Concha Andreu y Brahim Gali. La presidenta y el presunto terrorista

El título de esta columna podría parecer el de una película romántica del Hollywood más “empalagoso”, pero en realidad hace referencia a una Presidenta autonómica que dejó de ejercer su función de servidora pública para pasar a desempeñar la profesión de sirvienta particular de su superior.

Brahim Gali, de 71 años, es el líder y Secretario General del Frente Polisario, organización que pretende la independencia del Sahara Occidental frente a Marruecos, y, anteriormente, frente a España. Hay diversas opiniones sobre si el Frente Polisario es o fue un grupo terrorista. A su vez, esta persona ostenta el cargo de Presidente de la inexistente República Árabe Saharaui, tras una elección realizada en 2.016 en el campo de refugiados de Dakhla, Argelia.

Brahim es un personaje controvertido, con un currículum nada cándido. Actualmente tiene dos causas judiciales pendientes en España, lo que ha llevado al Juez de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz, a citar al líder saharaui a declarar el próximo 01 de junio en calidad de investigado:

– Por un lado, está acusado de presunto genocidio contra la propia población saharaui disidente refugiada en Tinduf, Argelia, de acuerdo con la querella presentada en 2.012 por la Asociación Saharaui para la Defensa de los Derechos Humanos, que denuncia asesinatos, lesiones, detenciones ilegales, torturas y desapariciones desde 1.979.

– Por otro lado, el bloguero saharaui Fadel Mihdi Breica presentó en agosto del año pasado otra querella por arresto y torturas, sufridas también en Tinduf, mediante golpes y descargas eléctricas.

Con el consentimiento explícito de Pedro Sánchez y apoyado por la Ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, Brahim fue ingresado en el mes de abril en el Hospital San Pedro de Logroño, tras infectarse de coronavirus y padecer un cáncer digestivo. Se realizó su traslado utilizando la identidad falsa de Mohamed Benbatouch y pasaporte argelino, con el fin de evitar principalmente problemas con propia la justicia española y, a su vez, no generar un conflicto diplomático con Marruecos. Previamente, Alemania había rechazado acogerlo.

Aquí es donde entra en juego Concha Andreu. Su “jefe”, Pedro Sánchez, tenía que encontrar una Comunidad Autónoma que recibiera a este presunto terrorista incumpliendo la legalidad. Lógicamente, debía de tratarse de una región controlada por el PSOE, con un dirigente que fuese fiel seguidor del Sanchismo y no tuviese la suficiente entereza ni principios para oponerse a semejante desmán. La Rioja y Concha Andreu cumplían perfectamente estos requisitos.

Por lo tanto, Concha Andreu ha cerrado los ojos ante lo que algunos consideran un posible delito de Estado, que parece va a generar denuncias y demandas por diversas asociaciones y que también debería ser investigado de oficio por la Fiscalía, opción muy complicada dado que dicha institución actualmente no es independiente del Gobierno. Como claramente dijo Pedro Sánchez en 2.019 en una muestra de arrogancia, “la Fiscalía soy yo”.

Concha Andreu y el Gobierno socialista parecen olvidar que Brahim Gali fue uno de los instigadores de los ametrallamientos, asesinatos, secuestros masivos y desapariciones de ciudadanos españoles desde 1.973 hasta 1.986, como le acusa la Asociación Canaria de Víctimas del Terrorismo (Acavite).

En esa época, Brahim era el Ministro de Defensa de la ficticia República Saharaui y fue promotor de los ataques a diversos barcos pesqueros como “Junquito”, “Andes”, “Saa”, “Las Palomas” o “Garmo Mar”, así como a trabajadores españoles de las minas de fosfatos de Fosbucra y a militares desplazados en el Sáhara Español, que tenía el estatus de provincia española desde 1.958.

La cifra de asesinados por el Frente Polisario alcanzó los 300 españoles, algunos de los cuales aún siguen desaparecidos

Esos actos terroristas fueron los que llevaron en 1.986 al entonces Presidente, Felipe González, a expulsar a todas las personas identificadas como miembros del Frente Polisario y al cierre de sus oficinas en España. A fecha de hoy todavía quedan por esclarecer en la Audiencia Nacional 289 atentados llevados a cabo por el Frente Polisario.

Pero Concha Andreu sigue al pie de la letra lo que le marca Pedro Sánchez. Servilismo llevado al extremo. No le importa que los riojanos tengamos que destinar recursos públicos a atender a un presunto terrorista que ha venido de “vacaciones sanitarias”, ni que La Rioja se ponga en el punto de mira de los servicios secretos marroquíes y de diversas organizaciones islamistas contrarias al Frente Polisario por su proximidad a Occidente. Tampoco le importa que Brahim dirigiera, y dirija, una organización que ha acabado con la vida de muchísimos españoles ni que tenga causas judiciales pendientes en España.

Lo único que le importa a Concha es conservar la “poltrona” y mantener la confianza de su principal valedor en el partido socialista. Eso significa anteponer los deseos de Pedro Sánchez a su deber como Presidenta de La Rioja, actuando de forma contraria a las responsabilidades inherentes al cargo para el que ha sido elegida.

Aun así, no debemos estar callados con la actitud de nuestra Presidenta. En situaciones como la actual debería ejercer como máxima representante de una institución pública que requiere la mayor de las seriedades, como es el Gobierno de La Rioja, velar por los intereses de sus ciudadanos, no dar cabida gratuitamente a presuntos criminales en nuestra región que entran con identidades falsas, no dilapidar los recursos ni la imagen de nuestra sanidad pública y demostrar actitud para negarse a tomar ciertas decisiones a las que le empuja Pedro Sánchez.

Queremos que La Rioja sea nombrada por sus paisajes, por su gastronomía, por sus gentes, por su cultura, por sus pueblos, por su futuro. No queremos que La Rioja sea conocida, y aparezca cada día en los medios de comunicación, por acoger a presuntos delincuentes como Brahim Gali.

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