Columna de La Reconquista |“Sobre la libertad y sus contextos (Parte II)”

Siguiendo con la columna anterior, estimado lector, he de manifestar que los usos del término «libertad» a los cuales venimos refiriéndonos, como usos mundanos, son, como hemos visto, muy variados, desde un punto de vista léxico –tanto en la dimensión denotativa del término (usos políticos, económicos, etcétera) como en su dimensión connotativa (acepciones negativas y positivas de «libertad»)–. Aparentemente, los usos cotidianos de un vocablo parecen informales, indefinidos, y aunque se utilicen según reglas muy precisas –que los lingüistas tratan de averiguar–, éstas suelen ser desconocidas por quien las utiliza. «Si no me preguntáis qué es el tiempo lo sé; si me lo preguntáis no lo sé», decía San Agustín. Lo mismo podríamos decir de la libertad. Pero esto no autoriza a concluir que las acepciones léxicas que se han señalado sólo subsistan en esa atmósfera informal.

Hay que reseñar también usos formalizados–y formalizados incluso por algunas disciplinas tecnológicas, jurídicas o científicas– que, sin embargo, se mantienen plenamente dentro de las acepciones léxicas que hemos citado, constituyendo una delimitación precisa, dentro de un contexto denotativo más concreto (categorial) del concepto general. De este modo, podemos considerar como casos particulares del mismo concepto léxico a numerosos conceptos científicos y técnicos de «libertad», los cuales, cuando los miramos desde una perspectiva filosófica, han de seguir considerándose como conceptos «mundanos». Se diría que, en estos casos, la palabra «libertad» pierde sus referencias axiológicas, más o menos indefinidas, pero gana en precisión conceptual; a veces incluso puede seguir manteniendo su sentido axiológico.

Lo anterior ocurre, ante todo, en las definiciones mercantileso jurídicas de los códigos mercantiles, penales o civiles (como pueda ser el caso de la definición de «libertad provisional» del Código Penal, o el de la definición de «libertad de residencia», en el ámbito del territorio nacional, del Código Civil).

Algo parecido podríamos decir de las definiciones físicas. La caída librede los cuerpos es un concepto riguroso de la Mecánica y designa un concepto ideal –puesto que han de suprimirse los factores reales (por ejemplo resistencia del aire) que de hecho intervienen en el proceso de caída de un cuerpo que se supone únicamente sometido a la fuerza de la gravedad–. “El espíritu es libre como la piedra es grave” –decía Hegel– y, sin embargo, se habla de un cuerpo en caída libre. Cierto que este cuerpo es libre según la acepción, sobre todo, negativa.

Sería difícil aplicar aquí la acepción positiva de libertad (el cuerpo que cae libremente lo hace obligado necesariamente por fuerzas exteriores a él). En «caída libre» la piedra tiene libertad negativa; pero no es nada fácil definir si cabe aplicarle el concepto de libertad de espontaneidad (o de coacción); tal aplicación implicaría admitir que los otros cuerpos, la gravedad por tanto, son efectivamente exteriores al cuerpo de referencia, como si fuera posible un cuerpo absoluto en el universo. Desde luego, el cuerpo que cae libremente no tiene libertad positiva de libre arbitrio, pero ¿acaso la tiene el incendiario fanático que empuña una antorcha? Consideraciones análogas habría que hacer a propósito del concepto de «grado de libertad» de los sistemas mecánicos: un sólido libre, tiene seis grados de libertad, tantos como coordenadas necesarias para fijarlo (puede trasladarse y rodar alrededor de los tres ejes); un aro que rueda en el suelo tiene tres grados de libertad, aunque se necesiten cinco coordenadas para fijarlo.

No solamente la libertad, según muchas de sus acepciones léxicas, puede determinarse en el contexto de algunas categorías científicas o técnicas, dando lugar a usos particulares nuevos que habrá que añadir a los usos cotidianos. También hay que tener en cuenta el hecho importante de que la libertad puede ser, ella misma, no ya un concepto científico o técnico (utilizado para analizar procesos físicos o matemáticos), sino objeto o parte del campo objetual de alguna ciencia humana(jurídica, psicológica, histórico-filológica…). La libertad recibe, según esto, de algún modo, un tratamiento científico y, por cierto, según diversas categorizaciones científicas o paracientíficas. Citamos las más importantes:

  • Ante todo, las categorías propias de las ciencias jurídicas, económicas o políticas, ya citadas en el punto anterior, por cuanto estas categorías, a la vez que implican  una redefinición especializada o técnica del concepto de libertad (por ejemplo el concepto de «economía libre de mercado»), comportan también un tratamiento de ciertas libertades mundanas materiales (como puedan ser la contratación o el despido libre de mano de obra). Otro tanto se diga de los conceptos de libertad  propios de un ordenamiento jurídico, como pueda serlo el derecho justinianeo (Pandectas, Digesto, Instituto… ) en tanto él supone un tratamiento de situaciones sociales que fueron reales en su tiempo: esclavos, libertos, ciudadanos libres e ingenuos, etcétera.
  • También, ciertos conceptos de la psicología experimental,orientados a delimitar conceptos operacionales de libertad (es decir, susceptibles de ser sometidos a medidas por medio de encuestas, de test, de «reactímetros», etcétera), como puedan serlo los conceptos de «personalidades no libres» (o personalidades autoritarias) y «personalidades relativamente libres» (no autoritarias) en la línea del ya clásico libro de T. Adorno y colaboradores (“La personalidad autoritaria”). Estos métodos constituyen, sin duda, una penetración en el material de la llamada «libertad psicológica»,y permiten vincular con este concepto otras muchas variables medibles, como la variable propia estimación, cuyos valores más bajos o nulos (el autodesprecio)se consideran ligados a deficiencias de control del ego y, por tanto, de la libertad. La psicología evolutiva también permite analizar las fases del desarrollo individual  conducente a la llamada «maduración de la decisión libre». Skinner trata los problemas de la libertad desde categorías etológicas (psicológico-conductistas): la «lucha  por ser libre» (por ejemplo: la huida o el ataque del animal a quien se pretende encerrar) no brota del amor a la libertad, sino de formas de conducta que han probado su eficacia para eliminar ciertas amenazas para el individuo y, consecuentemente, para la especie. La conducta operante se desarrolla por reforzadores positivos o negativos (aversivos): “Él escapa y la evitación juega un papel mucho más importante en la lucha por la libertad cuando las condiciones que llamamos aversivas son producidas por otras personas… Un capitán de esclavos induce al esclavo a trabajar azotándole cuando se detiene en su labor; al reanudar el trabajo el esclavo se libra del azote e, indirectamente, refuerza la conducta del capitán, que volverá a usar el látigo, apenas el esclavo se detenga”.
  • Sobre todo, las ciencias históricas y filológicasque, por su propia definición, incluyan en su campo, entre otros objetos, a las más variadas situaciones sociales y políticas de los hombres que tienen relación con la libertad. La filología, en particular, constituye una metodología imprescindible, como única vía de acceso al conocimiento  de  las conexiones  de  los usos lingüísticos propios de  nuestra sociedad, por ejemplo, de sus precedentes latinos (libertas) y sus  parientes griegos (eleutheria) o indoeuropeos (la forma Jeudh que corresponde al actual alemán Leute); o las formas relacionadas en otras lenguas y sociedades, único camino para conocer el contexto en torno al cual pudo dibujarse o desplegarse un concepto mundano determinado de libertad (por ejemplo, alemán Freiheit e inglés Freedom, libertad; y alemán Freund e inglés Friend, amigo; como si la libertad tuviese lugar dentro del círculo de los amigos).

CONTINUARÁ…

@LaReconquistaD

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