Columna de La Reconquista | “Veo, veo… ¿qué ves?”

Ni usted ni yo estamos quizá para juegos, pero la letrita que tantas veces cantamos (de la autoría de Eduardo Rodrigo), pudiera darnos pauta para reflexionar sobre qué vemos, y si es erróneo o acertado. Si bien recuerda, amable lector, la tonada y la rima de esta canción infantil –que dudo mucho sea conocida por la mayoría de infantes de estos tiempos–, jugaba con la confusión de las letras, al decir “alefante” (¡no, no, no, eso no, no, no, eso no, no, no, no es así”), “eyuntamiento”, “invidia”, “oscuela”, etcétera, para terminar con la letra “f”, de “final” (“¡sí, sí, sí, eso sí, sí, sí…!”). Pero mientras tanto, de la “a” surgían la alegría y la amistad, de la “e”, la emoción y la expresión, etcétera. O sea, que del aparente “error” se podía llegar a la encontrar algo bueno, a una verdad.

Sin embargo, estimado señor lector, pese a que haya sido grato compartir con usted el párrafo anterior, no puedo mantener la tónica de la alegría del recuerdo, ni las conclusiones tan optimistas de la cancioncita que intitula esta columna. No podría ni debería hacerlo, puesto que sería engañarle a usted (y para eso ya tenemos muchos distractores en los medios de comunicación y en la vida real).

¿Qué veo? Veo tristeza, apatía, ojos apagados –en niños, adultos y mayores–. Veo confusión, dudas, incomprensión, división. Veo mentiras, corrupción, abusos. Veo, en definitiva el paulatino triunfo de lo malo sobre lo bueno –aunque también estoy firmemente convencido de que el bien y la verdad prevalecerán, pero eso es ya fiducial, no observable por los sentidos, y menos por el de la vista–.

Veo que familiares, amigos, seres queridos y compatriotas están (estamos) divididos en casi todo, y buscando la luz sin ver –y no es una alegoría como la del mito de la caverna de Platón, no–. Veo que unos quieren pasarse de “listos” viéndonos la cara a todos –o, en buen Román paladino, tomándonos por idiotas, estúpidos y tontos–, creando un “nuevo orden mundial” que se basa el dominio, poder, explotación, sometimiento y aniquilación de las libertades, la vida, la salud y la paz.

Veo “cortinas de humo” que se nos avientan constante, continua y exponencialmente –sin importar que se trate de inyecciones, mascarillas, escándalos políticos, aviones fumigadores, bienvenidas a etarras, comparaciones de precios e impuestos con otros países… todo vale salvo la verdad–. Por ello me atreví a escribir no ha mucho una columna sobre ello (que le invito a releer conmigo): https://nuestraespana.com/columna-de-la-reconquista-cortinas-de-humo-para-mentecatos/ 

Veo reacciones muy dispares ante la realidad que nos circunda –o presunta realidad, si usted prefiere–, más preocupantes en sí que las situaciones actuales, puesto que generan actitudes que se convierten en hábitos, difíciles de erradicar posteriormente –puesto que ya se hacen “adicciones” psicológicas, afectivas y emotivas–. Permítame explicarme, paciente lector. Veo que muchas personas se encierran en un caparazón mental –el relativismo–, en el cual solo importa uno mismo y los más cercanos, olvidándose del resto de la sociedad, del bien común y de la justicia; igualmente, veo que otras muchas personas se abren a todo tipo de influencias y manipulaciones, cayendo en dos extremos perniciosos a más no poder: la ideologización (que degrada la capacidad racional y la libertad ecuánime de elección) y la imaginación (que crea «teorías de la conspiración» ante cualquier mínima tos, estela en el cielo o comentario político, y las difunde per toto orbe, causando mayor daño con su aparente verdad que el que pudiera causar la situación, puesto que se polarizan e imposibilitan el diálogo mesurado, la reflexión acertada, el pensamiento lógico).

Veo, finalmente, otras personas que abren los ojos con asombro –y con dolor, dicho sea de paso– ante una «cultura de muerte», un exacerbado hedonismo–, una banalización y trivialización impensables hasta hace pocos años, porque siempre hemos sido país de fraternidad, solidaridad, reciprocidad, acogida y respeto. Pero, claro, como se repite tanto ese dicho anglosajón de que “Spain is different”, ya nos lo hemos creído, pero en el sentido peyorativo. ¡Claro que España siempre ha sido diferente, y cada español un hijo de la Patria! ¡Claro que siempre hemos sentido orgullo en las glorias y en las penas, en los tiempos de vacas gordas y de vacas flacas, manteniendo el espíritu firme en principios, valores, creencias y un imperecedero afecto a la familia, la Patria y Dios!

Ahora bien, distinto es lo que veo de lo que quisiera ver, no con ojos de nostalgia ni de abatimiento, sino con mirada de esperanza y alegría. Porque con todo mi corazón creo que no puede perderse lo que grabado en el alma llevamos, aunque lo oscurezcan nubes de todo tipo: los valores que han hecho de España semilla, faro, enseña y gloria de cada uno de sus habitantes, desde el más humilde campesino hasta el más ensalzado monarca; los principios, que han forjado –incluso hasta en la presente generación– personas llenas de reciedumbre (que ahora parecen llamar “resiliencia”), de tesón, empeño, fuerza y perseverancia; las creencias, que han llevado la Fe en Cristo “desde donde sale el sol hasta el ocaso”…

Por ello, estimado señor lector, necesitamos que la oftalmología espiritual del conocimiento de la auténtica historia, del saber humano rectamente dirigido hacia los valores más altos de la persona, de la práctica de virtudes y de la consecución de la justicia sean nuevamente realidad. La humillación más bochornosa para cada uno de nosotros es ser tan ciegos como para no distinguir el sol de una bombilla –que así pasa, cuando no se desenmascara al hipócrita, al mentiroso y al demagogo–. Por ello, volvamos a ver, volvamos a tener una mirada fresca e ilusionada. No se logrará en un día ni en un mes, ni quizá en una década, pero… ¡nunca se obtendrá si no comenzamos ahora! Nuestra conciencia, nuestro amor a las generaciones futuras, nuestra reverencia a Dios y nuestro servicio a España nos hará contemplar una realidad nueva, vigorosa, fuerte y justa, con las personas capacitadas para ello, mediante el voto inteligente de la soberanía que tenemos como pueblo. ¿Se atreve usted a que veamos así juntos?

@CondestableDe

@LaReconquistaD

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