Cuestión de prioridades. Una reflexión sobre la ayuda de España a Ucrania

A estas alturas nadie niega la importancia que la guerra tiene, así como las consecuencias que traerá no solo al conjunto de la nación española sino además al resto de Estados europeos. No obstante, y barriendo para casa, permítanme un minuto de reflexión con la cabeza fría a tenor de la que está cayendo.

Y es que sin dejar de lado la cuestión ucraniana, parece que nos hemos olvidado de que nuestras fronteras están siendo asaltadas no por gente que huye de otros conflictos, sino por (en su mayoría) jóvenes armados y en edad militar. ¿Dónde está el ejército, se preguntan algunos? Pues, una mitad, de camino a Ucrania, y la otra, abandonada a su suerte ante lo que es evidente que está sucediendo en la puerta sur de entrada al continente: una invasión.

Insisto, sin quitarle importancia al asunto; hay que mirar para adentro y dejar de asumir con la cabeza agachada, como si no tuviéramos otra opción, la interminable subida de la luz, de los combustibles… así como la creación de nuevos impuestos a cada cual más absurdos, surrealistas y por qué no decirlo, abusivos. Progreso, lo llaman.

Que a nadie se le olvide que vivimos bajo el yugo del Gobierno más opaco y más corrupto de la historia de nuestra democracia

Nadie debería olvidarse de lo maltrecha que se halla la economía española, de las peor paradas tras la pandemia. España se sitúa a la cabeza del paro juvenil en Europa, y no es de extrañar. Buena parte de las empresas se han ido, se están yendo, desean irse, o directamente, han desaparecido; consecuencia de las políticas abusivas, favorable a los amiguismos, sumada a la incompetencia inherente a los gobiernos llamados a sí mismos “progresistas”. No es de extrañar si tenemos en cuenta las palabras de uno de los referentes culturales de este gobierno de sátrapas, Jorge Javier, cuando declaraba en su programa “de rojos y maricones”.

No podemos pasar por alto que, a costa de apretarnos el cinturón, nos vemos obligados a la manutención de un Estado elefantiásico e ineficaz, partidario de la toma de medidas muchas veces ridículas e inútiles; otras tantas, peligrosas y totalitarias.

Un Gobierno sustentado en el bulo y en la propaganda. A pesar de todo, “Salimos más fuertes”

Directamente, y aún a riesgo de parecer soez, no hay huevos a mirar a la cara a un palmero y decirle esas mismas palabras. Parece que nos hemos olvidado de lo sucedido en La Palma. Ya de por sí, las ayudas llegaban con cuentagotas, ahora, con la crisis de Ucrania, directamente, dejarán de llegar, porque lo de este Gobierno no deja de ser propaganda de cara al interior, como al exterior. Parece que entre compatriotas esto ya no importa, aunque desde el exterior, no se traga desde un principio a esta panda de iletrados puestos a dedo, financiados por terroristas. En resumen, el cáncer de España.

En lo que se refiere al nivel aparente de preocupación por los males propios, este es el nivel de manipulación que las distintas televisiones y demás medios, regados con dinero público, proyectan contra nosotros, en un intento de destruir el espíritu español de libertad y rebeldía; convirtiéndonos en una sociedad aborregada movida únicamente por los instintos naturales, mayormente ignorantes adoctrinados por la progresía y la posmodernidad que tanto corrompen a España como a los valores de Occidente, en general.

No se puede, y con esto termino; decir una cosa y su contraria, de la misma manera que, en lo referente a Ucrania, no puedes suministrar a ésta ni ayudas, ni medicamentos, ni armas, ni capital, sin haberte cerciorado antes de si, como nación, te lo puedes permitir.

Haciendo una lectura torticera y malentendida de estas declaraciones, el lector podría entender por parte del escribiente la siguiente conclusión: “Allá se las apañen”.

Ni mucho menos. En absoluto.

Servidor iría con gusto a aportar su granito de arena. No obstante, hay que establecer prioridades

Dicho de otro modo, ¿usted daría un dinero que no tiene para ayudar a alguien que lo está pasando mal? Es de sentido común, si usted mismo (como país) es incapaz de mantenerse, ¿cómo me va a mantener a mí?

Por lo tanto, es de imperiosa necesidad sanar nuestras propias heridas, corregir todos nuestros fallos, en la medida de lo posible; fortalecer nuestra economía, limpiar nuestras instituciones de todo aquello que sea innecesario para el correcto funcionamiento del Estado y recuperar una buena posición en el ámbito internacional, antes de decidir, a las bravas, ayudar o no ayudar. Pensemos con cabeza. ¿De verdad España se lo puede permitir?

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