Cuenta atrás en Cataluña

Quedan un poco más de veinticuatro horas para conocerse los resultados de unas elecciones catalanas que se presentan apasionantes y que decidirán en buena medida el futuro de la política catalana y nacional a corto y medio plazo.

Una de las incógnitas de la jornada, y no precisamente menor, es el nivel de participación. En primer lugar porque el grado de movilización de los distintos electorados no es el mismo y una baja participación general unida a una gran movilización de los electores independentistas podría conducir a un resultado final con más del 50% de votos en favor de estas opciones. Y en segundo lugar porque un buen resultado independentista con una baja participación daría al traste con el carácter plebiscitario que Junts per Catalunya, ERC y la CUP quieren dar a las elecciones y dejaría tocado al “procés”.

Otra gran incógnita de las elecciones es el resultado del PSC y de En Comú-Podem. Un buen resultado de Salvador Illa y un mal resultado de la candidata de la formación morada en Cataluña debilita claramente las posiciones de Pablo Iglesias en el gobierno de coalición, donde los ministros de Podemos cada vez están más marginados.

Por otro lado, tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias aspiran a lograr la conformación de un gobierno de la Generalitat formado por ERC, PSC y Podemos que asegure la estabilidad del gobierno durante los dos años y medio de legislatura restantes. Para ello es necesario que el PSC logre un buen resultado y que ERC pierda ante Junts per Catalunya. Saben que la única manera de que ERC ceda a sus cantos de sirena es el miedo a tener que ceder la Presidencia de la Generalitat a Laura Borràs, la protegida de Torra y Puigdemont.

La tercera incógnita es cuál de los dos principales partidos ganará la pugna por la hegemonía en el espacio separatista. Está en juego el gobierno de la Generalitat de Cataluña y la elección entre una opción más rupturista, al menos en un sentido retórico, y otra de más posibilista o moderada. La primera opción es la que encarna Laura Borràs, que insiste en la necesidad de ratificar en el Parlamento los resultados del referéndum ilegal del 1-O y que veladamente amaga con reactivar la DUI; la segunda opción es la de Pere Aragonès, que apuesta por reanudar la Mesa de Diálogo con el Gobierno de España.

Finalmente, está la pugna entre los tres partidos que en Cataluña representan el espacio no catalanista: Ciudadanos, Partido Popular y Vox.

La fuerte irrupción de Vox y la posibilidad de que este partido supere a los dos primeros provocarían un terremoto en Cataluña cuyas réplicas en Madrid podrían hacer tambalear al liderazgo de Pablo Casado en el ámbito del centro-derecha y dentro de su propio partido. En el caso de Inés Arrimadas y Ciudadanos un resultado como el que auguran algunas encuestas sería el final del partido centrista, cada día más desdibujado, desorientado y tentado de abrazarse y hasta fundirse con PSOE o PP según las circunstancias.

Esta vez las elecciones catalanas son más nacionales que nunca. Del resultado de este domingo depende el futuro del gobierno de Sánchez, del proceso independentista y d la oposición de centro-derecha.

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