisaria, Ursula von der Leyen, Hungría habría quebrantado el estado de derecho y violado los «valores de la UE» por las mencionadas razones.

Si Orban ha quebrantado los valores europeos, no me quiero imaginar entonces Volodimir Zelenski, cuyo país está años luz más alejado de la progresía europea que del paleoconservadurismo autoritario ruso, o que del conservadurismo democrático húngaro, sin ir más lejos.

Fíjense ustedes, que eso no ha impedido que el dirigente ucraniano haya sido recibido con aplausos en Bruselas y en los distintos parlamentos europeos en los que ha intervenido para pedir ayuda en estos momentos críticos para Ucrania.

Hasta los indepes catalanes le han aplaudido, ignorando que su partido y otros anteriores han tratado de eliminar el idioma e identidad rusa en el este del país. Ojo, no estoy tratando de justificar en ningún caso una invasión como la que ha llevado a cabo Putin, especialmente si tenemos en cuenta los pactos de los años 90 bajo los cuales Rusia se comprometió a no reclamar territorios ucranianos a cambio de un traspaso de todas las armas nucleares bajo control ucraniano.

¿Por que llamarlo «valores» cuando se trata de «intereses políticos»?

Ni siquiera apruebo personalmente todo lo que ha hecho Orban. Ni me gusta el sistema de elección de jueces que tiene Hungría, que es igual de malo que en España; ni me gusta el concepto de «iliberalismo» orbaniano, porque me considero liberal; ni me gusta la corrupción generalizada endémica del país magiar, como tampoco la de España. Pero tanto cinismo por parte de las altas instancias europeas me resulta nauseabundo.

Es cuanto menos curioso ese mantra de «los valores de la UE». ¿Por qué no actúa la UE cuando partidos de extrema izquierda europea se niegan a sancionar a regímenes como el cubano o el venezolano? ¿Y dónde estaba el presidente de la Comisión cuando el PSOE le regalaba autobuses a los Castro desde el Ayuntamiento de Oviedo o aprobaba las inconstitucionales leyes de «violencia de género»? ¿Por qué la UE no actúa contra la totalitaria Arabia Saudita cuando esta mete tropas en Yemen? ¿Dónde está la UE cuando China practica ingeniería social agresiva y crímenes lesa humanidad en Tíbet o en las regiones de uigures? ¿Por qué la UE se pone tan de perfil a la hora de perseguir a los golpistas catalanes? ¿Se imaginan que siguiendo el criterio de Bruselas, España cortara la financiación a Cataluña? España es un país muy corrupto, también lo son Rumanía o Italia. ¿Por qué a dichas naciones nunca se les han cortado los fondos?

¿A quién pretende engañar la burocracia imperante de Bruselas con eso de «valores europeos»?

Los valores europeos son los heredados tras un complejo proceso histórico compartido que incluye a Grecia y Roma, el cristianismo, el renacimiento, la ilustración, el romanticismo o la lucha contra el totalitarismo durante el siglo XX. Dichos valores son pisoteados sistemáticamente por muchos políticos europeos, entre los que se incluye nuestro querido Pedro Sánchez, pero no precisamente por Viktor Orban.

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