Columna de La Reconquista | “Y ya rezar será delito…”

Es perturbador recordar que muchas de las confrontaciones registradas en las páginas de la historia (la auténtica historia, no esa que buscan construir los ideólogos de la izquierda en supuestas «memorias históricas y democráticas») tienen un ritmo que se repite cíclicamente: la lucha contra la religión, en imitación del satánico grito “non serviam” del ángel caído… Triste es reconocer que siempre se busca prohibir y erradicar aquello que no se comparte –o que se teme–, como lo hicieron los emperadores Nerón, Cómodo y Diocleciano, y como se ha continuado hasta fechas actuales, con especialísima mención a dos confrontaciones del siglo XX: la Guerra Cristera en México y la Guerra Civil en España. Común denominador: el odio a la religión cristiana y a cuanto la represente.

Y es que en la época que vivimos es muy sencillo llamar «derecho» a cualquier idea febril surgida de la más siniestra mente, así como utilizar la perversión de la justicia que es el legalismo positivo para prohibir lo que consagran los más auténticos derechos, los provenientes de nuestra naturaleza y dignidad. Pero ya se está convirtiendo en una lucha muy peligrosa el defenderlos… A mi mente llega la ya muy conocida frase de G. K. Chesterton: “Llegará el día en que será preciso desenvainar una espada por afirmar que el pasto es verde”. No se equivocó…

En esa tesitura nos encontramos, estimado señor lector. Supongo que ya ha llegado a sus oídos la nauseabunda reforma a la Ley Orgánica 10/1995, del 23 de noviembre, del Código Penal, muy denunciada por plataformas jurídicas –como Abogados Cristianos– y por partidos políticos –a los que se tacha de “ultraderecha”, como VOX–. Con palabras suaves como miel derramada, incluye como delito tipificado cualquier actuación que busque concienciar a una mujer de no realizarse un aborto, puesto que se considerará un “acoso” mediante “actos molestos”. Traducido al más sencillo castellano: si usted reza ante una sucursal de la muerte –como lo es cualquier “hospital”, “clínica” o “centro”, a su gusto– en la que se practique el abominable acto del homicidio del no nacido (aborto), entonces será usted quien delinca, y no la señora gestante ni el personal sanitario que perpetre esa repugnante intervención.

Por supuesto, no iba a ser tan zafio e ingenuo el perverso legislador como para poner en el texto legislativo el término “rezar”… No… son más sutiles, y por ende, más ponzoñosos. Meramente se le denomina “acto molesto”. Y claro que molesta. Muchísimo. Desde luego, a Satanás le molesta terriblemente, puesto que las oraciones (especialmente las dedicadas a la Virgen María, a San Miguel Arcángel) son auténticos “balazos” espirituales para su ser. También molestan las oraciones, y muchísimo, a la pandilla de incultos laicizantes de escuela roja materialista, puesto que no pueden soportar la bondad en cualquiera de sus formas (y ya ven que están ocupados en muchos frentes, tanto legislando contra la vida como demoliendo cruces, adoctrinando en ideologías de género, de hipersexualización, de banalidad, de enfrentamiento y confrontación, etcétera), y, en general, a una sociedad pueril y temerosa, cobarde y vana, que esconde sus pensamientos, sus creencias y sus principios –si es que en realidad los tiene– bajo la máscara de “moderación”, “buenismo”, “objetividad” y muchos términos análogos que, como placebos, esgrimen ante las “fanáticas”, “fascistas”, “retrógradas” y “trasnochadas” personas que tienen el auténtico valor de plantar cara a la «cultura de la muerte» (como la denominó San Juan Pablo II), de no avergonzarse de su fe, ni de dejar de defender lo que es auténticamente bueno, correcto y justo. 

Sin duda, en breve ya no se ceñirá ese “acto molesto” a quienes oren frente a esos antros de martirio de neonatos, sino que proseguirán –como en la década de los años 30 del pasado siglo– con las prohibiciones de procesiones y actos públicos de culto –la “pandemia” ha sido un exitoso caldo de cultivo para que nadie asista, so pretexto de “enfermar y morir”, amén de la cobardía eclesial que ha transigido con todas las restricciones al culto divino–, con la presencia en lugares públicos de símbolos cristianos –con eso de que las iglesias se transforman en museos, las cruces son dinamitadas y las blasfemias ya de uso constante en muchos labios, poco costará–, o con portar un crucifijo o medalla al cuello –saben mucho de eso los herederos de las checas guerracivilistas–…

En fin, nihil novum sub sole, nada nuevo bajo el sol. Lo que pasó, tiende a volver a pasar. Si al término de la Primera Guerra Mundial se creó la Sociedad de Naciones para que no se repitiese tal atrocidad –y ya sabe usted qué éxito tuvo, que en veinte años estalló la Segunda Guerra Mundial–, corroboramos que el hombre –y la mujer, no me diga usted que no soy inclusivo– es el único animal (muy, muy animal) que tropieza dos, tres, cien y mil veces en la misma piedra. Un ciclo que solo terminará con la segunda venida de Jesucristo. Mientras tanto, tenemos que seguir llevando la cruz y alzando la voz, dando testimonio con palabras y obras, sin miedos ni vergüenzas mal entendidas, en pro de lo que ha sido, es y será la verdad, que ningún gobierno ni ser puede cambiar, porque es inmutable

Y, por supuesto, recemos. Recemos más. En público y en privado, en las casas, iglesias, templos y plazas, en las calles y mercados. Si ello nos acarrea persecución, sintámonos dichosos de ser los perseguidos por causa de la justicia, porque seremos bienaventurados; si nos desprecian, alegrémonos de que el premio celestial será grande. Porque llegará el día en que los ojos se abrirán, y si hemos colaborado en ello, no habrá sacrificio grande para escuchar las dulces palabras del Salvador: “Venid, benditos de mi Padre…”.

Les invito a que se sumen a la iniciativa de www.RezarNoEsDelito.es y a multiplicar el mensaje con su #RezarNoEsDelito, porque el árbol se conoce por sus frutos. Ya hemos visto los frutos de este árbol rojo: privación de derechos, desprecio por la vida y la libertad, abuso de poder, fraude, corrupción y vejación de todo lo bueno. Cultivemos otros árboles que ayuden a sembrar para la vida eterna, para nosotros, para las madres que piensen en abortar y los profesionales que las asisten, para nuestros niños y mayores… Con firmeza, valor y fe, porque solo el Bien puede triunfar.

@CondestableDe

@LaReconquistaD

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