Como el perro del hortelano

Íñigo Urkullu y su Comunidad van a lomos del Concierto vasco. Nunca se han parado a pensar en el daño que ello hace a las comunidades limítrofes.

Cada vez que abre la boca, Íñigo Urkullu, sube el pan o baja la bolsa. Y cuando habla de asuntos de fiscalidad ya es el colmo: algo así como las risotadas de los niños cuando los payasos hacen su aparición en la pista del circo. Hace unos días se ha reído media España de él y, si no lo ha hecho la otra media, es porque no ha entendido la majadería interesada que ha esputado. Eso sí, cada vez que hace una entrada brusca, mete la puntera por detrás para hacer daño intencionado. El caso es recoger nueces.

Más de media vida ha pasado su partido recogiendo las nueces que tiraba ETA del árbol y piensa que la política es eso, hasta que aprendió a chantajear a España a los españoles y a los sucesivos gobiernos. Sin duda, su condición de profesor le facilitó el aprendizaje del «do ut des». Nunca da puntada sin hilo, ni hace putadas sin filo. No hay más que recordar la última traición a Mariano Rajoy; cobraron los dineros pactados los nacionalistas y, a renglón seguido, se echaron en manos de Pedro «El mentiroso» para la moción de censura. De nuevo, más puntadas y todas con hilo o más putadas, pero con filo.

Como diplomado en Magisterio (Filología Vasca) en el Seminario de Derio y Experto en Gestión del Ocio y El Tiempo Libre, dudo que haya enseñado mucho, pero es evidente que ha aprendido como un buen maestro. No ha vivido nada de la docencia y sí demasiado tiempo de la política. Lleva en ella desde los 16 años, momento en que se produjo la reinstauración democrática y la salida del PNV de la clandestinidad. Es reconocido como muy trabajador, por algunos, aunque muchos nacionalistas piensan que «no hay cosa peor que tener un jefe trabajador, pero torpe, porque hace trabajar en balde»

Una de sus últimas bravuconadas fue decir que «el ‘dumping fiscal’ de Madrid hace competencia desleal a otras comunidades, a la vez que destrozaba el bienestar madrileño». No es casualidad que los comunistas de Más Madrid repitieran esto mismo, casi al pie de la letra. Pero a Urkullu le faltó tiempo para decir que no quería entrar «en ninguna guerra. porque Euskadi cuenta con una fiscalidad propia, pactada en base al Concierto Económico». La cantidad de tonterías que dijo Urkullu al respecto eran fruto de un nefasto asesoramiento. Lo que él ha dicho de Madrid, es lo que muchos españoles decimos del agravio comparativo que es el trasnochado concierto vasco.

Íñigo Urkullu es de los que creen que se recauda menos si se bajan los impuestos, pero desconoce la realidad. Él y su comunidad están instalados en el machito y nunca se han parado a pensar en el daño que, con su régimen fiscal del Concierto, hacen a las comunidades limítrofes. Castilla y León llevan sufriéndolo muchos años ese agravio y el daño a las empresas que se instalan en León o en Castilla y, a decir verdad, en pleno siglo XXI no son de recibo ese tipo privilegios ancestrales, a la vez que son muy dañinos para la convivencia y la solidaridad interterritorial. Bien es verdad que el nacionalismo pasa de esos conceptos, incluso los desconoce en sus valores y no los enseña en las escuelas, mucho menos en las «ikastolas». Están más cerca de la «gata flora» que de la construcción de la convivencia nacional. Por eso, cuando escucho a Urkullu en muchas de sus afirmaciones, me pregunto aquello de «¿Y habla de putas “la tacones”?».

El lehendakari aprovechó el encuentro que Nueva Economía Fórum organizó en Bilbao para, visiblemente enfadado, cuestionar la política fiscal que tiene Madrid, incidiendo en que Díaz Ayuso baja los impuestos para después exigir más dinero a Madrid. No sólo mentía, sino que lo hacía consciente y dejándose llevar de por desinformados «bocachanclas» de la izquierda más radical. El Ejecutivo madrileño no pide compensaciones por menos ingresos en la recaudación, sencillamente porque no tiene menos. Esa es otra patraña más de la siniestra ultramosqueada, anclada en la mentira y en la contradicción.

Analicen la torpeza de Íñigo Urkullu. Según él, la política de Ayuso es un modelo ideológico y social. Y está convencido de que «a menos impuestos, menor recaudación y por lo tanto menos capacidad de gasto en políticas sociales». Pero resulta que no siempre es así, tal y como demuestran insignes economistas. Madrid ha recaudado más, con la bajada de impuestos y la desaparición de otros muchos, que Cataluña con la subida de los mismos y la aprobación de otros nuevos.

¿Me van a decir ahora que el lehendakari no es como la «gata Flora»? Pues tranquilos que ya tenemos otra gata de igual nombre: el ministro Iceta.

Sí, el mismo ceporro que osa decir que no hay museos nacionales fuera de Madrid. Pero esto para otro día.

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