Columna de La Reconquista | Un Estado, dos Estados, tres Estados… (Parte II)

En continuidad con la columna precedente, estimado señor lector, con el propósito de entender la mencionada triple relación entre la población y el Estado, ha de decirse sin rodeos que esta relación puede provocar una colisión de derechos entre uno u otro, dado que no es fácil coincidir en la relación que el ser humano ha de mantener (como soberano y creador) con el Estado (creado para servicio del ser humano, pero también dotado de cierta soberanía para la consecución de sus fines). Por poner un ejemplo: no se puede despojar a un nacido español de su nacionalidad (aunque puede perderla por renuncia a la misma), ya que se considera un derecho inalienable. Pero cuando ha adquirido la nacionalidad por naturalización o residencia sí puede perderla en los supuestos que marca la ley.

Esto implicaría nuevamente entender otra relación poblacional: la ciudadanía y la nacionalidad, que son nexos diferentes en base a la relación jurídica que nos vincula a un Estado –como se decía antaño, por sangre o por suerte–. La nacionalidad es diferente de la capacidad de ejercer los derechos políticos (la ciudadanía), por lo que en la población puede haber nacionales que no sean ciudadanos, o ciudadanos con restricción temporal de derechos (los menores de edad o los sujetos a interdicción o sentencia privativa de libertad, por ejemplo). Así, podemos relacionar la nacionalidad con el concepto jurídico que denominados “capacidad de hecho”.

La ciudadanía, si bien es un concepto parecido a la nacionalidad, no tiene el mismo contenido, ya que es un nexo de carácter jurídico político por el cual una persona puede ejercer efectivamente sus derechos políticos (la “capacidad de derecho”). La ciudadanía es el medio para ser miembro activo de un Estado (ya que el nacional no tiene la capacidad activa). Por ello, en base a la tercera relación, los derechos del ciudadano están contenidos en la parte dogmática de las constituciones políticas.

Es necesario hacer una diferenciación cualitativa y cuantitativa de diferentes conceptos que muchas veces utilizamos en relación al ser humano habitante o poblador, y que en realidad tienen ámbitos diferentes de capacidad y ejercicio. Por eso diferenciamos entre «población», «pueblo», «sociedad» y «nación».

Sucintamente dicho, la «población» es un concepto cuantitativo que incluye el número total de habitantes de un Estado (nacionales, ciudadanos, extranjeros, etcétera), mientras que «pueblo» es un concepto más jurídico, puesto que abarca a quienes están en el ejercicio de unos derechos cívicos (aunque a veces el «pueblo» no se vincula necesariamente a un territorio, como, por ejemplo, el «pueblo judío», que contempla a todos los pertenecientes a esa etnia o raza, independientemente de dónde moren, no necesariamente en Israel). También el concepto de «pueblo» suele vincularse al de «nación», ya que ésta es una comunidad social unida por diferentes sentimientos, ideas, tradiciones, cultura, identidad, pertenencia, lengua o religión, que no se confunden con los de otros grupos sociales, y que se perpetúan en el tiempo (hecho que hace que surjan los sentimientos de nacionalismo vinculados a una «patria» nada que ver con las idiocias de “matria” ni exacerbamiento nacionalista, como la inexistente “nación catalana” o el falso “país gallego” y todos sus sucedáneos, puesto que estos mal derivan de la vinculación con territorio de nacimiento en sentido estrecho, que no estricto, por lo que es un término abusivamente usado (y muy mal usado) sobre reivindicaciones falsas ante supuestos históricos errados–.

La nación, en principio, mantiene un conjunto de características materiales, geográficas y espirituales que hacen querer ser unidos (o estar unidos) los que tienen más semejanzas, parecidos y vínculos, muy correctamente desde su etimología, derivada del nacimiento –aunque en sentido amplio suele identificarse con «pueblo», pese a las connotaciones jurídicas de este concepto–.

En definitiva, que los términos no son baladíes, puesto que necesariamente su distinción realizan precisión o aportan rasgos cualitativos, cuantitativos, específicos o jurídicos diferentes. Por ello, retomo el título de la columna, referente a la existencia de uno o dos o tres Estados de manera conjunta, para afirmar que es jurídicamente imposible, puesto que el «Estado» es una concreción legal basada en un poder dimanado de la soberanía nacional, que contiene todos los medios para alcanzar el fin de su naturaleza: brindar a la población (comenzando por su pueblo y nacionales) los bienes inherentes a su dignidad.

Pensar que un Estado puede estar compuesto de diferentes países es algo inmiscible, como agua, aceite y canela puestos juntos en un recipiente: necesariamente se han de separar y no se podrán diluir, destruyéndose un Estado.

De la misma forma, tampoco puede considerarse seriamente la existencia de diversos países en fragmentos territoriales de un mismo Estado, puesto que sería como querer diferenciar los granos de arena que componen un bloque de cemento, o las moléculas de agua contenidas en un cauce fluyente. Solo generaría una división innecesaria (aunque teóricamente posible, jamás factible), y haría peligrar la cohesión y fortaleza de medios para alcanzar la teleología estatal.

Así, el Reino de España (nunca entiendo cómo se olvida tanto el nombre oficial de nuestro Estado, país y nación), conformado por el noble pueblo español, con población española por sangre o suerte (y por todas las personas de buena voluntad que pudieren pisar su bendecido suelo, en turismo o residencia), nunca podrá trocarse por un indeterminado (o determinado) número de porciones geográficas con supuestas raíces históricas “independientes” en “pueblos” fortuitos, puesto que dejaría de ser lo que es para involucionar a la nada.

Sintámonos orgullosos de cada territorio, de cada tradición y costumbre, pero defendamos a toda la población que en este único Estado, libre, soberano, grande en historia y proyección, quiere convivir en paz y armonía, construyendo un bien para todos.

@CondestableDe

@LaReconquistaD

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.