Columna de La Reconquista | “Sobre la libertad y sus contextos (Parte III)”

Sin afán de aburrirle, estimado lector, pretendo continuar el exhaustivo análisis sobre el tema que ya nos ocupa tres columnas. Así, avanzaremos hacia otro enfoque: el filosófico. El análisis de las diversas determinaciones de la idea de «libertad» y la reconstrucción sistemática de las relaciones entre ellas es el objetivo principal de la «filosofía de la libertad».

Los diversos conceptos o acepciones del término «libertad» que hemos considerado –así como otros muchos análogos que pudieran añadirse– constituyen una constelación muy oscura,una “nebulosa” –sin perjuicio de que en ella haya de vez en cuando puntos más o menos brillantes–. La idea de «libertad», podría decirse, está repartida y como refractada en el conjunto de estos conceptos particulares, acepciones o determinaciones. También es verdad, suponemos, que sólo por la mediación de estas determinaciones y a través de la confrontación crítica de las mismas, puede intentarse una reconstrucción sistemática.
Esta reconstrucción de una idea de «libertad» es la tarea de la filosofía: porque, tal como entendemos la filosofía en general, y la filosofía de la libertad en particular, no le asignaremos fuentes propias, situadas en un terreno distinto de aquel en el que se dibujan o se conquistan los «conceptos particulares» de libertad.

La idea de «libertad» sólo se manifiesta, porque sólo se desarrolla, también, abriéndose camino a través de los fenómenos, de los diferentes conceptos de libertad que, a su vez, están determinados en el curso de los procesos históricos, culturales y sociales. Por tanto, la Idea de libertad sólo puede analizarse a través de esas concreciones suyas por cuya mediación, además, seguirá determinándose en lo sucesivo.

Sería absurdo, dilecto lector, pensar que la Idea de libertad que la filosofía pueda dibujar se manifieste en una revelación inaudita, es decir, no contenida en la “nebulosa”constituida de sus determinaciones. La Idea de libertad, si es que puede ser establecida, deberá extraerse de esa nebulosa; y no necesariamente como un común denominador a todas sus partes, o como una integración armónica de todas ellas, sino acaso como una reconstrucción de algunas partes a partir de otras, o de todas a partir de terceros componentes que puedan demostrarse que actúan en aquellas partes. Lo que implicaría, eventualmente, antes la «desintegración» o trituración que la «integración» de las partes de esa constelación de la libertad en la Idea de libertad.

No hay por qué dejar intactas –sin critica, como hechos irrevocables– todas las determinaciones o usos mundanos o académicos del término «libertad». Según esto, la primera forma de hacerse presente la idea de la libertad es la misma crítica a sus determinaciones fenoménicas y conceptualeso, dicho de otro modo, es la críticade las determinaciones fenoménicas o conceptuales de la libertad el único punto de partida objetivo para una reflexión filosófica sobre la libertad. Cuando, por los motivos que sean, aceptamos alguna de esas determinaciones, o incluso todas ellas, como suficientes para los propósitos del momento (por ejemplo, cuando utilizamos, en contextos bien delimitados, el concepto estadístico de «grados de libertad», o el concepto jurídico de «libertad de residencia») entonces el análisis filosófico de la libertad podrá ser considerado, con razón, superfluo.

Hay un amplio margen para este proceder, y ello permite comprender la actitud de tantos positivistas o pragmáticos que, desconfiando de todo planteamiento filosófico en tomo a la idea de libertad, predican la conveniencia de atenerse al ejercicio,despliegue o consecución de las libertades concretas.Este proceder puede determinar, sin duda, un efectivo desarrollo del campo de la libertad; pero también, simultáneamente, un incremento de la misma «nebulosa de acepciones» asociada al término «libertad». Un incremento que, a su vez, podría acarrear consecuencias no queridas, puesto que las determinaciones del término «libertad» que van agregándose las unas a las otras interferirán, produciendo confusiones imprevistas; además, no todas las determinaciones que vayan incorporándose a la «constelación» tienen por qué ser siempre coherentes entre sí.

El paso a la reflexión filosófica está determinado, por tanto, por la estructura misma del campo histórico-social de la libertad y por la crítica interna del mismo. «Crítica» significa “discernimiento” (criba); en realidad, clasificación valorativa –y, por tanto, descalificación de los contravalores o “antivalores”–. La crítica de los fenómenos y conceptos constitutivos del campo de la libertad la entendemos, ante todo, como una clasificación y como una confrontación de las relaciones entre sus diversas determinaciones. Puede, por tanto, considerarse esta crítica, sin perjuicio de su condición de «reflexión de segundo grado», como un proceso interno a los propios fenómenos tomados en su conjunto.

Las determinaciones fenoménicas y conceptuales de la idea de libertad no son, en efecto, cuando se consideran por separado, siempre claras y acaso tan sólo lo son en apariencia. Por ejemplo, la distinción que hemos expuesto anteriormente entre «libertad negativa» y «libertad positiva» nos pone delante de dos conceptos –«libertad de» y «libertad para»–que algunas veces se interpretan como conceptos independientes: parece, en efecto, que cada uno de ellos dispone de un campo o esfera propia. Y así ocurre, acaso, en algunas acepciones, determinadas categorialmente, de la idea de libertad. Pidiéndole perdón por los tecnicismos, estimado lector: si nos aprovechamos de la posibilidad de aproximar la libertad a un proceso, la «libertad de» habría que referirla a la relación de ese proceso (o movimiento) con su término a quo, mientras que la «libertad para» tendría que ver con la relación del proceso con su término ad quem; dos contextos de la libertad (a quo y ad quem) con un amplio margen de independencia. Y, sin embargo, cuando nos referimos a la «libertad de la persona», los dos «conceptos de libertad» que consideramos son sólo en rigor dos «momentos» de un mismo concepto de libertad que se implican mutuamente, aunque de distinto modo. La «libertad para» presupone, en general, la «libertad de», pero ésta no parece implicar una «libertad para» concreta; y, sin embargo, sin una «libertad para» difícilmente podría yo conocer que tengo «libertad de». Los dos conceptos parecen por tanto implicarse mutuamente, lejos de estar desconectados; sólo que los planos de estas implicaciones recíprocas (formalmente) pueden ser materialmente diferentes.

En el «plano del ser» es evidente que la libertad-para implica, como requisito previo, la «libertad de»: no puede decirse de alguien que tiene libertad de expresión –«libertad para» la expresión– si no tiene «libertad de» –o respecto de– las trabas de la censura. Pero la implicación en este plano no es recíproca, porque alguien que no tenga trabas de censura para escribir puede sin embargo no tener nada especial que decir, o, dicho de otro modo, no tiene libertad-para expresarse («¿para qué quiere este la libertad de pensamiento?»).

Ahora bien, en el «plano del conocer» cabe afirmar que, hasta cierto punto al menos, el conocimiento de mi «libertad de», en concreto, sólo puede aparecer desde la evidencia de  una «libertad para». Sólo cuando he logrado, o cuando estoy a punto de lograr hacer algo positivo, tendré la posibilidad de delimitar aquellas trabas de las que me he liberado o tengo que liberarme (una versión del «puedo, porque debo»). Sobre todo, por contra, sólo cuando proyecto una acción para la que me siento capaz, podré advertir con precisión las trabas que me impiden ejercitarla (no me doy cuenta de que tengo las manos atadas hasta que quiero utilizarlas). Más aún, es mi proyecto y su ejecución el que hace funcionar a las trabas que, antes del proyecto, podrían no haberse «disparado» o actualizado todavía. Quien nada desea hacer tampoco tendrá conciencia de las trabas que le impiden la ejecución de sus actos.

Es frecuente escuchar a quien se propone llevar a cabo un proyecto o una empresa: “Todo son trabas, todo son dificultades”. Habría que decirle: “Son las trabas y las dificultades suscitadas por tu propia acción” –por ejemplo, la envidia de otras personas–. Desde este punto de vista cabría decir que la «libertad para» se manifiesta en el proceso de vencer o dominar las trabas o dificultades que su ejercicio actualiza, es decir, en el proceso de remontar las reacciones que la propia acción determina. Cabría afirmar que, al menos en general, la «libertad de» –aunque parece que ha de ser previa a la «libertad para»– sin embargo solamente se delimita desde la libertad consecuente, la «libertad para», lo que tiene un cierto paralelismo con la relación que, en teoría de la ciencia, mantienen los contextos de descubrimiento» con los «contextos de justificación. Pues también aquí la «libertad para», aunque posterior a la «libertad de», es, sin embargo, la que determina “retrospectivamente” el verdadero ámbito de la «libertad de» implicada.

“La libertad es un hecho, no una teoría”, se ha dicho, pero gratuitamente. La llamada «experiencia» o «conciencia de la libertad» no puede ser considerada, como algunos pretenden, como un dato inmediato, axiomático, como un hecho. El hechodel libre arbitrio, en realidad, sólo puede aparecer dentro de una teoría, que me pone delante de un «espacio de fases» en el que me contemplo a mí mismo como un punto que, en un momento dado, puede elegir entre trayectorias alternativas posibles. Tales posibilidades de elección son puramente teóricas–tomando aquí «teoría» en su sentido hipotético, el que cobra cuando se le contrapone a «hecho»– y, por eso, cabe siempre volver a suscitar la duda acerca de si ese hechono será una simple ilusión o espejismo, dado en función de ese espacio, sobre todo teniendo en cuenta tantas experienciasalucinatorias de origen farmacológico (el LSD por ejemplo) o de cualquier otro tipo. La apelación al testimonio de la conciencia psicológica no es nunca la apelación a un tribunal supremo.

Por lo demás, no sólo los hechos inmediatos de la concienciadeben ser considerados como fenómenos oscuros y confusos, cruzados por teorías o mitos, es decir, como «fenómenos ideológicos»; esta oscuridad y confusión se advierte también en conceptualizaciones técnicasde la libertad tan lapidarias como las veremos a continuación, especialmente en la siguiente columna, sobre la libertad jurídica y en el ámbito y contexto del Derecho…

CONTINUARÁ…

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