Columna de La Reconquista | “¡Vamos a contar mentiras, tralará…!”

Pues sí. Creo a pies juntillas que es el eslogan del gobierno en turno –o algún dislate parecido–. “Por el mar corren las liebres, por el monte las sardinas, tralará…”. ¿Recuerda usted, amable lector, la tonadilla infantil que tantas veces coreamos? Claro, lo hacíamos sabiendo que era meramente una “canción infantil”, un pasatiempo anodino, un juego inocuo, al mismo tiempo que conocíamos cuál era la verdad –exactamente lo contrario de lo que la letra entonaba–. El problema, ¡ay de nosotros!, es que ya vivimos en una paradoja –dos verdades contrapuestas pugnando entre sí–, un mundo distópico, desdoblado, que, como niño pintando paredes, distorsiona y desdibuja la realidad que nos alberga, lo auténtico y cierto…

Y es que, ¿qué es verdad o qué es mentira? Abandone usted, dilecto lector, la búsqueda de la palangana de Poncio Pilato, que no le va a hacer falta recurrir a ella, pues es cuestión solo de pensar (“Que es de una foncarralera que vive en El Escorial, tralará…”). Porque hay miedo a la verdad (“Mi partido político tiene cero corrupción, tralará…”), al igual que hoy en día el mayor miedo es, y perdón por el juego de palabras, como dice una gran periodista a quien me honro en llamar amiga, el «miedo al miedo» (¡nos da miedo opinar sobre salud, economía, política, España, tralará…!).

Ante el discernimiento de qué es «verdad», acordémonos siempre de la cancioncita, porque lo que no suena bien al oído, menos todavía va a soportar un análisis de la inteligencia, de la lógica, de la coherencia. Así, si usted escucha: «El Gobierno se preocupa por ti», en automático tararee: “por el mar corren las liebres…”; si le dicen que «Salimos más sanos, guapos y fuertes», siga tarareando: “… por el monte las sardinas”. Y si insisten en que «Los políticos solo estamos para servirte» (salvando honrosas excepciones), regrese al estribillo: “vamos a contar mentiras, tralará…”. Y sucesivamente, conforme vayan llegándole las “buenas nuevas” de la pseudo-prensa vendida: «España es tenida en gran consideración por la comunidad internacional» (¡no lo olvide!, tararee usted: “me encontré con un ciruelo cargadito de manzanas, tralará….”), «No podría dormir tranquilo si pacto con XX» (sígale: “empecé a tirarle piedras, y caían avellanas, tralará”), o «Nunca jamás vamos a pactar con la ETA o la OTA» (vuelva al estribillo…). Sin duda, la reflexión subsiguiente al tarareo le hará tomar distancia frente a la noticia, con un diferente espíritu de análisis… y de creerla o no.

Cierto es, avizorado lector, que también en las mentiras hay dimensiones cuantitativas de realidad. O sea, que las hay “pequeñitas” –lo que algunos llaman «mentiras piadosas»– y las hay de tamaño Catedral (“Va a hacer, como mucho, dos o tres infectados”), de tamaño de coso taurino (“En ningún hogar faltarán medios para llenar el carrito del súper por el fortísimo escudo social construido por el gobierno”), de tamaño continental (“Las franjas horarias son muy necesarias porque el virus mira el reloj para programar su virulencia”) y de tamaño mundial (“La economía española se recuperará en dos meses, ya presenta avances significativos”, o “No se van a subir los impuestos”, “No se van a tocar las pensiones”, “los ERTE se están reduciendo”,y un cuasi infinito etcétera: “¡…vamos  contar mentiras, tralará…”!).

Pero, toda vez que los expertos concuerdan en que el tamaño no importa, volvamos a trasegar con el tema, para finalizarlo: ¿Encuentra usted algo al menos «sospechoso» en lo que vive, oye o ve? ¿Piensa que hay ciertos datos que no terminan de ajustar, como piezas de puzle más colocadas? ¿Considera que la transparencia, la justicia, la verdad y la congruencia están presentes en la sociedad para construir la España que merecemos?

Obviamente, como dice un dilecto amigo, estamos bajo “infoxicación aguda” (al parecer, es una nueva expresión atinente a que el exceso de información de toda índole y calaña nos provoca asfixia neuronal), y hasta comenzamos a sudar –tanto real como metafóricamente– si se nos obliga a reflexionar, pensar, dilucidar (¡como si no fuese la inteligencia el primer distintivo de la animalidad humana que nos diferencia de otras especies!) (¡Vaya, quizá fui discriminatorio por afirmarlo…! Conste que la idea es de Aristóteles, a él fínquenle responsabilidades).

El «problema», siempre, es que “la mentira dura hasta que la verdad llega”, y es imposible escapar de la verdad, aun cuando ésta llegue algo tarde. Entonces, será el juicio de la Historia y de quienes la busquen, el que condenará a los «políticamente correctos» (“por el mar corren las liebres…”), a los «socialmente correctos» (“por el monte las sardinas, tralará”), y a los que se lucran con el sufrimiento y la sevicia del noble pueblo español. Al tiempo… Mientras tanto, dejémosles batiendo palmas como focas ante sus supuestos logros, y que sigan cantando, sí, porque van a seguir entonando su “vamos a contar mentiras, tralará”, y le pedirán a usted que se sume al coro –o le tildarán de cualquier -ista que gusten, el anti- que prefieran y el “fobia” a lo que sea…–… 

Magna est veritas et praevalebit!

@LaReconquistaD

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