Columna de La Reconquista | “Una clara radiografía de la masonería (León XIII)”

De sabido es que las encíclicas se expresan en un lenguaje muy respetuoso y culto, por lo que muchas veces sus contenidos no están al alcance de todo el mundo. Pero si queremos encontrar una encíclica que, sin perder las dos virtudes antes mencionadas, esté al alcance de todo el mundo, ésa es la Humanum Genus (El Género Humano). En esta encíclica, el Papa León XIII no solo describe, sino que denuncia con un tono sumamente grave a la masonería, a la cual llega a tachar de «mortal epidemia»Así la describe:

“Hoy, siguiendo el ejemplo de nuestros predecesores, hemos decidido consagrar directamente nuestra atención a la masonería en sí misma considerada, su sistema doctrinal, sus propósitos, su manera de sentir y de obrar, para iluminar con nueva y mayor luz su maléfica fuerza e impedir así el contagio de tan mortal epidemia”.

León XIII arranca esta encíclica con el célebre texto de San Agustín, “Las dos ciudades”, y sin darle muchas vueltas al tema, va directamente al meollo de la cuestión:

“El género humano, después de apartarse miserablemente de Dios, creador y dador de los bienes celestiales, por envidia del demonio, quedó dividido en dos campos contrarios, de los cuales el uno combate sin descanso por la verdad y la virtud, y el otro lucha por todo cuanto es contrario a la virtud y a la verdad”.

Es decir, solo existen dos ejércitos en este mundo, aunque disfrazados de multitud de «ideologías» y líneas de pensamiento. El fondo de la cuestión es solo uno: “con Dios o con el demonio”.  Se reconoce al ejército de Dios en los que buscan la verdad, y se reconoce al ejército del demonio en los que dicen mentiras y, podríamos pensar también, ambigüedades, ya que la ambigüedad es el culmen de la mentira bien elaborada. A renglón seguido, pasa a ubicar las huestes del demonio en un grupo concreto:

“En nuestros días, todos los que favorecen el campo peor parecen conspirar a una y pelear con la mayor vehemencia bajo la guía y con el auxilio de la masonería, sociedad extensamente dilatada y firmemente constituida por todas partes”.

Aquí nos habla de que todos los que favorecen el campo peor son los que conspiran bajo la guía de la masonería. No dice “algunos” ni “unos cuantos”, dice “todos”. El conocimiento de este Papa sobre la masonería sorprende mucho, teniendo en cuenta que la encíclica está escrita en 1884. Esta encíclica se puede afirmar, que es la más clara en cuanto al tema de la masonería, pero verdad es que León XIII ya se apoyaba en los conocimientos de papas anteriores como Clemente XII, Benedicto XIV y Pío VII. Este conocimiento del peligro supremo y satánico que representa la masonería no era conocido solo por los papas, sino también por muchos príncipes y jefes de gobierno de otros países como Holanda, Austria, Suiza, España, Baviera, Saboya y otros estados de Italia. A continuación, tacha a la masonería como la madre de todas las sectas:

“Varias son las sectas que, aunque diferentes en nombre, rito, forma y origen, al estar, sin embargo, asociadas entre sí por la unidad de intenciones y la identidad en sus principios fundamentales, concuerdan de hecho con la masonería, que viene a ser como el punto de partida y el centro de referencia de todas ellas”.

De manera profética, León XIII nos aclara las últimas intenciones de la masonería y su última finalidad, aunque muchas veces amparadas en utópicas filantropías:

“Los frutos de la masonería son frutos venenosos y llenos de amargura. Porque de los certísimos indicios que antes hemos mencionado, brota el último y principal de los intentos masónicos, a saber: la destrucción radical de todo el orden religioso y civil establecido por el cristianismo, y la creación, a su arbitrio, de otro orden nuevo con fundamentos y leyes tomados de la entraña misma del naturalismo”.

Vivimos momentos muy críticos de la historia. Los católicos nos debemos a la verdad, no se trata ya de ganar o perder esta lucha –porque nosotros no somos rivales dignos para enfrentar tan monumental enemigo, ese trabajo debemos dejárselo a Nuestro Señor Jesucristo y a la Virgen–, pero tenemos la obligación de escoger bando: “el del demonio masónico” o “el de Nuestro Señor Jesucristo”. Por lo que estamos obligados a indagar y descubrir la verdad, porque claramente el Papa sitúa a los mentirosos con los masones, y a los que buscan la verdad con la verdadera Iglesia. Es de obligado cumplimiento para pertenecer al bando de la verdad, descubrirla y propagarla. El resto no está en nuestras manos. Porque: Nadie enciende una lámpara y la pone en sitio oculto, ni bajo el celemín, sino sobre el candelero, para que los que entren vean el resplandor”.

La encíclica de León XIII deja patente el poder y la fuerza de esta secta, pero también nos conmina a hacer lo que podamos en ese sentido. En el apartado «Remedios» de la encíclica, el Papa entre otras cosas dice lo siguiente:

“Pero sea lo que sea, ante un mal tan grave y tan extendido ya, es nuestra obligación, venerables hermanos, consagrarnos con toda el alma a buscar los remedios. Pero como es propio de la autoridad de nuestro ministerio que Nos indiquemos algunos medios más adecuados para la labor referida, quede bien claro que lo primero que debéis procurar es arrancar a los masones su máscara, para que sea conocido de todos su verdadero rostro”.

Siguiendo el consejo del Papa e intentando hacer algo en este sentido, traemos a colación el testimonio de Ricardo de la Cierva, muy conocedor de esta secta. De la Cierva tuvo acceso a los testimonios de varios masones que fueron en su momento grado 33, y que, por lo tanto, ha tenido una información vivencial de primera mano. También llegó a comentar la definición que le planteo un nieto suyo, tras hablarle el de la masonería: “La Masonería es una secta satánica, cuya misión principal es, destruir a la Iglesia Católica”. Definición que el abuelo compartía con el nieto. Y apostillaba también “que no todos los masones son satánicos, pero que todos los satánicos son masones”.

El creador del Satanismo moderno es Aleister Crowley (1875-1947); le sigue otro satanista famoso: Antón Szandor (1930-1997), creador de la iglesia de Satán, una de las congregaciones satanistas más importante que existen. Ni qué decir, que ambos eran masones.

Don Alberto Bárcenas, experto en Masonería, describe el grado 29 del rito escocés antiguo y aceptado de la siguiente forma:

“El candidato a la iniciación es conducido al centro de la logia, por el vigilante primero y vigilante segundo, donde está la imagen de Baphomet, dios andrógino que es una clara encarnación luciferina que posee ambos sexos (algo que nos recuerda a la «ideología de género»). El iniciado va con una venda en los ojos que se le quita al llegar ante la deidad. En ese momento, tiene que hacer una opción entre la cruz cristiana y la cruz de Baphomet. La cruz cristiana se tira al suelo y el candidato la tiene que pisar. En otros ritos, la manera es parecida, y se llega a decir: esta cruz símbolo de destrucción salga del mundo”.

España es un objetivo claro de esta secta, a lo largo de la historia las injerencias de la masonería en la política española fue clara y notoria. Tras la muerte de Fernando VII en 1833, nos encontramos con que tenemos por un lado a la futura reina Isabel II con tres años de edad y la regencia en manos de su madre María Cristina; y por otro lado tenemos a Carlos María Isidro (defensor del tradicionalismo Cristiano y anti masón) en pugna por el trono con la regenta; caso que da lugar a la Primera Guerra Carlista.

El trasfondo de esta guerra no es político, es religioso, al pueblo le daba igual un rey que otro, lo que no daba igual a gran parte de la población era tener que romper con la tradición y la práctica católica. Al año escaso de la muerte de Fernando VII, se desata una persecución religiosa en España, promovida desde las logias masónicas (cosa que reconoció el jefe del gobierno en ese momento, Martínez de la Rosa, en su lecho de muerte), estas ejercían gran influencia sobre María Cristina. Todas las órdenes masculinas fueron exclaustradas. Esto quiere decir, que de la noche a la mañana, todos los religiosos españoles fueron expulsados con lo puesto. Y eso significó, que más de 30.000 religiosos se encontraron vagando por las calles.

En Madrid matan a 100 frailes en una noche, muchos despedazados en plena calle, cosa que más tarde se extendería a otras ciudades españolas, permaneciendo el gobierno totalmente pasivo. Algo que también ocurriría al inicio de la Segunda Republica.

Si analizamos bien la historia a la luz de esta encíclica e investigamos más allá de la historia que se enseña en los colegios, podríamos sorprendernos la cantidad de desgracias en forma de guerras y confabulaciones que llevaron a la muerte a millones de personas. Estas fueron originadas de manera directa o indirecta por esta secta. También tienen mucha responsabilidad en los episodios que llevaron a la Primera Guerra Mundial, a la Segunda y a la implantación del comunismo en Rusia, y no anda muy lejos de todas las desgracias que padecemos en estos días. Se ha apoderado del mundo y es la dueña de más del sesenta y cinco por ciento del producto interior bruto mundial. Un buen comienzo para empezar a entender a esta secta, puede ser la lectura de la encíclica de León XIII, Humanum Genus.

Véase Humanum Genus

@LaReconquistaD

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