Columna de La Reconquista | “Si estos callan, gritarán las piedras”

El Vaticano, por orden del Papa, obligará a todos los trabajadores y visitantes de la Ciudad del Vaticano o de los lugares de jurisdicción de la Santa Sede a presentar un certificado sanitario del COVID-19 desde el 1 de octubre. De esta manera, se posiciona claramente a favor de las vacunas, aunque esto ya era algo claro y notorio desde hace mucho tiempo. No cuestionamos su opinión en este asunto, lo cuestionable es que obliguen a estar vacunados cuando es algo inconstitucional en casi todas partes, y viola los tratados internacionales, aunque ya sabemos que el Papa tiene plenos poderes legislativo, ejecutivo y judicial como Soberano Pontífice. Pero esta actitud análoga a lo que podría ser o parecer «dictatorial», quisiera que se comparase con lo sucedido más de medio siglo antes, durante los códigos de Núremberg.

Los Juicios de Núremberg fueron un conjunto de procesos judiciales emprendidos por iniciativa de las naciones aliadas vencedoras al final de la Segunda Guerra Mundial. En ellos se determinaron y sancionaron las responsabilidades de dirigentes, funcionarios y colaboradores del régimen de Adolf Hitler en los diferentes crímenes y abusos contra la humanidad. En dichos códigos se recogen principios orientativos de la experimentación médica en seres humanos. Esto quedó resumido en diez puntos básicos, de los cuales transcribimos dos en este artículo:

  1. Es absolutamente esencial el consentimiento voluntario del sujeto humano. Esto significa que la persona implicada debe tener capacidad legal para dar consentimiento; su situación debe ser tal que pueda ser capaz de ejercer una elección libre, sin intervención de cualquier elemento de fuerza, fraude, engaño, coacción u otra forma de constreñimiento o coerción; debe tener suficiente conocimiento y comprensión de los elementos implicados que le capaciten para hacer una decisión razonable e ilustrada.
  • El experimento debe diseñarse y basarse en los resultados obtenidos mediante la experimentación previa con animales y el pleno conocimiento de la historia natural de la enfermedad o del problema en estudio, de modo que los resultados anticipados justifiquen la realización del experimento.

En relación con el primer punto, se dice que el consentimiento tiene que ser voluntario e informado. Me consta que esto no se está llevando a cabo, ya que la puesta de las vacunas no está prescrita por ningún médico. En la mayoría de las ocasiones la persona que llama (al menos en España) para dar cita, no tiene conocimientos médicos ni conocimientos de ningún tipo en relación con la vacuna o supuesta vacuna. En mi caso particular, cuando fui citado para “vacunarme” hice una multitud de preguntas y no supieron contestar a ninguna. Tampoco se puede aplicar con propiedad el término «vacunas», ya que no se inocula un virus atenuado, sino que están más cerca de ser Terapias Génicas (es una técnica experimental para tratar enfermedades mediante la alteración del material genético del paciente), que vacunas.

Pero no acaba aquí la cosa: comentaremos lo que dice el mismo PFIZER en un documento que presentó fechado el 20 de noviembre a la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos) para conseguir la autorización de uso de emergencia de sus vacunas. Es decir, que la vacuna no está aprobada, pues no han tenido tiempo para cumplir con los protocolos necesarios para dicha aprobación. El documento dice, entre otras cosas:

  1. La vacuna puede ser efectiva. Es decir, que no es seguro, pero probablemente sea efectiva, aunque no lo tienen claro.
  2. Es razonable creer que es eficaz. Piensan que es razonable, y lo piensan porque no se ha comprobado cómo se debe de hacer. Sin embargo, cuando en las televisiones se anuncia la vacunación se habla de estar inmunizados, cosa que ni el mismo laboratorio se atreve a asegurar.
  3. No es posible evaluar la duración de protección por más de dos meses.
  4. No es posible de evaluar su eficacia a largo plazo.
  5. La eficacia contra la mortalidad debe evaluarse tras la vacunación. Esta afirmación es tétrica, pues necesitan aplicarla y ver luego lo que pasa.
  6. Los riesgos conocidos graves en el grupo de personas menores de 55 años son de un 4,6% de mortalidad. Sin comentarios.
  7. No hay suficientes datos para evaluar los riesgos desconocidos, los sabremos cuando se autorice la vacuna. 

Véase vídeo

Es decir, que tiene que ser autorizada la vacunación y después se verán los daños, ya que se probarán directamente con las personas. Aquí se demuestra que los vacunados participan en un experimento.

Véase vídeo

No creemos que la inmensa mayoría de la gente conozca estas declaraciones del propio laboratorio sobre sus propias «vacunas». No nos cabe la menor duda de que no se está informando a la ciudadanía del verdadero riesgo, con lo cual no está siendo libre por no estar debidamente informada. Es más, lo que se ve claramente a diario es la coacción y la coerción a la que está siendo sometida la población por parte de medios de comunicación y estamentos oficiales. A estos hay que sumar ahora también la presión que ejerce el papado sobre los feligreses que quieran visitar el Vaticano. Como curiosidad añadida, se da la circunstancia de que el Papa Francisco se diplomó como técnico químico.

No se entiende cómo una enfermedad en la que el 98% de los afectados sobrevive sin problemas, y en la mayoría de los casos sin síntomas, ha creado un estado de alarma tan grande.

No se entiende cómo una «vacuna» (que no es «vacuna» porque no se trabaja con virus atenuados como tradicionalmente se venía haciendo; sino que es un concepto totalmente nuevo que está más cerca de ser una terapia génica, y que cada vez que se probó con animales murieron una gran cantidad de ellos) se está aplicando a la población sin estar aprobada, lo que es una prueba clara de que se está experimentando en la población.

No se entiende cómo, para comprar una simple caja de “Voltarén” se necesita receta porque puede tener contraindicaciones para ciertos pacientes, y se esté llamando por teléfono a la gente para inocularles la «vacuna», sin tener en cuenta las patologías previas que puedan tener y sin que antes lo haya aprobado ningún médico.

No se entiende cómo el Papa se pone del lado de los que infringen los códigos de Núremberg, imponiendo en el Vaticano el pasaporte Covid.

No se entiende cómo Francisco ignora los códigos de Núremberg, pero menos se entiende que ignore el Catecismo de la Iglesia Católica, frenando el intento de los obispos estadounidenses de excomulgar a Joe Biden por apoyar el aborto. El Catecismo dice en su numeral 2272:

“La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. «Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae» (CIC, can. 1398) es decir, «de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito» (CIC, can 1314), en las condiciones previstas por el Derecho (cf CIC, can. 1323–24). Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad”.

Y menos se entiende aún la respuesta que da la Santa Sede al episcopado de EEUU:

“Sería engañoso dar la impresión de que el aborto y la eutanasia constituyen por sí solos los únicos asuntos graves de la doctrina social católica que exigen el máximo nivel de responsabilidad por parte de los católicos”.

No cabe la menor duda, que Joe Biden procura el aborto de manera incuestionable. Como muestran estos titulares:

  1. El Gobierno de Biden aplicará una ley federal para proteger el aborto en Texas
  2. Biden acaba con el veto de Trump al aborto que afectó a miles de mujeres en países pobres
  3. Biden promete defender el derecho al aborto frente a restrictiva ley de Texas
  4. El aborto, la fosa que separa a Trump y Biden en la campaña electoral
  5. EEUU. Otro obispo ‘excomulga’ a Joe Biden por declararse católico y promocionar el aborto

En cuanto a la frase: “sería engañoso dar la impresión de que el aborto y la eutanasia constituyen por sí solos los únicos asuntos graves de la doctrina social católica”, no puede ser más escandalosa, teniendo en cuenta que en el mundo se producen 56 millones de abortos al año, y que esta cantidad tan solo multiplicada por 10 años son 560 millones de personas; decir que el aborto no es el único problema grave en el mundo es incalificable. El mayor genocidio de la historia de la humanidad no se merece esa interpretación.

Sigo teniendo fe en las palabras de Cristo:

“Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra Ella”.

Pero tengo serias dudas de quien es Pedro. La fe se prueba en los malos tiempos y como dijo Cristo: Os digo que si estos callan, gritarán las piedras”.Y las piedras están empezando a gritar.

Véase piedra

@LaReconquistaD

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