Columna de La Reconquista | «¿«¡Todos somos Miguel Ángel!» todavía?»

No, no es broma. La pregunta es legítima, puesto que millones y millones de personas coreamos ese lema antes y después del fatídico día 12 de julio de 1997 (si bien el fallecimiento de Miguel Ángel Blanco en hospital fue en la madrugada del día 13). Manos pintadas de blanco, semblanzas, homenajes, canciones, poesías, documentales, pancartas e indignación. ¿Sirvió de algo?

La ETA prendió un clamor popular, cierto es. La lástima es que ese momento perduró… más o menos lo que una caja de caramelos en manos de un niño goloso. Ciertamente, sí fue un duro golpe popular a la ETA en el momento, pero, aunque algunos digan que este acto fue el inicio del abandono de la violencia por parte de esos terroristas hoy tan homenajeados, es falso.

La muerte de Miguel Ángel Blanco, edil de Ermua, secuestrado el 10 de julio de 1997, torturado y ejecutado dos días más tarde mediante dos tiros de pistola en la cabeza en el barrio Azobaka de Lasarte a las 16.50 horas (minutos más tarde de finalizar el plazo que había dado la ETA al Gobierno para “negociar”), fallecido en la madrugada el día 13 de julio (haciendo caso omiso al grito casi unánime de la sociedad, a los llamamientos del Papa San Juan Pablo II, de la ONU, de Gobiernos de múltiples países y de Asociaciones y ONG de muy variada índole) no solo fue un acto abominable de violencia (al igual que todos los atentados, solicitudes de «impuesto revolucionario», complots en las Herriko Tabernas, promoción del radicalismo abertzale, etcétera), condenable por todo ser humano con un mínimo de dignidad, racionalidad y bondad, sino que fue una auténtica bofetada a la práctica unanimidad de la población del Reino de España (millones y millones de españoles por toda la geografía nacional) que exigía al unísono su liberación, con un mismo grito alto, claro y fuerte: «¡Todos somos Miguel Ángel!».

Hoy, siglo XXI, apenas 24 años después de tan repugnante, aberrante, asqueroso, despreciable, cobarde y vil asesinato, nuestros niños y jóvenes no conocen ni a Miguel Ángel Blanco, ni a la deleznable banda terrorista ETA –ni sus “blanqueadas” denominaciones políticas, algunas ilegalizadas años hace ya, otras muy legales y activas–. Menos aún que conozcan del previo secuestro de José Ortega Lara, de HIPERCOR, de los atentados a las Casas-Cuarteles de tantos y tantos lugares, o de los nombres nefastos (dignos de ser borrados de la Historia) de esos asesinos.

Aunque suene cruel, estimado lector, el asesinato de Miguel Ángel fue la “Crónica de una muerte anunciada”, sin que de absolutamente nada sirviese la unión clamorosa nacional e internacional contra tan salvajes terroristas. Los dos disparos en la cabeza del mártir solo fueron el banderazo de salida para una táctica de terrorismo diferente: integrándose al Estado mediante los procesos electorales, como hemos visto que les ha funcionado espectacularmente bien para sus nefandos intereses.

Cuando la conciencia social estuvo en el punto álgido de la indignación y se pedía la disolución de la ETA, cuando el clamor popular llegó hasta los Cielos, el Estado fue incapaz de actuar contundentemente, dejando varios años más de “existencia” a tan despreciable banda que a tantos la existencia había arrancado, los hogares arruinado y la sociedad conmovido. ¡Qué cierto es que “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”, como dijo Joseph de Maistre, porque el apocamiento gubernamental actual –y también el de José María Aznar en esas fechas de trágico recuerdo, pese a la inusitada movilización social– nos ha involucionado a Australopithecus Afarensis en lo que se refiere a extirpar y erradicar de una vez por todas el mal en nuestra bendita España.

No se puede negar que multitud de movimientos sociales se crearon a partir de este momento: Gesto por la Paz, Espíritu de Ermua, la Fundación Miguel Ángel Blanco, el Foro de Ermua, o la plataforma Basta Ya, por citar algunos. ¿Qué hacen hoy? Poca cosa, porque, al parecer, aun cuando supuestamente no exista la ETA, sus integrantes asesinos siguen siendo homenajeados por matar vilmente, se les recibe como héroes en las localidades vascuences y hasta participan activamente en negociaciones políticas (cuando la condena ya es inhabilitante para el ejercicio de un cargo público, pero ya ven ustedes)… Arnaldo Otegui más fuerte y más vigente que nunca; los etarras asesinos de Miguel Ángel Blanco (llamados Francisco Javier García Gaztelu “Txapote” e Irantzu Gallastegui) fueron juzgados y condenados a 50 años de prisión en 2006 como autores del asesinato, además de que el “angelito” chapapotero ese tuvo luego un juicio por 105 años de prisión (ya que asesinó a Fernando Buesa y Jorge Díez en el año 2000).

Así que, estimado lector, dígame: ¿afirmaría usted que sigue siendo Miguel Ángel? ¿Volvería usted a realizar cuantas actuaciones fueren necesarias para la defensa de la paz, la vida, la libertad, la concordia y la convivencia fraterna? Entonces, ¡haga algo, por favor!

Estar como ameba leyendo estas pésimas líneas no cambia nada… por desgracia.

La Reconquista

 Chat: https://t.me/joinchat/TkFbAAGO03Zc3Aab

 Canal de noticias: https://t.me/LaReconquistaNoticias

 Grupo de charla: https://t.me/joinchat/U13qGXeliTIYpEXU

 Twitter: https://twitter.com/lareconquistad?s=11

 Facebook: https://www.facebook.com/lareconquista.patriota.3

 YouTube: https://m.youtube.com/channel/UCWCR_-jPNm4Yw1mEs006LxA

“LA RECONQUISTA”, CON VOCALES REPRESENTANTES Y GRUPOS ACTIVOS EN TODAS LAS COMUNIDADES AUTÓNOMAS, CEUTA Y MELILLA.

Un comentario en «Columna de La Reconquista | «¿«¡Todos somos Miguel Ángel!» todavía?»»

  • el julio 10, 2021 a las 2:40 pm
    Enlace permanente

    Olé olé y olé.

    Benditas palabras, las cuales irradian toda una realidad en nuestro día a día.

    Totalmente de acuerdo con todo lo expuesto, de principio a fin, y todo un orgullo enorme poder leer a este gran profesional y patriota.

    Así cundiera el ejemplo, y así muchos más como usted.

    Me reitero, todo un honor y un placer.

    Desearle lo mejor en la vida, porque así lo vale y lo merece.

    Sus frases, nuestras voces al unísono.

    A nuestro querido y admirado Miguel de Farnesio:

    Sea usted feliz.

    Un abrazo enorme.

    Grande Miguel, y como pocos.

    Respuesta

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *