De Ciudadanos, poco que añadir

El día primero de mayo ha sido, cuanto menos inusual, al menos para el que escribe. En este día se ha hecho acopio de multitud de elementos, formas de ser, etc.; cuanto menos, curiosas y variopintas confluyendo todas en un mismo punto: la zona del Valle.

Lo mismo es fruto de la falta de asiduidad y compromiso a por lo menos asistir a la celebración de un encuentro entre devotos y no tan devotos; entre otro tipo de personas.

Pero…

Lo cierto es que ver un Valle tan lleno hasta los topes de mierda no ayuda, y menos la pelotera tan inmensa de jóvenes apolillados espalda con espalda, pecho con pecho, culo con culo. Hay más espacio en una lata de sardinas, todo hay que decirlo. Salvo por las toneladas de desechos vertidos al monte (vasos, latas, botellas, etc.), nada que objetar. Algunos únicamente fuimos a observar y a caminar. No pude ni siquiera acercarme a por una miserable caña debido a la frontera natural de cuerpos humanos que apenas permitía el paso de individuos sueltos, como era el caso de un servidor, que íbamos de acá para allá, sin rumbo fijo, a verlas venir, como quien dice. Tremenda odisea la que tuvieron que afrontar los músicos que vi acercarse a aquella turba enfervorecida con el objeto de atravesarla y llegar como fuere para cumplir su cometido en la tradicional romería.

No he venido a aquí a hablar sobre la tradición, mi opinión al respecto ya la conoce “un porrón de gente”, dicho de forma castiza. Si por algo he venido, ha sido primero por la misa, y, seguidamente, a dedicar parte de la tarde, como ya dijera, a la observación. No he podido pues, evitar percatarme de la presencia de varias carpas de diversos colores, representando a distintos partidos políticos presentes en la actualidad. De alguno, se decía que faltaba marisco (entiéndase el chascarrillo), de otro, supuestos madridistas proclamaban que el lema escrito en su fondo del color de la esperanza era una burda copia de una frase de Cristiano Ronaldo, y que seguramente, si el bueno de Cristiano se enterase, no tardaría en reclamarles por plagio.

Vamos, que ninguno de los grandes partidos perdió la ocasión para promocionar sus siglas. Nada nuevo. Pan y circo.

Cuando la fruta está madura, se dice que le llega el momento de caer del árbol. Algo parecido le ha ocurrido al partido de la carpa del color naranja. Esa caída no se ha producido por madurez, más bien, por otros asuntos. No es por hacer leña del árbol caído; no obstante, un servidor no se sorprende lo más mínimo de declaraciones escuchadas entre la multitud. Quizás esas palabras fueran pronunciadas en un momento de lucidez previo a la ebriedad, o justamente todo lo contrario, pues bien es cierto que los borrachos y los niños son los únicos que dicen la verdad: “el stand de Ciudadanos tiene seguramente más gente pendiente de que le sirvan su vaso de cerveza que afiliados tiene el partido”.

A estas alturas de la película, a nadie le sorprende que el partido naranja haya llegado a ser, en palabras de vicepresidente, “un fantasma político”. La promesa que dicha formación representaba ha pagado muy caro el precio de ser un veleta. “No apoyamos ni a izquierdas ni a derechas”, tal y como “este movimiento no es ni de izquierdas ni de derechas”. Uno de estos discursos es falangista; el otro, oportunista. Juzgue usted y dígame cuál es cuál.

Aquella era la sentencia utilizada como protección frente a las acusaciones fundadas de los críticos con sus interminables y repentinos cambios de parecer. Quedarse bajo el sol que más calienta no es un juego novedoso en política. Lo que más llama la atención al respecto es la capacidad de algunos de decir una cosa un día, y su contraria al siguiente, dejando atónitos a sus votantes, algo que, como se ve, pasa factura. A no ser que, en vez de votantes, tenga forofos, como le ocurre al Partido Socialista. En ese aspecto da lo mismo 8 que 80 (falacias al electorado).

Esto que afirmo, para algunos, es de sentido común; para otros, como los señores de Ciudadanos, no lo es tanto, quizás por eso van dando tumbos de izquierda a derecha, tal y como hacía yo mismo en mi caminar por El Valle. Se dejan llevar, como buenos veletas, según sople el viento.

No quieren mojarse en según qué aspectos. ¿Inconformistas? Me parece haber leído en su carpa. ¿Liberales? Quizás algunos cargos, por lo menos aquí, en la región, sí. No obstante, el objeto de esta crítica no se centra en las ramas, sino en las raíces del problema. ¿Inconformista es un partido que continúa bajando la cabeza en acto de sumisión ante una izquierda cada vez más rancia supuestamente erigida a sí misma como juez y jurado de todo lo habido y por haber? ¿Un partido que acepta los mantras de esa izquierda totalitaria es digno de ser llamado inconformista?

¿Liberal se hace llamar un partido que pacta con el PSOE? Un partido liberal pactando con uno intervencionista, plan sin fisuras. Todo esto, entre otras muchas cosas, ha propiciado una caída a los infiernos del partido que llegó a ser primera fuerza constitucionalista en Cataluña, nada menos. Qué tiempos aquellos. Y qué cartas tenía Ciudadanos en sus manos, además de buenos jugadores. Lástima que, como dicen, se apearan del carro los mejores, y se quedasen viviendo del partido, chupando del bote de lo público, como siempre, los mediocres, los que no pueden valerse por sí mismos más allá de la política. Quo vadis, Ciudadanos? ¿Adónde vas? ¿A hacer el ridículo, tal vez? ¿A hablar de temas que no le importan a nadie y en los que nadie va a reparar por mucho que el que hable sea persona seria como Edmundo Bal?

Dígamelo ustedes, señores de Ciudadanos. A mí, y a los posibles votantes que les queden a ustedes desperdigados por esta España deshecha. Intenten convencerme, pero con hechos, no con palabras. Sean coherentes. Si no se ven con fuerza para continuar por el camino trazado por el partido, vuelvan a sus puestos de trabajo, en vez de parasitar a bordo de una u otra formación política. Si, por el contrario, deciden continuar, aclárense. Ya ha quedado sobradamente cristalino que eso que llaman “el centro” no existe. No se puede contentar a todo el mundo de la misma manera que no se puede pactar con todo el mundo. No me sean como el señor Marx: “Estos son mis principios…”, y ya saben el resto, y las consecuencias; que la gente no es tonta, y…

…mientras el pueblo se va dando cuenta, el partido se desangra, el barco se va a pique, y el flotador del último superviviente en tierras andaluzas ha tenido un percance y se ha pinchado. Al tiempo.

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