Columna de La Reconquista | Silencio

Por los millones de niños difuntos –pandemia, aborto, eutanasia, guerras, odio, violencia, maltratos–. Por los millones de niños afectados –sea por el hambre, la necesidad, la falta de educación, la enfermedad, el luto, el dolor–. Por todos los niños del mundo –indefensos en su concepción, asesinados por el aborto, adoctrinados en su educación escolar ideologizada y encerrados por el miedo a una pandemia–. Por todos los niños víctimas de la intolerancia –del terrorismo, de la represión, del maltrato de padres desnaturalizados, del desprecio de quienes prefieren sus mascotas–. Por los niños del Reino de España –fragmentado, insultado, vejado, arrinconado, expoliado, hambriento y enfermo, con poco futuro para ofrecerles–.

Por todo lo anterior –y muchos más motivos que he de callar–, hoy la Pluma del Condestable no escribirá más, no seguirá rasgando el papel. Hoy esa Pluma escribe con sangre, por las tropelías y desmanes de un «desgobierno» –casi un «antigobierno»– que salpica con el rojo líquido de las venas de los españoles los dislates de sus políticas extremas. Mi silencio es el del niño indefenso y asustado, aterrado y solo, impotente por las lágrimas ante el hambre

Silencio. Sin palabras. Reflexión, oración, información y… llegará la acción, gestis verbisque, por obras y palabras. No es el silencio del condenado que no sabe qué decir, ni el silencio del cadáver que nada puede decir; tampoco es el silencio cómplice del malvado. Es el silencio del dolor, de la impotencia, del desengaño… y del miedo ante un futuro al que nos arrastran forzadamente. Es el silencio de la reflexión, tan necesaria…

Que consintamos atrocidades tales como una “inyección” obligatoria para los niños –cuando no se ha comprobado ni su eficacia ni efectos ni secuelas en tan tierna edad del desarrollo, con daños para su salud, su educación, su alimentación– necesita silencio para pensar. Le dejo las palabras de D. José María Pemán, profeta del «secuestro» a la patria potestad para con los hijos:

“Un hijo es como una estrella

a lo lejos del camino:

una palabra muy breve

que tiene un eco infinito.

Un hijo es una pregunta

que le hacemos al destino.

Hijo mío, brote nuevo,

 en mi tronco florecido,

si no sé lo que será

de ti cuando me haya ido,

si no es mío tu mañana, ¿por qué te llamo hijo mío?”

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