Columna de La Reconquista | “Sí, Santa Navidad, pero… ¿feliz?”

“Y en la Tierra paz a los hombres de buena voluntad”. Son las palabras del cántico de los Ángeles en Belén, anunciando a los pastores el Nacimiento del Salvador, el Mesías, el Señor. Solo por ese Nacimiento (que recordamos con los hermosos belenes en multitud de hogares), la Navidad es “Santa”, porque Santo es el que ha nacido, Santa es la familia que lo recibe, Santos son quienes le adoran en humildad, bienaventurados son los que buscan la paz. Es la Santa Navidad, que de corazón, estimado lector, le deseo, junto a sus seres amados.

Ahora bien, ¿es “feliz” esta Navidad? No se trata de palabras, sentimientos o discursos, pues las primeras han de silenciarse ante la inefabilidad de lo divino, la Palabra hecha carne; los sentimientos se deben aquietar en la veneración de la humildad de quien, siendo Dios, toma nuestra carne moral para santificarla; los discursos –sean las papales homilías o los regios mensajes– son solo vacuos sonidos ante el cántico de los Ángeles. La paz que anuncian, y la que el mismo Señor Resucitado tantas veces deseará a sus discípulos, no es lo mismo que “felicidad”, puesto que ésta es una percepción –muchas veces ilusoria– de un deseo y unas circunstancias que pueden o no darse, pero que no quitan ni la sacralidad del Nacimiento (haya sido en la fecha que fuere, puesto que es un recuerdo el que hacemos) ni la realidad del mensaje: paz, salvación, fidelidad, amor.

Tampoco podría recordar el villancico de “Blanca Navidad”, puesto que estos últimos tiempos está siendo una “Roja Navidad”, tanto por la sangre de inocentes derramada –personas fallecidas por la enfermedad «de moda», niños abortados por madres sin escrúpulos, seres asesinados por sus creencias o pensamientos…– como por el implacable deseo de destruir la fe cristiana –así son los anhelos de los luciferinos hijos de la confusión babélica–. Y no, no me duelen prendas en aceptar las “fiestas decembrinas” en espíritu de respeto, puesto que en estas fechas no solo se celebra el segundo misterio más importante de la fe cristiana, sino que también, para personas de buena voluntad de otras confesiones religiosas, son fechas santas al recordar el Hanukkah judío –la victoria de los Macabeos contra los paganos de Antíoco IV–, el islámico Mawlid el-Nabi –el nacimiento de Mahoma– o el Diwali hindú –cinco días de celebración de la victoria del bien sobre el mal–. Pero cada quien en su cultura y tradición, en Occidente es la Santa Navidad, la Natividad de Jesucristo según la carne.

Mirando al mundo que nos rodea, encontramos poca felicidad y mucho miedoPoca felicidad y mucha imposiciónPoca felicidad y mucha necesidad… Así, el temor a la enfermedad y la muerte –que se traduce en buscar una falsa salud con promesas hasta de juventud eterna–, la imposición de medidas abusivas contra la libertad, la fe y los derechos –como la utilización del Ejército de forma inconstitucional, al no estar en estados de excepción, alarma o sitio, para “perseguir” a quienes no comparten actuaciones ideológicas–, la necesidad de todos de sentirnos protegidos, amados, cuidados… y no encontrar tal en la familia, la ciudad, la sociedad… Todo ello hace de nuevo preguntarse: ¿en verdad es “feliz” Navidad?

Mi propia vivencia de estas santas fechas –con perdón de usted, señor lector, al traer a colación estas míseras cuitas– es ambivalente, puesto que la felicidad del Nacimiento de Cristo es plena en mi corazón, pero veo que no lo ha sido así en mi familia. Muy ocupados por los regalos, la cena, los gastos y que todos estén con test y PCR, mis seres más queridos se han olvidado de poner siquiera un Belén en recuerdo de Aquel por quien se celebran estas fiestas, y también me han dejado aislado, por haber viajado en fechas recientes y convivir con personas de otras opiniones diversas… Bueno, no me quejaré mucho, porque me ha quedado más tiempo para arrullar al Niño Divino en mi regazo, para leer y meditar la Divina Palabra, para rezar en acción de gracias por el Don de su venida, aun cuando sí haya dolido en mi humano corazón el “rechazo” de mis seres amados, propiciado por el miedo a… ¿discutir, enfermar, morir? ¡Ay, pobres amados míos, que quieren tapar el sol con un dedo! ¡Cómo he suplicado esta Noche Santa al Salvador que encuentre la forma de entrar en sus corazones y vidas, en vez de en los calendarios y pagas! Les amo, y quizá hasta les comprendo… pero sin entenderles.

Una cosa es segura: la Santa Navidad nunca puede ser feliz si nos olvidamos de qué celebramos en el recuerdo actualizado, Cristo, Palabra eterna de Amor, perdón y paz. Lo demás… son estupideces. ¡Tantos “deseos” de felicidad –vacuos–, de amor –estériles–, de paz –sometida– o de mejoría –sin mover un dedo para mejorar desde el propio corazón e irradiar así al mundo– me han llevado a concluir que vivimos en burbujas de “tradiciones”, pero no de fe! ¡Tantos preparativos y regalos, para nada regalar en el corazón a Cristo nacido ni limpiar en el alma el pecado que a Él tanto duele y que quiere destruir por su nacimiento en cada uno de nosotros! Mucha luz en las calles, sí, pero mucha oscuridad en los pensamientos, intenciones, proyectos y corazones.

Durante 8 días más (la infraoctava) celebraremos la Pascua de Navidad, e incluso algunos hasta el día 6 de enero (la Epifanía, la manifestación de Cristo, su revelación ante los pueblos, representados por esos Magos de Oriente) –en otras latitudes, incluso hasta el 2 de febrero, la fiesta de Candelaria, de la luz, cuando Cristo es presentado en brazos de su Madre en el Templo–. Pero… yo solo puedo desearle a usted, dilecto lector, que viva una SANTA NAVIDAD, que Cristo Jesús nazca en usted, en los suyos, en su hogar, y que sea ejemplo –hasta donde pueden nuestras humanas fuerzas, socorridas por la gracia divina– del mensaje de este Niño a quien adoramos hoy, que no es otro que el Salvador a quien crucificaremos mañana, pero que con su muerte nos dará vida.

Y no olvide la oración en este día –y los subsiguientes, claro–. Por la paz, la Patria, las autoridades, los servidores públicos, el Ejército, los sanitarios… por cada hombre, mujer y niño que en este mundo necesita que Cristo nazca cada momento, cada día, en cada ser, para conocer paz, amor, respeto y quizá, quizá… felicidad.

¡Bendecida Navidad, con la Sagrada Familia, tenga usted!

@CondestableDe

@LaReconquistaD

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